Es conocido que fue el zar Nicolás I quien primero habló del ‘enfermo de Europa’ para referirse a la decadencia del Imperio otomano. El declive fue consecuencia de la resistencia de los sultanes a modernizar un vasto territorio —llegó a abarcar tres continentes— articulado mediante una compleja estructura política, religiosa y administrativa. El imperio, y debido a su aislamiento, ya no estaba en condiciones de competir con las nuevas potencias emergentes. En particular, Inglaterra y Francia. O, incluso, Rusia. Desde entonces, la expresión el enfermo de Europa se ha utilizado, en muchas ocasiones de forma excesivamente generosa, para identificar aquellos países que arrastran problemas estructurales y cuyo futuro está en entredicho. Italia, Reino Unido o España han ‘disfrutado’ en algunas ocasiones del sambenito. El Fondo Monetario Internacional (FMI) no habla en su último informe de Alemania como el nuevo enfermo de Europa, pero el cuadro clínico que dibuja es algo más que preocupante. Según un trabajo recientemente publicado, alrededor del 60% del mal desempeño de Alemania se debe a un menor crecimiento potencial, mientras que el 40% restante refleja factores cíclicos. ¿Qué significa eso? Pues que más de la mitad de sus problemas son de naturaleza estructural y no coyuntural, vinculados al ciclo económico. ¿Qué ha sucedido?, se viene a preguntar el FMI. Y la respuesta es que la recesión de los años 2023 y 2024 afectó a las principales categorías de gasto, pero particularmente a la inversión y las exportaciones, lastrando la actividad. Desde el lado de la producción, la recesión se concentró en las manufacturas y la construcción, que en conjunto representaron la mayor parte de la brecha de crecimiento en relación con la zona euro. Además, sugiere el artículo, la disminución de la producción fue impulsada principalmente por la caída de la productividad, especialmente en la industria y la construcción, en lugar de por una reducción en las horas trabajadas. Acaparamiento de mano de obra Esta disminución de la productividad reflejó en parte el acaparamiento cíclico de mano de obra —no despedir por si en el futuro falta mano de obra— en medio de una débil demanda agregada, pero también a factores estructurales como la débil inversión en un país que necesita modernizar sus infraestructuras y dedicar más gasto a innovación, pero que además arrastra una “excesiva burocracia”. Como recuerda el informe, “la inversión de Alemania en infraestructura pública en los años previos a la recesión se encontraba entre las más bajas de las economías avanzadas como porcentaje del PIB”. Esto ha provocado, continúa, crecientes deficiencias en la infraestructura de transporte, digital y energética, lo que a su vez ha afectado a la eficiencia de los sectores público y privado. TE PUEDE INTERESAR Si a ello se le unen factores estructurales, como el envejecimiento de la población, o coyunturales, como el incremento de los precios de la energía, el cuadro clínico está casi terminado, aunque falta un factor fundamental para Alemania. La industria, que siempre ha sido extraordinariamente competitiva, como lo demuestra su superávit por cuenta corriente, ha dejado de serlo por la competencia china en productos de alto valor añadido, que ha sido tradicionalmente la ventaja competitiva de Alemania. El informe, denominado ‘Factores que impulsan la desaceleración del crecimiento en Alemania’, un título más ecléctico de lo que el texto expone, ha sido preparado por el economista Harri Kemp y parte de una realidad: Alemania ha dejado de invertir. O, al menos, lo hace de una forma muy insuficiente. “La caída de la inversión real”, sostiene el informe, está impulsada por la baja confianza y los tipos de interés elevados, lo que ha ampliado la brecha con respecto de la eurozona. En concreto, recuerda, tras la crisis de los precios de la energía y el consiguiente endurecimiento de la política monetaria en la zona euro para reducir la inflación, la contribución de la inversión al crecimiento en Alemania ha sido negativa, representando, junto con las exportaciones, el principal lastre para el crecimiento. “Esto, a su vez, refleja en parte el desmantelamiento del auge inmobiliario previo a la crisis”. TE PUEDE INTERESAR Opinión En concreto, la construcción representó 4,4 puntos porcentuales de la disminución del 5,3% en la inversión real entre 2022 y 2024, mientras que la disminución en la inversión en maquinaria y equipo contribuyó con otros 1,9 puntos porcentuales. Otras inversiones, que incluyen activos intangibles como el software y la inversión agrícola, aumentaron un 5% durante el mismo período, contribuyendo positivamente al crecimiento general de la inversión. ¿Quién ha dejado de invertir? El informe lo achaca al sector privado, mientras que la inversión del sector público se mantuvo positiva. El ocaso de las exportaciones Desde el final de la II Guerra Mundial, la principal fortaleza económica de Alemania ha sido su capacidad exportadora, y lo sigue siendo, pero claramente a la baja. O en palabras del FMI, la contribución de las exportaciones netas al crecimiento está disminuyendo “drásticamente" tras la pandemia debido a la combinación de una demanda externa moderada, especialmente de Europa, y al continuo declive de la competitividad externa de Alemania. Antes de la pandemia, la contribución