Juan Manuel Moreno (Barcelona, 56 años) afronta hoy su tercer debate de investidura sin tener cerrado aún un acuerdo con Vox, el único partido con el que está negociando y que le permitiría sumar los votos suficientes para salir elegido. Los andaluces decidieron en las elecciones del pasado 17 de mayo no renovar la mayoría absoluta del Partido Popular. Sacó el 41,6% de los votos y 53 escaños, a solo dos de los 55 de la absoluta, que le obliga a pactar todo en un Parlamento de 109 diputados y cinco grupos: tres a la izquierda (que apenas suman 41) y dos a la derecha (68).Desde que el pasado 9 de junio se celebrara la primera reunión entre el PP y Vox “para abordar un posible acuerdo para la gobernabilidad de Andalucía” nada ha trascendido. El principal acuerdo de los negociadores es el de no contar los desacuerdos. Y lo han mantenido a rajatabla y más allá. Lo llaman discreción, pero conjuga con opacidad. “No contamos nada porque no hay nada que contar”, se excusan los interlocutores de PP y Vox.Moreno abre a mediodía de este lunes el debate de investidura en el que debe presentar su programa de gobierno para los próximos cuatro años y del que tampoco ha querido avanzar algo. Hasta el martes por la tarde no se producirá la primera votación una vez que intervengan el resto de los grupos. Para salir elegido en primera ronda tiene que obtener la mayoría absoluta de la Cámara (55 de los 109 escaños), algo que solo lo lograría si suma los 15 votos de la ultraderecha, toda vez que ni el PSOE (28 diputados), ni Adelante Andalucía (ocho) ni Por Andalucía (cinco) van abstenerse y votarán en contra.A la segunda y sucesivas votaciones, Moreno solo necesita mayoría simple, es decir, sumar más síes que noes. Vox ya ha dicho que ellos votarán a favor o en contra, pero que no habrá ningún subterfugio a modo de abstención o ausencias intencionadas del salón de plenos. Esa segunda votación se produciría el jueves, 48 horas después de la del martes. Fuentes de los grupos socialista, Adelante y Por Andalucía aseguran que el presidente del Parlamento, Jesús Aguirre (PP), dio por hecho esa votación en la ronda de conversaciones que mantuvo con ellos para proponer un candidato a la presidencia de la Junta, por lo que avanzaba, según estos interlocutores, un primer voto de rechazo de Vox.A partir de ahí, todo son especulaciones y se mira hacia lo que ocurrió antes en Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde se escenificó el pacto de PP y Vox antes del recuento de la investidura.La principal incertidumbre es si Moreno meterá a Vox en su Gobierno, después de basar toda su larga precampaña y campaña electoral en lanzar mensajes catastróficos sobre la presencia de los ultras en la mesa del Consejo de Gobierno. “Aquí solo hay dos opciones: o solo o acompañado”; “hay que elegir entre estabilidad o lío”; y recordar que Vox “no decide aquí” sino a través de “un señor que está a 500 kilómetros de Andalucía”, en alusión al líder ultra Santiago Abascal, con el que Moreno compartió años de militancia y camaradería en Nuevas Generaciones.Moreno ha construido un personaje político, con mimbres que ya traía de fábrica, basado en la moderación, el diálogo, la normalidad y la ausencia de estridencias en una comunidad tradicionalmente de izquierdas y donde el PSOE gobernó casi durante 37 años, a veces en coalición con los andalucistas, otras con Izquierda Unida y la última con apoyo externo de Ciudadanos. El resultado electoral lo ha sacado del confort de la mayoría absoluta y lo sitúa a la misma altura de otros presidentes autonómicos del PP coaligados con Vox que dificulta sus presuntas aspiraciones nacionales, algo que él siempre ha negado con vehemencia.El PP pergeña ya argumentos para asumir el principio de “prioridad nacional” —la preferencia “de los españoles en el acceso a las ayudas sociales y en el acceso a la vivienda social”, según Abascal— que ha impuesto la ultraderecha en sus acuerdos en otras comunidades autónomas. Ya en campaña, Moreno le quitó importancia a la expresión: “Hay propuestas irreales y otras, ilegales. Es un eslogan hueco que ellos creen que les funciona”, dijo el candidato del PP que recordó que esa formulación choca la Constitución, los Estatutos de Autonomía y con las leyes de desarrollo. “Está la ley de extranjería y todo lo que sea vulnerar esa ley no lo vamos a hacer nunca”, se comprometió.El PP bucea en lo hecho en su día por el entonces presidente socialista de Canarias, Ángel Víctor Torres, para afrontar la inmigración en su comunidad, en la que se potenció el concepto del arraigo. El acuerdo alcanzado en Extremadura entre PP y Vox alude a la “asignación prioritaria de los recursos públicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable en el territorio”.Las otras cartas de Vox son lo que llaman “desregulación” y las políticas agrarias, a cuyo traspaso de gestión política se oponen las principales organizaciones. En tres comunidades autónomas ya existe la Consejería de Desregulación -unida a Servicios Sociales y Familia-, aunque en Extremadura el decreto de competencias que lo desarrolla es similar a la de la simplificación administrativa que existe en Andalucía.En vísperas de su debate de investidura y conocer si pacta con Vox, Moreno puso un mensaje en sus redes sociales para celebrar el Día del Orgullo, luciendo una pulsera arcoíris. “Celebrar el Día del Orgullo es la mejor ocasión para recordar que una Andalucía tolerante, diversa e igualitaria es una Andalucía mejor”, dice. Desde el PP no lo interpretan: “Todos los años hace algo parecido. No vamos a cambiar ahora nuestro ideario y mucho menos nuestra identidad”.A partir de que se produzca la primera votación el martes, el reloj para la hipotética repetición electoral empieza a correr. Si en dos meses no hay presidente, las elecciones se repetirían en torno al mes de noviembre. Nunca ha ocurrido eso en Andalucía, aunque sí se ha producido más de una votación. La última presidenta socialista de la Junta, Susana Díaz, estuvo 81 días en funciones y solo tras la cuarta votación pudo jurar su cargo con el apoyo de Ciudadanos.