El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, en Madrid (Gustavo Valiente - Europa Press)

No es bueno el momento de España, ya que cuesta reconocerla en tanta noticia de corrupción asociada a la gestión de Pedro Sánchez como primer ministro y presidente del gobierno. Por cierto, no hay ni puede haber un solo culpable en una situación de fuerte polarización y división, pero es indudable que una de las aristas o vértices del problema actual está asociado a su nombre, así de dominante ha sido su accionar político, que hoy parece resumirse en ponerle fin a los acuerdos políticos y territoriales legados por la muy exitosa transición a la democracia que tuvo lugar en los 70 del siglo pasado. Lo que hoy está transcurriendo es preocupante, ya que no es superficial, sino algo profundo que recorre el país a todo nivel, y que resucita los fantasmas de las dos Españas. En ningún caso es guerra civil, pero la división se siente y se respira en todas partes. La expresión “las dos Españas” se origina en una frase de un breve poema de 1912 del poeta Antonio Machado, versos convertidos en símbolo de la historia española, una metáfora que describe la división ideológica, cultural y social que originalmente habría atravesado la nación y la sociedad desde el siglo XIX, y que en cada generación posterior se reinterpreta con los temas que aparecen y/o reaparecen en forma de confrontación.PUBLICIDADHoy es algo más que una división política entre una España tradicional y una progresista. No es solo que el presidente de gobierno esté rodeado por temas de corrupción de gente tan cercana como su propia esposa Begoña Gómez, a quien el juez Peinado le avisó que sería llevada a juicio oral por cuatro delitos o el caso de un exministro de Transportes y exdirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien fuera condenado por el Tribunal Supremo a 24 años y 3 meses por actos de corrupción y aprovechamiento del cargo que ocupaba para enriquecimiento ilícito y beneficio económico personal. En su entorno familiar más cercano, también se suma su hermano David, contra quien existen acciones judiciales que lo acusan de prevaricación administrativa y tráfico de influencia. No son los únicos casos, ya que son numerosas las distintas causas judiciales con niveles diferentes de avance. Por cierto, hay apelaciones y algunas acusaciones pueden terminar en sentencias favorables a los imputados, pero ello parece improbable hoy, además que a lo anterior hay que sumarle lo del expresidente de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, un verdadero emblema de los sectores más progresistas del país y un mentor político de Pedro Sánchez, donde las acusaciones son de aún mayor entidad, figurando al menos cuatro presuntos delitos que están siendo investigados, y donde un allanamiento a sus oficinas particulares produjo la confiscación de joyas, si joyas, de elevada tasación. PUBLICIDADTan o más grave son las pruebas que la investigación judicial está revelando, una vinculación estrecha con operaciones de servicio al castrochavismo latinoamericano, presente en la relación que tuvo por años con la Venezuela de Maduro, en áreas tan distintas como la arista de la empresa Plus Ultra, oro y petróleo de comercialización ilegal y blanqueamiento de la imagen de la dictadura. Se le suman negocios poco presentables en Nicaragua y Bolivia, último país donde se le acusa de participar en el arreglo político de una sentencia favorable a una empresa cementera. Es decir, no solo acciones de lobby a favor de tiranías, sino también que se habrían cobrado millonarias comisiones en cada gestión, no solo él, sino también sus hijas. Es llamativo el hecho que cuesta reconocer a la España europea en la política exterior de Sánchez, alejándose de los temas de la Unión para reconocer domicilio ideológico en cumbres donde se iguala con líderes latinoamericanos como Lula, Sheinbaum, Petro y Boric, precisamente cuando Latinoamérica da un giro pronunciado en sentido contrario, hacia posiciones de derecha y conservadoras. PUBLICIDADLa Justicia de España impuso medidas cautelares a Begoña Gómez, esposa de Pedro SánchezNoticioso ha sido el hecho de su distanciamiento con Estados Unidos, no solo con