Dentro de unas semanas, Reino Unido tendrá un nuevo primer ministro. Andy Burnham, que recientemente fue elegido diputado tras nueve años como alcalde del Gran Mánchester, parece encaminado a asumir el cargo sin oposición después de que Keir Starmer anunciara que dejará el puesto. Burnham cuenta con un amplio respaldo entre los diputados laboristas, que consideran que representa la mejor esperanza para recuperar la popularidad del partido y frenar al partido nacional-populista Reform UK en las próximas elecciones. Sin embargo, su reciente experiencia en la política regional y su rápido ascenso a primer ministro in pectore hacen que su enfoque sobre la política interior sea mucho más claro que su visión sobre política exterior. En el ámbito doméstico, es probable que, como primer ministro, se centre sobre todo en repartir el poder y las oportunidades entre las regiones y comunidades del país. No obstante, para lograr tanto su objetivo de una regeneración inclusiva como la protección de la seguridad nacional, Burnham tendrá que tomar decisiones fundamentales sobre el lugar que ocupa Reino Unido en el mundo. Ya es posible anticipar, al menos en parte, cuál será su enfoque del papel internacional del país. Aunque probablemente mantendrá la actual gestión de las crisis impulsada por Starmer, la presión de las tendencias globales y sus propios instintos políticos podrían llevarle a definir con mayor claridad el sistema de alianzas británico, poniendo un mayor énfasis en Europa y en las potencias medias. La visión de renovación de Burnham En el discurso programático que pronunció el lunes, Burnham presentó la visión que, según dijo, guiará su liderazgo. Considera que el objetivo definitorio de su mandato será restaurar la confianza de los británicos en el Gobierno, haciendo que funcione mejor para todas las partes del país. Algunas de sus prioridades continúan la línea general seguida por Starmer y por la ministra de Economía, Rachel Reeves: una apuesta por la estrategia industrial, una mayor autosuficiencia en sectores clave para la seguridad nacional, el impulso a la innovación, orientar la contratación pública hacia la producción nacional, atraer inversión a Reino Unido y afrontar la escasez de vivienda asequible. TE PUEDE INTERESAR Burnham ha hablado mucho menos de los asuntos de política exterior que han ocupado buena parte del mandato de Starmer, entre ellos Ucrania, Oriente Próximo, las relaciones con la América de Donald Trump o China. Es probable que insista en que su prioridad son los asuntos internos, en contraste con Starmer, que en ocasiones parecía sentirse más cómodo gestionando cuestiones internacionales que tomando decisiones difíciles en política doméstica —algo por lo que sus críticos llegaron a apodarlo Never Here Keir ("Keir nunca está aquí")—. Esto podría llevarle a nombrar como ministro de Exteriores a un político de peso que asumiera parte de los compromisos diplomáticos de alto nivel. Continuidad en política exterior En cualquier caso, la política británica respecto a Ucrania y Oriente Medio probablemente cambiará poco, ya que las posiciones de Starmer representan la corriente mayoritaria dentro del Partido Laborista. Según la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, Andy Burnham respalda "al cien por cien" el apoyo inquebrantable de Reino Unido a Ucrania y cree firmemente en la OTAN y en las alianzas multilaterales británicas. TE PUEDE INTERESAR Jonathan Powell, el influyente asesor de Seguridad Nacional de Starmer, que ha desempeñado un papel clave en estos asuntos, probablemente seguirá en el cargo al menos hasta finales de año. Aunque Burnham se ha mostrado ocasionalmente más crítico con la guerra de Israel en Gaza —pidió un alto el fuego en octubre de 2023, dos meses antes que Starmer—, no hay motivos para esperar cambios significativos en la política británica. Burnham es proeuropeo (su esposa es neerlandesa) y afirmó en 2025 que esperaba que Reino Unido volviera a ingresar en la Unión Europea durante su vida. Sin embargo, durante la reciente elección parcial que le devolvió al Parlamento, celebrada en una circunscripción que votó claramente a favor del Brexit en 2016, subrayó que no defendía un regreso inmediato a la UE. A corto plazo, la prioridad de su Gobierno será culminar los acuerdos entre la UE y Reino Unido cuya firma estaba prevista en la cumbre del 22 de julio. Esa reunión también debe marcar la dirección de la siguiente fase del llamado reset de las relaciones bilaterales, y parece poco probable que Burnham llegue al poder con posiciones que alteren sustancialmente el enfoque británico en las negociaciones. TE PUEDE INTERESAR