Llegan los últimos coletazos de la primera ola de calor de la temporada verano 2026, con temperaturas que han batido los récords históricos de los registros meteorológicos en buena parte de Europa y consolidando una tendencia climática que altera profundamente los ecosistemas locales. Este incremento térmico repercute en el confort diario de los ciudadanos, pero también actúa como un catalizador biológico directo para la proliferación y la actividad ininterrumpida de diversos ectoparásitos. Entre ellos, las garrapatas se han posicionado como una gran preocupación para la sanidad ambiental y la medicina veterinaria, experimentando un crecimiento demográfico sin precedentes que desafía por completo los mapas de distribución tradicionales.Históricamente asociados a los entornos rurales, los pastizales y las zonas de pastoreo, estos arácnidos hematófagos, es decir, que se alimentan exclusivamente de sangre, han roto sus barreras geográficas debido a las modificaciones ambientales causadas por la crisis climática. En la actualidad, se observa con profunda preocupación un fenómeno de colonización urbana, donde las poblaciones de garrapatas han saltado con éxito desde el campo abierto hacia los espacios verdes de las grandes ciudades, tales como parques públicos, jardines comunitarios y las populares áreas caninas o ‘pipicanes’. Este desplazamiento hacia los núcleos urbanos densamente poblados multiplica las oportunidades de contacto diario con los animales de compañía, elevando de forma exponencial la probabilidad de transmisión de patógenos complejos en entornos donde antes el riesgo se consideraba mínimo.La magnitud de este problema es de tal calibre que los expertos advierten que el cambio climático ha multiplicado la amenaza global de estos parásitos, estimándose que en la actualidad afecta de forma directa a más del 75% de la población canina. Ante estos datos, la comunidad veterinaria subraya que el riesgo ya no puede abordarse de manera meramente estacional o reactiva, limitando los cuidados a los meses tradicionales de primavera y verano. La convivencia con un animal de familia exige hoy en día un conocimiento profundo sobre cómo se distribuyen estos vectores y cuáles son las medidas de protección continua indispensables para evitar el desarrollo de crisis sanitarias graves dentro del entorno del hogar.El informe del IPCC y la tropicalización del clima europeoLa explicación científica detrás de esta explosión parasitaria se encuentra perfectamente documentada en los informes de los principales organismos internacionales dedicados al estudio del clima. El último informe de evaluación sobre el cambio climático, publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aporta datos incontestables sobre la evolución del entorno europeo. Los análisis de este documento demuestran de forma rigurosa que las olas de calor en el continente europeo serán cada vez más frecuentes, intensas y duraderas, modificando los inviernos tradicionales y transformándolos en estaciones considerablemente más templadas.Este calentamiento global sostenido genera un fenómeno conocido como la tropicalización del clima en regiones templadas, caracterizado por la combinación de temperaturas medias más altas y alteraciones en los patrones de humedad. Para las garrapatas, que dependen de la temperatura exterior para regular su ciclo vital y su actividad metabólica, estas condiciones representan el escenario ideal para su desarrollo. En lugar de entrar en un estado de letargo o morir durante los meses invernales, los parásitos permanecen activos y con capacidad de reproducirse durante prácticamente los doce meses del año.Asimismo, el informe del IPCC constata una expansión geográfica innegable de enfermedades infecciosas sensibles al clima. Al desaparecer las barreras térmicas que antes limitaban la supervivencia de ciertos organismos, tanto los parásitos como las bacterias y virus que estos transportan en su interior conquistan nuevos territorios hacia el norte geográfico y hacia zonas urbanas. Esta expansión no solo pone en riesgo la salud de los animales no humanos, sino que introduce en la sociedad civil la proliferación de patologías de origen tropical que antes se consideraban exclusivas de latitudes ecuatoriales, afectando de manera directa e indistinta tanto a los seres humanos como a los animales con los que conviven.De los pastos a los parques urbanosLa evolución de la presencia de estos parásitos en la geografía española es el resultado de un proceso de adaptación que se lleva monitorizando de forma exhaustiva. Los análisis que recopilan más de cuarenta años de estudios sobre la distribución de las garrapatas en España reflejan con absoluta nitidez cómo los cambios en las tendencias climáticas han redibujado el mapa de riesgo. Las especies de garrapatas que antes se concentraban exclusivamente en el arco mediterráneo o en zonas muy concretas del sur peninsular han ascendido hacia el norte y hacia regiones del interior, adaptándose a ecosistemas urbanos donde han encontrado refugio y alimento constante.La elaboración del mayor mapa sobre la distribución de estos parásitos y su riesgo zoonótico (término empleado para definir aquellas enfermedades que pueden transmitirse de forma natural entre los animales y los seres humanos) confirma que las ciudades se han