Una semana después del anuncio de dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, el favorito para reemplazarlo en el Número 10 de Downing Street ha esbozado por primera vez este lunes las prioridades de su inminente mandato, basadas en una radical redistribución del poder en el Reino Unido, considerado uno de los países más centralizados de Europa. En un discurso en el Museo de Historia Popular de Mánchester, Andy Burnham ha prometido trasladar al ámbito nacional la fórmula de la ciudad de la que, hasta este mes, había sido alcalde durante nueve años, un concepto que ha denominado “manchesterismo” y que ha descrito como “una visión de buen crecimiento y rechazo al anticuado modelo del goteo”, que mantiene que si la riqueza de las clases más elevadas crece, los beneficios acaban repercutiendo en la sociedad en su conjunto. Sin corbata, ataviado con su sempiterna camiseta oscura y una americana gris marengo, Burnham ha demostrado haber tomado nota de las trampas que hicieron caer a Starmer tras menos de dos años en el cargo. Con una intencionada vocación de cercanía y naturalidad, el cambio comienza en el propio tono, marcadamente más optimista que el del primer ministro saliente, quien, poco después de asumir el poder, se dedicó a advertir a los británicos de que se avecinaban tiempos difíciles. “Imaginaos crecimiento del bueno en todos los códigos postales y esperanza en cada corazón. No lo imaginéis más, hagámoslo realidad”, ha declarado el desde hace una semana nuevo diputado en el Parlamento, tras arrasar en la elección parcial (by-election, en inglés) en la circunscripción de Makerfield, cerca de Mánchester, convocada precisamente para facilitarle el escaño necesario para poder aspirar al liderazgo laborista. Pese a la amenaza de Reform UK, la formación de los ultras de Nigel Farage que se ha convertido en la gran amenaza electoral del tradicional bipartidismo británico, Burnham sumó más votos que todos sus oponentes juntos. Ante la esperada coronación, que lo convertirá en tan solo tres semanas en el séptimo primer ministro británico en una década, sin candidaturas rivales, ni un proceso de debate interno, Burnham no ha intentado disimular que la intervención de este lunes era su particular promesa de investidura. Se ha mostrado severo con la clase dirigente británica en general --“esta generación de políticos, incluyéndome a mí, tiene que asumir la responsabilidad. No hemos sido lo suficientemente buenos”, ha condenado-- y con la efectividad del modelo institucional, al censurar que “Westminster no ha funcionado para la gente. El sistema está roto, el país no está donde debería estar”. Sin entrar en medidas concretas, Andy Burnham ha prometido “cambio radical” y “hacer las cosas de manera diferente”, para actuar como el “disyuntor que este país necesita”. Su prioridad fundamental pasa por romper la concentración de poder que, en su opinión, ha lastrado a Reino Unido, para lo que ha prometido promover en Mánchester un “Número 10 del norte”, es decir, una unidad administrativa vinculada directamente a la oficina del primer ministro para garantizar proximidad geográfica a todas las áreas del país y favorecer la explotación de su potencial. “El Número 10 del norte será el centro neurálgico de un Reino Unido renovado, el conducto a partir del que redistribuir el poder”, ha proclamado en su comparecencia en el Museo de Historia Popular de la ciudad.“Una misión de 10 años”Ante la vertiginosa fagocitación de inquilinos de la residencia oficial en la última década, Burnham ha apuntado que el desafío supone “una misión de diez años”, repartida por todas las latitudes británicas, con el propósito de nivelar el “desequilibrio entre el Gobierno nacional y el local”. El exalcalde de Mánchester no es el primero que admite públicamente que la maquinaria del Estado, conocida popularmente como Whitehall (en referencia a la céntrica avenida londinense que alberga gran parte de los ministerios), necesita renovar engranaje, pero frente a los infructuosos intentos de dirigentes anteriores, él promete “colaboración”. “Los días de Whitehall luchando contra el traspaso de poderes han llegado su fin”, ha avanzado, para anunciar “el mayor reequilibrio de poder que este país haya visto”. El argumento a favor de la descentralización y de “sacar el poder de Westminster” (el distrito londinense que concentra Parlamento y Gobierno británicos) tiene sentido. El Reino Unido está considerado como la potencia avanzada más centralizada, con solo un quinto del gasto público ejecutado por instituciones no estatales, frente al 51 por ciento en el caso de España, o el 40 por ciento en Alemania. Inglaterra, única de las cuatro naciones británicas que no tiene ejecutivo ni parlamento propios, es una de las regiones de la OCDE fiscalmente más centralizadas, y las autoridades locales apenas poseen responsabilidades tributarias. La gran incógnita en torno a Burnham es cómo prevé materializar el “cambio radical” prometido. Tras dos intentos truncados de hacerse con el liderazgo laborista (en 2010 y en 2015) y tras casi una década alejado de la política nacional, hasta hace una semana no era ni siquiera parlamentario, por lo que, más allá del tono positivo de sus intervenciones públicas y de sus muy activas redes sociales, Burnham evita concretar medidas. Este lunes, no ha aceptado preguntas de los medios de comunicación, a quienes ha apercibido por las febriles especulaciones sobre quién integrará su futuro Gobierno, especialmente la crucial cartera de Finanzas y Hacienda (Chancellor of the Exchequer, en inglés). En la lista de tareas esbozada hoy figuran cambios en la tasación para las empresas, nuevas infraestructuras de transporte, construcción de vivienda social o ayuda ante el coste de la vida, sostenidas por “finanzas públicas sólidas” y el armazón fiscal vigente, ya que, según ha avanzado, no se avecinan cambios significativos en materia de impuestos.Por ahora, Burnham está inmerso en una carrera contrarreloj para prepararse para el poder. Su preferencia era a principio de septiembre, coincidiendo con el reinicio del curso político, pero Starmer ha preferido agilizar el proceso, con un calendario amparado por la cúpula ejecutiva laborista. El plazo para la presentación de candidaturas cerrará el 16 de julio y, de no haber más que un nombre, Andy Burnham se convertirá en líder del partido en un congreso extraordinario al día siguiente. Su mudanza a Downing Street, mientras, tendrá lugar el lunes 20 de julio. A Burnham le quedan tres semanas para definir proyecto, consciente de que, además de por impopularidad, uno de los catalizadores que precipitaron la marcha de Starmer fue la percepción de un Ejecutivo errático, sin rumbo, ni plan para el país. Por ello, el único aspirante, de momento, al cetro laborista despliega un sentido de urgencia que contrasta con la indecisión del primer ministro saliente. “Necesitamos cambiar las políticas y necesitamos hacerlo ahora”, ha dicho Burnham, apuntalando un cambio retórico con el que pretende “crear un nuevo sentido de voluntad y de esperanza fluyendo por todo el país”.
El favorito a primer ministro británico, Andy Burnham, promete un “cambio radical” en el Reino Unido: “El sistema está roto”
El exalcalde de Mánchester sitúa como prioridad la descentralización, en su primer discurso tras la dimisión de Starmer













