En el amplísimo historial de renuncias políticas ante la inminente llegada al poder, el británico Andy Burnham puede acabar llevándose la palma cuando ni siquiera se ha cerrado el proceso interno de su partido para auparle como nuevo primer ministro. A falta de casi dos semanas para que los laboristas lo 'coronen' como sucesor de Keir Starmer y pueda mudarse al número 10 de Downing Street, Burnham se sigue dejando por el camino promesas, intenciones y recomendaciones de sus cada vez más divididos áulicos a medida que el 'cetro' del poder se acerca a las manos del 'Rey del Norte', como se le conoce por sus casi diez años como alcalde del Gran Mánchester.El gran envainamiento en el relato llegó cuando un Burnham teóricamente más escorado a la izquierda que Starmer prometió acatar las reglas fiscales después de que unas declaraciones suyas el año pasado contra los mercados financieros le situaran en el ojo del huracán. Sin embargo, esta semana ha llegado la primera gran renuncia 'material', por así decirlo. El Financial Times informa este martes de que Burnham ha desechado lapropuesta de dividir el Tesoro (el equivalente de Hacienda) y escindir de él un ministerio dedicado solo al crecimiento económico a radicar fuera de Londres.