Trump, sino que también existió con Biden quien simplemente no quiso recibirlo en Washington cuando Moncloa hizo la gestión. Del mismo modo, se produce un alejamiento de la OTAN al ser uno de los pocos jefes de gobierno que se negó a aumentar su contribución a la defensa europea en el porcentaje del PIB decidido por la organización. Algunas de sus posiciones también lo alejan de lo que había sido habitual en la España democrática, al tomar una actitud militantemente antisraelí que en Europa sólo encontró eco en el gobierno de Irlanda. Por último, todo lo anterior ha debilitado la seguridad nacional del país ya que un fortalecido Marruecos ha avanzado diplomáticamente en su intento de hacerse de los territorios del antiguo Sahara español, donde ha logrado el retroceso de la posición del Frente Polisario cercano a su rival regional Algeria, por lo que no sería extraño que, así como a la muerte de Franco se hizo la marcha verde, en el futuro cercano se proponga reivindicar a su favor la posesión española de las ciudades de Ceuta y Melilla en África. PUBLICIDADSin embargo, sobre todo destaca la forma como Sánchez ha ejercido el poder, muy alejada de la búsqueda de acuerdos que habían distinguido a ambos partidos mayoritarios, socialistas y populares. A diferencia de ese pasado todavía cercano, Sánchez ha rechazado todas las peticiones para convocar a nuevas elecciones, no solo por los casos de corrupción, sino que además, efectivamente, no ganó las últimas elecciones, ya que fue superado en votos por el partido Popular, y al estar en minoría sólo pudo formar gobierno cerrando acuerdos de investidura con Sumar, ERC, Junts, EH, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria, es decir, agrupaciones, algunas de extrema izquierda, y otras en representación de fuerzas independentistas de Cataluña y del País Vasco.Lo anterior marca una diferencia distintiva de Sánchez con quienes lo precedieron en el poder, con consecuencias notorias en un aumento de la polarización en términos de las dos Españas, con el riesgo cierto de dar por terminada la España construida por la exitosa transición a la democracia, abriéndose así una nueva etapa. A modo de ejemplo, si predominara el independentismo, no sería el federalismo lo que aparecería, sino que la España de las Autonomías sería reemplazada por la de las naciones que convivirían a su interior. PUBLICIDADLa forma como Sánchez ha ejercido el poder ha incluido una fuerte campaña de deslegitimación de instituciones que no controla del todo, como el Tribunal Supremo de Justicia y el Tribunal Constitucional, además de transformar a la televisión pública en un órgano de propaganda gubernamental, todos elementos que contribuyen a la polarización, a lo que se ha agregado una fuerte caída en el aprecio ciudadano del Congreso. La consecuencia es que el sistema político, en vez de buscar acuerdos se dedica a acentuar las diferencias, lo que contrasta fuertemente con el pasado reciente, ya que fue muy notable lo que logró pacíficamente España con su transición a la democracia, toda vez que con la muerte de Franco el 29 de noviembre de 1975 empezó otra etapa histórica, con la transición consolidándose definitivamente cuando en octubre de 1982, cuarenta y tres años después del fin de la Guerra Civil, y a siete años de la desaparición del caudillo, el partido Socialista ganaba las elecciones y formaba gobierno con Felipe González, con el agregado que esa transición se había hecho fundamentalmente con el apoyo de la recién restaurada monarquía y dirigida desde el poder por gente que venía del corazón mismo del movimiento franquista. PUBLICIDADGracias a la política de acuerdos, España dejaba atrás la confrontación centenaria, superaba los intentos nostálgicos de mantener lo que el Generalísimo creyó haber dejado “atado y bien atado”, como también la violencia política en las calles y la violencia terrorista de la ETA. La transición española fue un acto delicado de equilibrio y realismo, aislando al extremismo y logrando que España fuera integrada en plenitud a Europa. José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por presunta corrupción, es un mentor político de Pedro Sánchez en España (Ricardo Rubio - Europa Press)