Crónica de una muerte (política) anunciada. El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, ha anunciado este lunes su dimisión después de que su rival dentro del Partido Laborista, Andy Burnham, consiguiera el pasado viernes un escaño de diputado en el Parlamento nacional y se postulara para disputarle el cargo. Este relevo ha sido fuente de preocupación en los mercados por la agenda en teoría más izquierdista del hasta ahora alcalde de Mánchester en una situación ya especialmente tensa para las finanzas británicas.Cuando Burnham venció el viernes en las elecciones parciales de su circunscripción de Makerfield, el camino parecía claro. El mayor rival interno de Starmer en las filas laboristas y el favorito en la terna de aspirantes para arrebatarle el cargo salvaba el único gran escollo que le quedaba para ponerse en cabeza en la carrera por ocupar el número 10 de Downing Street. En un primer momento, se informó de que Starmer pensaba plantar cara en el proceso interno. Sin embargo, a lo largo del fin de semana trascendieron informaciones de que las insostenibles presiones dentro del gabinete llevaría a Starmer a una abrupta marcha, como finalmente ha sucedido.
El dramático derrocamiento de Starmer es una prueba más de que la volatilidad política está alcanzando cotas inusitadas en Reino Unido, especialmente después del Brexit. La derrota interna del primer ministro sucede a una vertiginosa caída en picado de su popularidad en apenas dos años después de haber llevado al Partido Laborista de nuevo al poder con una aplastante mayoría tras 14 años en la oposición. La salida de Starmer abre la puerta al quinto primer ministro británico desde 2022: un hito impactante para un sistema político que en su día se enorgullecía de su estabilidad.