de las exportaciones netas al crecimiento del PIB promedió -0,2 pp entre el primer trimestre de 2015 y el cuarto trimestre de 2019. Desde 2022, sin embargo, esta contribución se ha ampliado a alrededor de -0,8 pp del PIB. Es más, en 2025 las exportaciones reales de bienes se situaron alrededor de un 5% por debajo de su nivel de 2022 debido principalmente a la caída de bienes intermedios y de capital, que representan aproximadamente tres cuartas partes de las exportaciones de bienes de Alemania. TE PUEDE INTERESAR ¿Las causas? Las exportaciones de bienes se contrajeron por una combinación de factores: el reequilibrio global de la demanda posterior a la pandemia, que volvió a centrarse en los servicios (por ejemplo, el turismo) y se alejó de los bienes; el moderado crecimiento de los socios comerciales a raíz del endurecimiento monetario y los elevados costes de la energía, que castigan más a Alemania que al resto del continente por su dependencia del gas ruso.. O expresado de otra forma, el débil crecimiento de Europa, hacia dónde se dirigen dos tercios de las exportaciones, explica el estancamiento exterior. Una cifra lo dice casi todo. La cuota de mercado de las exportaciones alemanas ha disminuido desde 2017 y, en comparación con otros países, ha experimentado un desarrollo particularmente débil. Tras la crisis de 2008, la cuota de mercado de las exportaciones alemanas se mantuvo más o menos estable hasta 2016, pero desde entonces ha descendido ante el empuje de competidores como China, México y algunos países del sudeste asiático. Entre 2022 y 2025, las exportaciones alemanas cayeron un 3,9%, mientras que los mercados mundiales se expandieron casi un 6%. Alrededor de tres cuartas partes de las exportaciones alemanas de bienes son bienes intermedios y de inversión. Estas importantes categorías también se quedaron rezagadas con respecto al crecimiento de las importaciones mundiales durante la última década. Y hay que tener en cuenta que las exportaciones de bienes intermedios y de inversión representan alrededor del 50% de la producción manufacturera alemana, lo que implica que la disminución de la demanda mundial de bienes de exportación alemanes en estas categorías ayuda a explicar gran parte de la caída de la producción manufacturera. Población en edad de trabajar El FMI hace cálculos y llega a la conclusión de que si las exportaciones alemanas de bienes y servicios hubieran evolucionado de acuerdo con la relación histórica con el crecimiento del mercado mundial entre 2022 y 2025, el crecimiento del PIB real habría sido mayor en un promedio de 0,6 puntos porcentuales por año. ¿Por qué ha sucedido esto? El FMI lo achaca “a un menor crecimiento de la población en edad de trabajar y a un menor crecimiento de la productividad en general en comparación con el resto del mundo”. Ahora bien, se pregunta, la disminución de la participación de Alemania en el PIB mundial también puede reflejar, en parte, debilidades específicas del sector exterior, ya que este sector contribuyó de manera desproporcionada a la reciente desaceleración del crecimiento. Su conclusión no deja lugar a dudas. La competitividad exterior de Alemania ha disminuido desde mediados de la década de 2010, como se refleja en la disminución de la balanza comercial ajustada cíclicamente. El Bundesbank lo ha achacado a un deterioro de la competitividad del lado de la oferta, con el sector de maquinaria y equipo mostrando una pérdida de competitividad particularmente aguda. Y China tiene mucho que ver en ese deterioro de la competitividad. Como recuerda el FMI, en los últimos 15 años la participación de China en las exportaciones mundiales ha aumentado sustancialmente, mientras que la de Alemania ha disminuido. El descenso ha sido aún más pronunciado desde 2017 y uniforme en todas las regiones. En particular, en la industria química, maquinaria y vehículos. Si bien estas tendencias pueden reflejar en parte el mayor crecimiento de la productividad de China, sostiene, también pueden reflejar factores compositivos como la creciente producción china en sectores que compiten más con las exportaciones alemanas, así como la depreciación del yuan frente al euro y los efectos de las subvenciones industriales. TE PUEDE INTERESAR El problema de Alemania, sin embargo, no son sólo los bienes, sino los servicios. Un dato lo refleja: las exportaciones netas reales de servicios han disminuido desde 2021, lo que explica que su contribución al crecimiento ha sido mayoritariamente negativa. Fundamentalmente, a causa de los servicios de viajes y empresariales. Si bien las llegadas de turistas se han recuperado de la recesión de la pandemia, los ingresos reales por servicios de viajes solo se han recuperado parcialmente, con ingresos reales por llegada todavía un 16% por debajo de su nivel prepandémico. Para más inri, la disminución en las exportaciones netas de servicios empresariales fue impulsada casi en su totalidad por disminuciones en las exportaciones netas de investigación y desarrollo (I+D) y servicios de consultoría profesional y de gestión. La balanza comercial de I+D se volvió negativa en 2023, ya que las importaciones (gastos) aumentaron mientras que las exportaciones (ingresos) se mantuvieron prácticamente estables como porcentaje del PIB. El FMI no habla del enfermo de Europa, pero se le parece mucho.