Manuel Adorni dejó de ser jefe de Gabinete de Javier Milei. El hombre al que el oficialismo libertario llamaba "ministro coordinador" y al que el presidente había convertido en su alfil político renunció el sábado 27 de junio, después de casi cuatro meses de enroque, sitiado por una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito. Su salida, comunicada con una extensa carta en la red social X, precipita la mayor crisis de la Administración desde que el ultraliberal asumió la Casa Rosada en diciembre de 2023.PublicidadAdorni no era un ministro más, en ningún sentido. La jefatura de Gabinete coordina al resto del Ejecutivo y oficia de bisagra con el Congreso; es, además, el único cargo del Gobierno que las cámaras pueden remover por sí solas, sin tener que pasar por el presidente, a través de una moción de censura que con el paso de las semanas cada vez parecía más factible.Pero su verdadera fortaleza no era institucional, sino personal. Adorni era la figura de máxima confianza de Javier Milei y de su hermana Karina, la todopoderosa secretaria general de la Presidencia que maneja con habilidad el aparato libertario. Ambos lo sostuvieron contra viento y marea hasta que ya no pudieron más.De la foto en Queens a la declaración juradaLa crisis arrancó el 8 de marzo. Trascendió entonces que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, había viajado en la comitiva oficial que llevó a Milei a Nueva York para promocionar el país ante inversores. El detonante fue una foto del matrimonio en un cementerio de Queens, durante uno de los homenajes que el presidente rinde en sus viajes ante la tumba del rabino de Lubavitch —Milei profesa una conocida devoción por el judaísmo y suele peregrinar a esa sepultura—.Aquella imagen fue la punta del iceberg. La prensa argentina se preguntó por qué la esposa de Adorni, sin cargo alguno en el Ejecutivo, viajaba con todos los gastos pagados en una comitiva oficial. En las semanas siguientes se sucedieron las revelaciones sobre vuelos privados a Punta del Este, reformas e inmuebles sin declarar, entre ellos una vivienda en un country bonaerense, una urbanización privada de lujo del estilo de las que en España asociaríamos a zonas cerradas con vigilancia y campo de golf.PublicidadEl fiscal Gerardo Pollicita abrió una causa por presunto enriquecimiento ilícito y puso el foco sobre la evolución patrimonial del alto funcionario y de su entorno; su hermano Francisco Adorni también quedó señalado.Las cifras corroboraban las tesis de la Fiscalía. Entre su declaración patrimonial de 2024 y la de 2025, el jefe de Gabinete pasó de declarar 107 millones de pesos a 944 millones, casi nueve veces más; un salto que, descontada la inflación, supera el 400% real desde que asumió. Sus tenencias en dólares treparon de 22.500 a cerca de 389.000. Solo la reforma de su lujosa casa le costó 245.000 dólares, abonados en efectivo y sin facturas, según declaró ante la Justicia el propio contratista.El golpe definitivo llegó el 10 de junio, cuando Adorni admitió haber omitido cerca de medio millón de dólares en sus declaraciones juradas. Atribuyó ese dinero a ahorros e inversiones en criptomonedas previas a su llegada al Gobierno —200.000 dólares colocados en bitcoin que, dijo, le dejaron otros 300.000 de ganancia—, reconoció no haber tributado por ellos y pidió acogerse a la amnistía fiscal que impulsaba el propio Ejecutivo. Las explicaciones chocaron con lo que había sostenido antes ante el Congreso, donde aseguró que tenía declarado todo lo que debía estar declarado. El viernes previo a su renuncia se sumó un episodio menor pero simbólico: la sospecha de compras de equipamiento para videojuegos cargadas a las tarjetas de dos funcionarios de su órbita.PublicidadEl amago que no bastóMilei resistió durante meses la presión de la oposición, de la Justicia e incluso de sus propios aliados de la derecha. A mediados de junio intentó una salida intermedia que no satisfizo a nadie: relevó a Adorni de la siempre influyente portavocía presidencial y colocó en su lugar al diputado y economista Adrián Ravier, pero lo mantuvo como jefe de Gabinete.La maniobra buscaba separar la comunicación diaria del foco de la crisis sin asumir el coste de desprenderse de su hombre de confianza. No funcionó: el desgaste se trasladó del plano comunicacional al de la gobernabilidad, con un hombre fuerte ya tocado con el que ningún aliado quería aparecer en la foto. El resultado fue palpable: negociaciones trabadas con los gobernadores y una agenda legislativa paralizada.Una censura que naufragó por falta de quórumEl Congreso se convirtió