Para una economía abierta y de tamaño medio como la británica, la prosperidad, la reindustrialización y el tipo de seguridad económica que Burnham quiere impulsar no pueden alcanzarse sin prestar atención a las alianzas internacionales en ámbitos como el comercio, las cadenas de suministro, la inversión, la energía o la tecnología. Reino Unido necesita desde hace tiempo una estrategia nacional más definida para estos sectores, adaptada a una época en la que el orden internacional basado en reglas —del que tradicionalmente se consideraba uno de sus guardianes— ha dado paso a un escenario mucho más incierto y desordenado. Encontrar el lugar de Reino Unido en el mundo Aunque Starmer desempeñó un papel destacado en el apoyo a Ucrania y en la construcción de coaliciones de seguridad con otros países europeos, nunca articuló una visión convincente sobre cómo debería posicionarse Reino Unido en el nuevo contexto internacional. Burnham, en cambio, está bien situado para hacerlo. Su compromiso con un crecimiento económico más inclusivo dentro del país encaja con una nueva concepción del papel internacional británico: podría presentar una visión del internacionalismo basada en las necesidades y aspiraciones de las comunidades de todo el país, coherente con su objetivo de regeneración regional. Para ello, sin embargo, tendrá que tomar decisiones sobre las alianzas internacionales de Reino Unido y sobre la relación entre ellas. TE PUEDE INTERESAR Dada la coincidencia de intereses británicos con Europa y la intensidad de sus vínculos, la relación con la Unión Europea debería situarse en el centro de la política exterior. La idea de estrechar esa relación es cada vez más popular y, en un momento en que Estados Unidos se ha convertido en un socio menos fiable, ofrece la mejor base para reforzar tanto la seguridad como la prosperidad británicas. Sea cual sea la forma institucional que adopte finalmente esa relación, Burnham podría formular una visión más claramente política del papel del Reino Unido en Europa como elemento central para afrontar un mundo complejo e incierto. Al mismo tiempo, tendrá que encontrar un equilibrio en la relación con Estados Unidos que preserve los beneficios de la cooperación, pero otorgue a Reino Unido una mayor capacidad para resistir presiones externas. La tecnología, y especialmente la inteligencia artificial —un asunto sorprendentemente ausente del discurso de Burnham, aunque sí presente en las reflexiones de varios ministros del Gobierno de Starmer—, será un elemento central. Algunos círculos laboristas creen que Burnham adoptará una actitud menos deferente hacia Trump que la mostrada por Starmer, al menos hasta el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán este año. Más allá de la tradicional relación transatlántica, Burnham tendrá que definir cómo actuar frente a las potencias emergentes y las potencias medias, cada vez más influyentes. En este sentido, resulta significativo que Lord Jim O'Neill, ex alto cargo del Tesoro británico y economista de Goldman Sachs, se haya convertido en uno de sus principales asesores económicos. TE PUEDE INTERESAR O'Neill fue quien acuñó el acrónimo "BRICS" y defiende firmemente la inclusión de las potencias no occidentales en la gobernanza económica mundial. Más concretamente, sostiene que replantear los modelos económicos occidentales tradicionales debe ir acompañado de un mayor compromiso con países no occidentales que siguen modelos político-económicos distintos. La presidencia británica del G20 en 2027 podría ofrecer a Burnham la oportunidad ideal para presentar una visión ambiciosa sobre cómo la cooperación económica internacional puede beneficiar a la población de todos los países. Al mismo tiempo, deberá afrontar el difícil equilibrio entre la cooperación global y la sostenibilidad, así como los riesgos derivados de la dependencia económica, la desindustrialización y la vulnerabilidad frente a la coerción. China pondrá de manifiesto esas tensiones con especial claridad, convirtiéndose probablemente en una de las cuestiones estratégicas que definirán el mandato de Burnham. * Este análisis fue publicado originalmente en inglés en The European Council Foreign Affairs por Anthony Dworkin con el título "Regional Roots, Global Decisions: Andy Burnham's foreign policy challenge"
Un alcalde obligado a gestionar una potencia: el desafío exterior del próximo 'premier' de UK
Andy Burnham, el probable próximo primer ministro británico, tiene muy claras sus prioridades políticas internas. Pero, con el orden mundial en constante cambio, todas las miradas están puestas en su enfoque de política exterior












