Con la inflación presionando los bolsillos y los salarios en una carrera constante contra el coste de vida, cada euro cuenta. Cuando un trabajador quiere ganar más dinero, la primera idea suele ser pedir una subida salarial. Hay una fórmula que permite aumentar el dinero disponible a final de mes sin que la empresa tenga que incrementar el sueldo bruto ni asumir un mayor coste laboral.Es la retribución flexible. Ninguna novedad, pero cada vez se extiende más. Permite destinar parte del salario a determinados productos y servicios con ventajas fiscales. El resultado puede ser significativo, y que dos empleados que parten del mismo sueldo bruto dispongan de cantidades muy diferentes.La clave está en cómo se pagan ciertos gastos cotidianos. Normalmente, desembolsos como la comida durante la jornada laboral, el transporte público, el seguro médico o la guardería se afrontan con dinero que ya ha pasado por Hacienda. Es decir, primero se pagan impuestos sobre el salario y después se utiliza el dinero restante para cubrir esos gastos. Con la retribución flexible ocurre lo contrario. Estos servicios se descuentan directamente del salario bruto antes de calcular el IRPF. Al reducirse la base sobre la cual se aplican los impuestos, también disminuye la cantidad que el trabajador paga a Hacienda.El ahorro crece cuanto mayor sea el tramo de IRPF y el gasto cotidiano que entre en el supuesto de la retribución flexible“La gran ventaja es que, una vez la empresa la ofrece, es una modalidad voluntaria y personalizable, de modo que empleados de perfiles muy distintos pueden beneficiarse según sus circunstancias”, sostiene Miriam Martín, portavoz de Pluxee España, que gestiona servicios de retribución flexible.“Por ejemplo, quien come fuera a diario o tiene desplazamientos largos en transporte público suele amortizar enseguida restaurante y transporte. Una familia con hijos pequeños suele encontrar mucho valor en el cheque guardería, que no tiene límite de importe y, en un caso de 500 euros al mes de escuela infantil, el ahorro puede superar los 1.500 euros anuales”, sigue.La diferencia puede parecer técnica, pero en la práctica se traduce en más dinero disponible. Si se toma el caso de un trabajador con un salario bruto anual de 30.000 euros, sin utilizar ningún sistema de retribución flexible, su base imponible se sitúa en torno a los 26.095 euros, calculan desde Pluxee. Sin embargo, si aprovecha al máximo los productos y servicios que pueden beneficiarse de este tratamiento fiscal, esa base imponible se reduce hasta aproximadamente 21.645 euros.En términos reales, ese empleado dejaría de pagar alrededor de 1.829 euros en IRPF a lo largo del año. Como consecuencia, su salario disponible pasaría de unos 16.705 euros anuales a 18.534 euros. Dicho de otra forma: seguiría cobrando exactamente los mismos 30.000 euros brutos, pero dispondría de casi 1.830 euros adicionales al año gracias al trato fiscal.En un salario bruto de 30.000 euros puede haber unos 1.800 euros disponibles de diferenciaLa normativa permite destinar hasta un 30% del salario bruto anual a los planes de retribución flexible. Entre los más habituales figuran los tickets restaurante, las tarjetas de transporte, los seguros de salud, la formación o los cheques guardería. En algunos casos, las ventajas son especialmente visibles. Los vales de comida permiten disfrutar hasta 11 euros diarios exentos de IRPF -cuantía que se pide elevar desde varios sectores con el incremento del coste de vida-, mientras que el transporte público permite exenciones de hasta 1.500 euros anuales. Más allá del ahorro fiscal, el auge de este sistema responde también al contexto económico que atraviesan muchas familias. Según un estudio elaborado por Pluxee, el 61% de los trabajadores se declara insatisfecho con su salario, el 88% reconoce haber tenido que recortar gastos durante el último año y un 39% afirma haber perdido poder adquisitivo en los tres últimos ejercicios.En este escenario, la retribución flexible se ha convertido en una herramienta cada vez más valorada por empresas y trabajadores. Para las compañías, supone una forma de mejorar la compensación, y por consecuencia la fidelización, sin incrementar significativamente los costes salariales. Para los empleados, optimiza ingresos en pleno avance inflacionario.Martín explica el impacto de esta modalidad en la retención de talento: “El 56% de los empleados aceptaría antes una oferta laboral con beneficios y retribución flexible que otra con un salario superior sin ellos, y entre la generación Z esa preferencia aumenta al 72%, según nuestros datos”.Frente a la cuestión de si la inclinación hacia esta tendencia podría suponer una menor subida salarial generalizada, Martín enfatiza lo siguiente: “El enfoque no debe ser “beneficios en lugar de subida”. En un contexto en el que muchas empresas no tienen margen para cubrir por completo el efecto de la inflación, esta herramienta mejora el bolsillo del empleado cuando una subida lineal no llega a equipararlo”. El beneficio más valorado por los empleados es el seguro de saludLos beneficios más apreciados son el seguro médico, elegido por el 53% de los trabajadores, seguido del ticket restaurante (42%), las aportaciones a planes de pensiones (38%), la formación (30%) y el transporte (25%). Pese a ello, el conocimiento sobre estas ventajas sigue siendo limitado. Más de la mitad de los trabajadores reconoce que desconoce el funcionamiento o los beneficios fiscales asociados a estos sistemas.Según Martín, “el 56% de los empleados admite no saber bien cómo funciona la retribución flexible y solo en torno al 8% dice conocerla a fondo”. Así, mientras se buscan fórmulas para mejorar el poder adquisitivo, muchos ignoran aún que parte de la solución puede estar ya en su trabajo.