en el termómetro de esa parálisis. La oposición intentó interpelar a Adorni y avanzar hacia una moción de censura, pero las sesiones convocadas para ello fracasaron por falta de quórum. El 23 de junio, en la Cámara de Diputados, solo se sentaron 117 legisladores, doce menos de los 129 necesarios: el PRO, la UCR y los bloques provinciales que suelen acompañar al oficialismo prefirieron no bajar al recinto tras pactar con Martín Menem —presidente de la Cámara baja, sobrino del expresidente Carlos Menem y pieza clave del armado parlamentario libertario— trasladar el debate a comisión. Días después, en el Senado, los legisladores de La Libertad Avanza abandonaron directamente sus bancas para impedir la votación. Adorni sobrevivió en el cargo, pero la presión sobre su figura crecía, incluso, entre los aliados del presidente.El alfil del triángulo de hierroAdorni no era un funcionario cualquiera. Llegó al Gobierno en diciembre de 2023 como portavoz y, desde el atril de las conferencias diarias, se convirtió en una de las caras más reconocibles del oficialismo, con un estilo combativo que nunca rehuyó el choque con la prensa. Pero su verdadero capital político era la cercanía con el núcleo duro del mileísmo: el triángulo que forman Javier Milei, su hermana Karina —secretaria general de la Presidencia y verdadera arquitecta del aparato libertario— y un puñado de asesores. Fue Karina, de hecho, quien lo impulsó tras su buen desempeño en las elecciones de 2025 —ganó la legislativa porteña al frente de la lista libertaria, aunque no llegó a asumir su escaño— y quien coordinó la transición de su salida mientras el presidente regresaba de un viaje a España, donde había inaugurado los cursos de verano de una universidad privada y se había reunido con su aliado Santiago Abascal, líder de Vox.La despedida pública confirmó esas jerarquías, pero por omisión. Milei, de vuelta en la quinta de Olivos, no publicó ni una foto ni un mensaje de agradecimiento: se limitó a repostear los textos de su hermana y de la ministra Patricia Bullrich. La única que le dedicó palabras propias fue Karina, que agradeció su "incansable trabajo" y lo definió como una persona íntegra. En su carta, el jefe de Gabinete saliente no hizo autocrítica: negó todos los hechos, cargó contra el hostigamiento mediático sobre su familia y agradeció a los Milei calificando al presidente como la esperanza del país. "Me retiro tranquilo y sereno, pero por sobre todo, con la consciencia tranquila", escribió.Un alivio incómodo para la oposiciónLa oposición celebró la caída, pero con matices reveladores. El peronista José Mayans reclamó que Adorni no debería seguir ni un minuto más y anticipó que buscarán seguir desgastando al Gobierno impulsando su interpelación en el Congreso.Otros sectores, en privado, confesaban un cálculo más cínico: mientras Adorni siguiera en el cargo, la corrupción seguía teniendo cara y nombre, un recordatorio diario que erosionaba a Milei sin que ellos movieran un dedo. Su renuncia les arrebata ese blanco. Porque el efecto Adorni ya había hecho daño: la corrupción trepó a los primeros puestos entre las preocupaciones de los argentinos —un golpe directo para un Gobierno que hizo de la guerra contra la "casta" su bandera—, la imagen negativa del propio Adorni rozó el 72% y la desaprobación de Milei se instaló por encima del 60% en casi todas las encuestadoras, muy lejos del 45% que había tocado tras las legislativas de noviembre.Publicidad¿Y ahora qué?Quedan dos incógnitas. La primera, el sucesor: todo apunta al ministro del Interior, Diego Santilli, un dirigente de perfil más dialoguista cuya llegada coordinó personalmente Karina Milei. La segunda, de fondo: si el recambio alterará el rumbo. No lo parece. La salida de Adorni es una voladura controlada, no un giro de programa. El plan económico de ajuste seguirá en manos del ministro Luis Caputo y la retórica anticasta permanecerá intacta, aunque ahora con una credibilidad menor. Milei se desprende de su alfil para proteger al rey; el tablero, sin embargo, sigue siendo el mismo.
Milei pierde a su alfil: la dimisión de Adorni abre la peor crisis del Gobierno argentino
El jefe de Gabinete de Milei renuncia tras cuatro meses cercado por una causa de enriquecimiento ilícito y deja al presidente ultra con una popularidad menguante....
Adorni, jefe de Gabinete de Milei, renunció por enriquecimiento ilícito: patrimonio saltó de 107M a 944M pesos; confesó 500k USD en bitcoin omitidos. Su salida abre la mayor crisis del Ejecutivo desde 2023 e impide la agenda legislativa, elevando incertidumbre regulatoria.











