La recogida de paquetes es un pequeño salvavidas que ha estado a punto de desaparecer para cientos de pequeños negocios en Madrid. La polémica por los lockers de paquetería que el Ayuntamiento quería poner en el barrio de Tetuán ha puesto el foco sobre una realidad que hasta ahora pasaba desapercibida: estancos, locutorios y tiendas de barrio son los proveedores de un servicio que les resulta indispensable para sobrevivir en una región que ha perdido más de una quinta parte de su comercio de proximidad en los últimos 15 años.Es por esto que lo que para el Ayuntamiento de Madrid era una medida destinada a optimizar la logística de última milla, reducir desplazamientos y mejorar la distribución urbana de mercancías, para muchos comerciantes era el cierre. El Consistorio quiso impulsar esta semana un plan piloto para instalar cerca de una veintena de taquillas de recogida de paquetes en el barrio de Cuatro Caminos. La propuesta provocó un fuerte rechazo vecinal y político. Las críticas apuntaban a que esos puntos de recogida competirían directamente con los comercios que actualmente hacen las veces de lugar de recogida de paquetes. Finalmente, el Ayuntamiento ha dado marcha atrás al proyecto, que ha reducido el plan a un estudio técnico sin ejecución.El madrileño barrio de Tetuán ilustra bien la transformación que ha experimentado el consumo en plena era de las compras online. Donde antes había mercerías, ultramarinos y bares de toda la vida, hoy proliferan casas de apuestas, centros de crossfit y franquicias de hamburguesas. No es solo un relevo de locales, sino el reflejo de una transformación más profunda: la de un comercio que se reduce y unos barrios que pierden parte de su tejido tradicional.En el estanco de Jerónima Llorente, casi esquina con la calle Pamplona, la paquetería se ha convertido en un apoyo clave para sostener el negocio. Varios vecinos que utilizan el servicio lo tienen claro: “Sin ello, y con la bajada de la venta de tabaco, no sé cómo le iría”. El local, adscrito a varias compañías de reparto, recibe un flujo constante de clientes que acuden a recoger sus pedidos y ayudan a mantener una actividad que ya no depende únicamente de su producto tradicional.En esto coincide María Fernández, responsable de un locutorio en Cuatro Caminos: “Cuando los clientes vienen a recoger los paquetes que no han podido recibir en casa, aprovechan para comprarse algún dulce, un cable o incluso imprimir documentos”, cuenta. La mayoría son jóvenes que trabajan todo el día, viven en edificios sin portero y realizan numerosas compras por internet. “Toda la rentabilidad del negocio está ligada a la paquetería”, afirma. Pilar Garrido, vecina de Tetuán y miembro de la asociación vecinal de Cuatro Caminos, considera que la instalación de lockers habría supuesto “quitarle esa posibilidad a los pequeños comercios de tener ese respiradero para poder sobrevivir” en un barrio donde, asegura, muchos locales cerrados han sido sustituidos por casas de apuestas o viviendas turísticas. “Hay comercios que prácticamente viven de recoger paquetes”. Para Garrido, además, el valor de este servicio va más allá de lo económico. “Vienes a recoger tu paquete, hablas con alguien, te conocen”. Desde Más Madrid comparten ese diagnóstico. Consideran que medidas como la instalación de lockers pueden agravar la situación de un sector que ya atraviesa un proceso continuado de cierres. “Muchos comercios están subsistiendo gracias a la recogida de paquetes”, explican. A su juicio, trasladar esa actividad fuera de las tiendas elimina una fuente de clientes y puede acelerar la desaparición de negocios.Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Según la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE), en España cierra un comercio de proximidad cada 16 minutos. La organización calcula que en 2025 desaparecieron 13.586 pequeños comercios en todo el país. En la Comunidad de Madrid, las estimaciones apuntan a la pérdida de 1.489 negocios ese mismo año, de los que entre 900 y 1.000 corresponderían a la capital. “Cada cinco horas cierra un comercio en Madrid”, resume Pepe Galván, responsable del área de comercio de UATAE. Galván atribuye esta situación a una combinación de factores estructurales. “Tenemos un comercio bastante envejecido”, señala, al explicar que la edad media de los propietarios supera los 50 años. A ello se suman la falta de relevo generacional y las dificultades para adaptarse a la digitalización. En este contexto, muchos negocios han optado por diversificar su actividad. “Hay muchos pequeños comercios que ya casi denominamos multiservicios”, explica. Son establecimientos que combinan alimentación, bebidas, recargas telefónicas y paquetería, aprovechando la llegada de clientes para generar ventas adicionales Pero muchos sufren el encarecimiento de los alquileres, la competencia de las grandes superficies y las dificultades para mantener la rentabilidad. Una situación que, según Galván, golpea especialmente a los municipios más pequeños, donde la desaparición del comercio supone “un verdadero desastre”.Desde el Gobierno regional recuerdan el peso económico del sector. El comercio minorista aporta 14.483 millones de euros a la economía madrileña, lo que representa el 5,6% del Valor Añadido Bruto de la Comunidad de Madrid. Además, según los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2025, el sector suma 43.539 empresas y emplea a 306.592 personas, el 8,5% del empleo regional.Alejandro Tamayo, profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Madrid, enmarca la desaparición del comercio de proximidad en una transformación urbana y económica más amplia. “En una ciudad global y liberal, el comercio sufre las embestidas del mercado libre y del capitalismo de plataforma digital”, explica. A su juicio, el auge de las compras por internet ha desplazado parte del consumo fuera del ámbito local. El urbanista considera que este fenómeno se ve agravado por el encarecimiento de la vivienda y los procesos de gentrificación. “El precio de la vivienda arrastra todo el comercio local y lo transforma”, sostiene. A medida que cambia la población residente, también desaparece parte de la clientela tradicional. Tamayo destaca además el papel decisivo del mercado inmobiliario en la supervivencia de los negocios: “Todos aquellos alquileres que están fuera del mercado libre son los que se han mantenido, mientras que los que dependen de contratos a corto plazo suelen ser los primeros en desaparecer”.También se muestra crítico con la actuación de las administraciones. “Creo que no se está haciendo prácticamente nada por el comercio de proximidad”. A su juicio, las políticas públicas deberían actuar sobre ámbitos como la vivienda o la regulación turística. Además, advierte del impacto que pueden tener infraestructuras como los lockers. “Generar nuevos espacios que, en el fondo, también son comerciales, aunque se presenten como logística, es una forma de no regular el comercio a nivel local”. Armando Rodríguez, presidente de la Confederación de Comercio de Madrid (COCEM), considera que la pérdida de tiendas de proximidad es “un resultado lógico” de problemas estructurales que llevan años sin abordarse. “No existe un diagnóstico, ni siquiera una estadística cuantitativa y cualitativa que permita conocer con precisión la situación del sector”, afirma. Rodríguez rechaza además que la paquetería o los lockers puedan convertirse en una solución de fondo. “Si esa es la solución a los problemas del comercio, me parece de una simpleza extraordinaria”. El verdadero problema, sostiene, es la vulnerabilidad del pequeño comerciante frente a formatos con mayor capacidad económica: “Si el comercio es grande, se comerá al pequeño y tenderá a desaparecer”.