En el oficialismo y en el empresariado hay quienes consideran que la gota que derramó el vaso del escándalo de Manuel Adorni fue que la discusión sobre su eventual moción de censura en el Senado suspendiera el debate de leyes clave para ciertos sectores y empresas tecnológicas, como Palantir, del norteamericano residente en Buenos Aires Peter Thiel. El combo de proyectos de leyes que crean las empresas sin humanos, que elimina límites a la extranjerización de tierras y que otorga rebajas extraordinarias de impuestos y aranceles a la importación con el Súper Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (Súper RIGI), pensadas a la medida de Thiel y otros tecnomagnates, enfrentaba frenos con Adorni en el medio. Ya no.

Pero no sólo apoyan los empresarios tecnológicos y extranjeros que se beneficiarán con esas normas. Otros proyectos como el de la eliminación de los octógonos negros que advierten sobre la insalubridad de los alimentos también es un deseo del establishment. Se suman quienes veían que el caso del ahora exjefe de Gabinete estaba esmerilando la popularidad del presidente Javier Milei y sus expectativas de reelección en 2027, al combinarse con un consumo que sigue barranca abajo.