La idea se conocía desde hacía años en los laboratorios de fisiología del ejercicio, pero ahora está en las redes sociales de los influencers de fitness. Se llama EPOC, del inglés “Excess Post-Exercise Oxygen Consumption” (consumo suplementario de oxígeno después del ejercicio). El término y las siglas no ayudan demasiado a comprenderlo, pero se trata de una forma de medir la energía que consumimos en las horas que siguen a hacer un ejercicio intenso, cuando nuestro organismo todavía está “acelerado” por el esfuerzo.
Lo primero que hay que aclarar es que esto ocurre cuando se hace ejercicio de alta intensidad, no después de un paseo. El organismo entra en lo que se denomina deuda de oxígeno: los músculos 'queman' el glucógeno (una cadena de glucosa, un azúcar) para producir energía, y esa reacción consume oxígeno. Pero si el esfuerzo es grande, el oxígeno que respiramos y llega a las células se queda corto.
Una vez que el ejercicio termina, el metabolismo no cae de golpe al nivel de reposo. Es necesario pagar la deuda de oxígeno, y pasa algún tiempo hasta que el cuerpo repone los depósitos de fosfocreatina muscular, elimina el lactato acumulado (el subproducto del metabolismo), reduce la temperatura corporal, que bajen los niveles de cortisol y adrenalina, y repara el daño muscular producido por el esfuerzo. Este proceso de enfriamiento también consume energía y oxígeno y, por tanto, calorías.










