Como nos enseña el refranero español: «A perro flaco, todo son pulgas». Venezuela ha sufrido con el Chavismo la peor crisis económica de un país sin estar en guerra de la historia, la hiperinflación más larga de la historia y el éxodo de 9 millones de personas que huyeron de la pobreza y el hambre. La detención de Maduro y el nuevo Gobierno, presidido por su fiel colaboradora Delcy Rodríguez, dista mucho de ser una transición política y la ansiada democracia que desean los venezolanos. Trump se ha centrado exclusivamente en los intereses petroleros. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, sólo en petróleos ligeros tiene más reservas que toda Europa, que EEUU y Rusia, y la producción de crudo ha mejorado un 15% desde enero, hasta 1,3 millones de barriles por día. Pero esa cifra dista aún mucho de los 3 millones que se producían en 1998, antes de que el Chavismo llegara al poder. La situación económica sigue siendo dramática. El Gobierno tuvo que devaluar el bolívar casi un 50% y el mercado negro sigue cotizando aún por encima del tipo oficial. La inflación, el mayor drama social de Venezuela, sigue muy elevada, aunque en mayo aumentó solo el 7% con respecto a abril, la menor tasa mensual de los últimos 19 meses. El doble sísmico es un fenómeno muy poco probable, que no avisa y no dio tiempo a que las familias de los edificios afectados pudieran salir. En el momento de escribir este artículo, la cifra de muertos se aproxima a mil y lo más probable es que siga subiendo cuando las emergencias vayan retirando escombros. Este es el mayor drama del suceso y ya no tiene remedio. Pasadas las primeras 72 horas, donde la prioridad es salvar el mayor número de vidas posibles, llega el momento de diseñar la estrategia de reconstrucción, evaluar los costes y decir cómo se va a financiar. Venezuela tiene escasez de reservas de dólares y esa ha sido la causa de su hiperinflación, y si vuelve a repetir los errores de la última década, la hiper volverá a resurgir con toda su virulencia, empobreciendo aún más a los ciudadanos. La evidencia de este tipo de catástrofes en países de bajo nivel de renta es que la ayuda internacional es determinante. Trump ya ha anunciado que ayudará a Venezuela, Pedro Sánchez también, y España debería liderar, con la Comisión Europea, la ayuda humanitaria que debería aprobar el Consejo Europeo. TE PUEDE INTERESAR Esa ayuda se canalizará seguramente a través del PNUD de Naciones Unidas y, si eso sucede, el impacto económico de la crisis será mucho menor y la recuperación será mucho más rápida. Trump debería agilizar la eliminación de las sanciones que aún mantiene sobre el país y eso sería de gran ayuda para que entren inversiones y aumenten las exportaciones, principalmente petroleras, mineras y también turísticas. Esto permitiría aumentar las reservas de dólares y aumentar el gasto público sin provocar otra hiperinflación. Los pozos petroleros y sus infraestructuras de transporte no se han visto afectados y la principal actividad del PIB seguirá produciendo lo mismo, lo cual minimiza significativamente el coste del desastre. Parece que la red eléctrica y de agua de Caracas, la capital supone el 20% del PIB, apenas se ha visto afectada y la principal infraestructura dañada es el aeropuerto de Caracas, que estará unas semanas cerrado al tener rajada una pista. Hay unos 200 edificios que han colapsado en La Guaira y unos 20 en Caracas. Atender a las familias afectadas y la reconstrucción de esos edificios será el principal coste económico. TE PUEDE INTERESAR Opinión Ojalá no se hubiera producido el terremoto, pero las crisis siempre ofrecen una oportunidad para cambiar. Si la ayuda humanitaria llega en tiempo y cantidad suficiente, el impacto económico de este desastre será bajo y la recuperación será más rápida. Si Trump eliminara las sanciones a Venezuela y presionara para avanzar en la transición política, la crisis podría ser una oportunidad. A una economía sometida a un nivel tan extremo de restricción de dólares, cuando la liberas y se empieza a normalizar, se produce lo que los economistas denominamos el fenómeno del ave fénix, con tasas de crecimiento de la inversión, del empleo y del PIB muy elevadas. Es un efecto estadístico, ya que las variables crecen desde muy abajo, y las familias tardarán tiempo en notar una mejora de su nivel de vida y serán necesarios muchos años para recuperar los niveles de vida previos al Chavismo. Pero los venezolanos llevan una década padeciendo la depresión económica y la hiperinflación y merecen salir ya de ese hoyo tan profundo en el que se encuentran. Como nos enseña el refranero español: «A perro flaco, todo son pulgas». Venezuela ha sufrido con el Chavismo la peor crisis económica de un país sin estar en guerra de la historia, la hiperinflación más larga de la historia y el éxodo de 9 millones de personas que huyeron de la pobreza y el hambre. La detención de Maduro y el nuevo Gobierno, presidido por su fiel colaboradora Delcy Rodríguez, dista mucho de ser una transición política y la ansiada democracia que desean los venezolanos.
¿Cuál será el impacto económico del terremoto en Venezuela?
El terremoto de Venezuela ha sido una tragedia en términos de costes humanos pero puede ser una oportunidad para acelerar la transición política y la recuperación económica, tras la depresión y la hiperinflación provocada por el Chavismo











