ConcienciaLa protesta fortalece la democracia, mientras que los bloqueos restringen derechos de quienes no participan.

Cada vez que ocurre un bloqueo vuelve el mismo debate. Unos defienden el derecho de manifestación; otros reclaman su derecho a circular libremente. En realidad, el dilema está mal planteado. No se trata de escoger entre un derecho y otro. Ambos deben protegerse.

Manifestar y bloquear no son sinónimos. Una manifestación permite expresar inconformidades, hacer visibles demandas o exigir cambios. Un bloqueo va más allá: impide que otras personas lleguen a su trabajo, asistan a clases, reciban atención médica, transporten mercancías o simplemente se desplacen por el país.

La diferencia parece evidente, pero en Guatemala con frecuencia ambos conceptos se mezclan. Eso termina generando la idea de que cualquier acción realizada durante una protesta queda automáticamente protegida por el derecho de manifestación. No es así.

Un estudio reciente del Cien ayuda a entender mejor el fenómeno. Entre 2016 y 2025 la Policía Nacional Civil registró nueve mil 758 manifestaciones y cuatro mil 450 bloqueos. El dato muestra que la mayoría de las protestas se desarrolló sin cerrar carreteras ni impedir el paso de terceros. Es decir, fue posible manifestar sin restringir los derechos de los demás.