En medio de las situaciones más conflictivas, ya sea en la crispación política o en los partidos de fútbol que se salen de tono y se llenan de patadas, conviene mantener una poética de la paz, respetar las espinillas del contrario, los derechos humanos y la justicia internacional de unas reglas de juego. Me atrevo a contarlo aquí: en el extranjero, una y otra vez, elogian a la selección española. Como delantero centro del Instituto Cervantes, o como defensa, no lo sé bien, acabo de estar en Macedonia del Norte para proponer que el español sea lengua de estudio en los colegios y los institutos. Gracias a las gestiones del embajador Rafael Soriano, en día y medio, o en 90 minutos, pude hablar con la ministra de Medio Ambiente, que estudió en España; con el ministro de Deportes, que fue portero del equipo de balonmano del Barcelona; con el ministro de Cultura, y con Gordana Siljanovska-Davkova, presidenta de la República, una catedrática de Derecho Constitucional que representa a una coalición conservadora.Después da conversar sobre el español y su futuro, doña Gordana tuvo la gentileza de recordar una afirmación del poeta Jean-Pierre Siméon: sólo los poetas pueden salvar el mundo. Yo le di las gracias, pero me atreví a hacerle una corrección: los poetas no; salvarán el mundo los buenos políticos que guarden la poesía en su corazón, es decir, los valores democráticos, la paz y los derechos humanos. Entonces, la presidenta de Macedonia del Norte me respondió: así es, como el presidente de Gobierno de su país. Yo le sonreí agradecido y volví a hablar de la importancia de la lengua española, mientras pensaba que esta escena iba a contarla en España, orgulloso de defender la camiseta de la selección en medio de las crispaciones internas y los insultos de las aficiones enemigas. Me gusta centrar el balón en nombre de una poética de la paz. Gracias, señora Gordana Siljanosvka-Davkova.
Poética de la paz
Ya sea en la crispación política o en los partidos que se llenan de patadas, conviene respetar las espinillas del contrario y las reglas de juego