convertido en un hábitat de alta presencia parasitaria. Un ejemplo clarificador de esta tendencia a nivel europeo lo ofrece una reciente investigación llevada a cabo por el grupo de investigación HUN-REN de la Universidad de Medicina Veterinaria de Budapest, Hungría. Los científicos de esta institución han analizado de forma minuciosa qué se esconde en el interior de las garrapatas que habitan en los parques urbanos, descubriendo una alarmante variedad de patógenos peligrosos para la salud humana y animal alojados en parásitos recolectados en zonas verdes plenamente integradas en la ciudad.Esta colonización de los entornos urbanos se ve favorecida por la presencia de fauna silvestre o asilvestrada en las periferias de las ciudades, como jabalíes, zorros, roedores y aves, que actúan como vehículos de transporte perfectos para introducir los parásitos en los parques urbanos. Cuando un perro pasea por un jardín público o un gato accede al exterior, se expone a un mapa de riesgo que ya no distingue entre el campo abierto y el asfalto, transformando los espacios de ocio diario en zonas de potencial contagio biológico.Patologías de climas cálidosLa expansión de las garrapatas hacia las zonas urbanas y templadas trae consigo la importación de patologías graves que históricamente se consideraban endémicas de regiones con climas marcadamente tropicales y húmedos. Al consolidarse el calor extremo y la humedad en la península, enfermedades que antes eran excepcionales en las consultas veterinarias locales pueden empezar a diagnosticarse con una frecuencia preocupante. Estas afecciones no están causadas por la picadura en sí, sino por la inoculación de microorganismos que el parásito inyecta en el torrente sanguíneo del animal mientras se alimenta.La más extendida y peligrosa de estas afecciones es la erliquiosis canina, provocada por la bacteria Ehrlichia canis. Esta patología ataca de forma directa a las células sanguíneas del animal y cursa en varias fases. En su etapa aguda, el perro sufre fiebre alta, letargo, pérdida de peso y un decaimiento severo; si la enfermedad avanza hacia una fase crónica sin diagnóstico, puede provocar fallos graves en el sistema inmunitario, sangrados nasales y hematomas espontáneos, y daños orgánicos generalizados que ponen en riesgo inminente la vida del animal.Otra amenaza de corte tropical en expansión es la babesiosis, provocada por protozoos del género Babesia. Este organismo parasita directamente los glóbulos rojos del animal, multiplicándose en su interior hasta destruirlos. Clínicamente, este proceso desencadena una anemia hemolítica aguda, lo que significa que el cuerpo se queda sin suficientes células para transportar el oxígeno. Los síntomas perceptibles por los cuidadores incluyen una debilidad extrema, mucosas completamente pálidas o amarillentas debido a la ictericia, y una coloración muy oscura en la orina provocada por la expulsión de los restos de la sangre destruida. En los gatos, aunque son más resistentes a estas variantes, se observa con atención el aumento de la micoplasmosis o la aparición de casos de citauxzoonosis en regiones cálidas, afecciones que inducen estados de anemia severa, fiebre persistente y colapsos vasculares.Rompiendo el mito de la estacionalidadAnte un panorama donde el clima ya no ofrece treguas invernales, la estrategia de protección de los animales de familia exige un cambio radical de mentalidad por parte de los cuidadores. El Consejo de Parásitos de Animales de Compañía (CAPC) advierte de forma tajante que el riesgo creciente y continuado de parásitos obliga a establecer protocolos de prevención durante todo el año de manera ininterrumpida. La vieja costumbre de aplicar collares o pipetas únicamente durante los meses de primavera y verano deja al animal completamente desprotegido frente a las garrapatas urbanas que permanecen activas en otoños e inviernos atípicos debido a la falta de heladas.Los profesionales de la veterinaria en España insisten en que esta protección anual no debe realizarse de manera ciega o mediante la compra impulsiva de productos comerciales sin asesoramiento, sino a través de una prevención mucho más informada y responsable. Cada animal presenta unas necesidades específicas en función de su especie, su peso, su estilo de vida, la zona geográfica donde reside y si frecuenta o no espacios de vegetación densa. Por ello, se ha promovido la publicación de nuevas fichas informativas estandarizadas destinadas a educar a los titulares y convivientes sobre los riesgos reales de cada parásito y la forma correcta de combinar las diferentes antiparasitarios disponibles en el mercado.Frenar en seco a las garrapatas antes de que inicien su alimentación en el cuerpo del animal requiere combinar métodos de uso externo con fármacos sistémicos de prescripción veterinaria que eliminen al parásito de forma rápida en caso de picadura, minimizando así el tiempo de contacto necesario para que se transmita cualquier enfermedad. La revisión minuciosa del pelaje tras cada paseo por zonas verdes, el mantenimiento higiénico de las áreas de descanso del hogar y la consulta regular con el veterinario para diseñar un calendario antiparasitario a medida son las únicas garantías eficaces para proteger la salud de los animales de familia en este nuevo escenario de veranos permanentes.