El paseante, el ciudadano, registra en la memoria de sus recorridos urbanos nuevos establecimientos. Y difícilmente reconoce dónde estaban ubicados los que ahora se definen como “comercios de proximidad”. A este paso la ciudad pronto se echará de menos a sí misma. Como una epidemia se extienden los súpers 24 horas, regentados, en general, por personas orientales y los ya muy populares bazares chinos. Sí “los chinos”, sustitutos de los precursores “todo a cien”, que el euro acabó con ellos. Àlex GarciaY las más que honorables etnias se expanden, también, con todo tipo de ofertas de masajes y cuidados especializados según gusto y necesidad. Más cercanos nos quedan los gimnasios, los gym, el cuidado del cuerpo absolutamente democratizado, interclasista, uno en cada esquina, varios en cada barrio. La piel de la ciudad va cambiando. Y su identidad. Músculos perfectos en la publicidad. En los escaparates.Y como por lo visto somos una sociedad que mordemos mal o que no sabemos ni mascar ni sonreír, a juzgar por la ingente multiplicación de institutos, gabinetes, consultas, grandes anuncios, murales… prometiendo dentaduras cinematográficas. “Hollywood en su boca”. La sanidad por un lado y la belleza arquetípica por otro. Los odontólogos solventes entre la salud y la moda. Las sonrisasprofidén.Tiembla la figura del vecino y sus seres, sus recuerdos y sus sueños; su barrio ya no es el barrioY alternándose en los espacios comerciales y la ocupación urbana, las tiendas de pedicura y manicura, un asunto floreciente y asequible. Señoras y señoritas como en un escaparate o en una gran pecera dejándose pintar las uñas en un alarde de creatividad. Pop art americano. Un Andy Warhol para arañar en color. Uñas como pantones. De películas de terror o extremadamente sexis. El verbo arañar ciertamente es muy sugestivo, y aplicarlo con tino: poesía pura. Lorca decía que Goya arañaba los cuadros y pintaba con los codos. Las usuarias de la pedicura, y se ven desde fuera, parecen circunspectas, tal como cumpliendo con algo trascendental. Y seguramente lo es, trascendental y telúrico. Ya me entenderán, no es lo mismo ponerse uñas que ponerse de uñas. Uno/a se afila las manos y al salir del nails el mundo se ve diferente. Y sus escaparates, un paréntesis urbano.Siguiendo con la rectificación del cuerpo y la llamada de la tribu, ahí están las expendedurías de tatuajes y su imagen metropolitana muy presente, estética descuidada y cutre en los anuncios. La biografía entintada en la piel, los amores y los deseos.La ciudad va siendo otra cosa, su geografía cambia. Tiembla la figura del vecino y sus seres, sus recuerdos y sus sueños. Su barrio ya no es el barrio. Quizá algún día lo echemos en falta. O ya no.
Una ciudad rectificada, por Joan-Pere Viladecans
El paseante, el ciudadano, registra en la memoria de sus recorridos urbanos nuevos establecimientos. Y difícilmente reconoce dónde estaban ubicados los que ahora se definen como “comercios de proximidad”. A este paso la ciudad pronto se echará de menos a sí misma. Como una...







