Un minuto. Eso tardaron dos terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, en dejar el norte de Venezuela entre escombros y desatar una emergencia nacional. El último balance habla de 188 muertos y más de 1.500 heridos, pero harán falta días de trabajo incesante de los equipos de rescate para conocer el alcance real de la tragedia. Para los venezolanos golpeados por la destrucción, llueve sobre inundado. Antes de sufrir el mayor seísmo registrado en el país en los últimos 125 años, el Gobierno de Delcy Rodríguez ya se preparaba para revelar otro desastre: una deuda que asciende a 240.000 millones de dólares. La cifra, reportada por el Financial Times, es considerablemente superior a los cálculos que manejaban muchos inversores, situados entre los 150.000 y 200.000 millones. Caracas preveía comunicar este dato a sus acreedores en las próximas semanas como parte de un proceso que supondría la mayor reestructuración de deuda soberana de la historia. El mismo plan incorporaría un marco macroeconómico que calcula el PIB del país en torno a 100.000 millones de dólares, frente a los 370.000 millones de 2012, el último año completo de Hugo Chávez en el poder. Es decir, Venezuela habría perdido cerca del 73% del tamaño de su economía en menos de quince años. Que el gobierno chavista esté dispuesto a reconocer estas cifras revela su necesidad de ordenar las cuentas en esta nueva etapa abierta tras la caída de Nicolás Maduro, capturado en enero en una operación militar estadounidense. Rodríguez, desde entonces presidenta encargada del país, ha intentado presentar a Venezuela como una nación lista para la reapertura, logrando un alivio parcial de sanciones por parte de EEUU, reiniciando conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) tras años de aislamiento y prometiendo normalizar relaciones con los mercados. Sin embargo, son números sin precedentes. Grecia, hasta ahora la mayor reestructuración soberana registrada, canjeó en 2012 alrededor de 200.000 millones en deuda privada durante la crisis del euro, pero lo hizo bajo el paraguas de la UE y el Banco Central Europeo. Venezuela aspira ahora a superar ese volumen con una economía mucho más pequeña, una administración golpeada por años de colapso institucional y una industria petrolera que aún necesita miles de millones para recuperar capacidad. Desde este jueves, además, tendrá que añadir otra factura: la reconstrucción de buena parte del norte del país. Los primeros modelos del Servicio Geológico de EEUU calculan pérdidas económicas de entre 10.000 y 100.000 millones de dólares. Incluso en la parte baja de la horquilla, sería un golpe enorme para un Estado sin margen; en la alta, como ya se ha señalado, supondría el equivalente al PIB anual de Venezuela. TE PUEDE INTERESAR El terremoto está destinado a alterar el calendario y los cálculos del plan de reestructuración. Antes del desastre, los acreedores miraban sobre todo tres variables: cuánto petróleo podía volver a producir Venezuela, cuántas divisas entrarían con el alivio de sanciones y qué parte de esos ingresos podría destinarse al pago de la deuda. Ahora habrá que descontar otra prioridad: hospitales, refugios, carreteras, electricidad, agua, telecomunicación y reconstrucción general. Además, si los daños afectan a puertos, aeropuertos, vías de transporte o infraestructura energética, el país podría tardar considerablemente más en generar los ingresos con los que prometía pagar sus deudas. El Banco Central de Venezuela publicó recientemente datos de balanza de pagos que situaban las exportaciones petroleras en 5.500 millones de dólares en el primer trimestre del año, frente a 4.400 millones en los últimos meses de Maduro. Una clara mejoría, pero todavía a años luz de los años de bonanza: al inicio de la década pasada, los ingresos petroleros del país superaban los 70.000 millones de dólares anuales. El problema es que Venezuela no puede vender más crudo por arte de magia, incluso si encuentra compradores. Necesita reparar pozos, atraer inversión extranjera, mantener instalaciones, asegurar suministro eléctrico y recuperar personal técnico. Una emergencia nacional como esta introduce una prioridad más inmediata y cada dólar destinado a reconstruir hospitales, viviendas o carreteras será un dólar menos disponible para el reinicio económico sobre el que el Ejecutivo de Rodríguez depositaba sus esperanzas de recuperar la confianza internacional. Una población ahogada Más allá de la deuda, existen serias dudas de que el Gobierno venezolano cuente con la capacidad de responder a la magnitud de la destrucción en un país donde millones de personas ya vivían al límite antes de que se moviera la tierra. En 2025, según Naciones Unidas, cerca de ocho millones de venezolanos —alrededor del 28% de la población del país— necesitaban asistencia humanitaria. Un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello elaborado ese mismo año situó en el 55% la proporción de hogares en pobreza multidimensional, una medición que no mira solo ingresos, sino también acceso a servicios, salud, educación y condiciones de vida. En términos de población, el 76,5% de los venezolanos vivía en pobreza por ingresos y el 38,5% en pobreza extrema. Es decir, la amplia mayoría del país afronta el terremoto sin ahorros suficientes, sin seguros privados y con ingresos demasiado bajos para absorber la pérdida de una vivienda, un pequeño negocio, una moto o incluso una semana de trabajo. La emigración masiva añade otra gran limitación para afrontar la catástrofe. ACNUR calcula que casi 7,9 millones de refugiados y migrantes venezolanos viven fuera del país. Esa salida incluye médicos, enfermeros, ingenieros, técnicos, docentes y trabajadores especializados. La reconstrucción exige precisamente ese tipo de capacidades. Rodríguez anunció poco después del terremoto la activación de toda la red de salud pública y privada, en especial en las zonas más golpeadas, y pidió a médicos, enfermeros y personal sanitario que acudieran a sus puestos. Sin embargo, el sistema sanitario del país arrastra una crisis de falta de insumos, carencia de personal y deterioro hospitalario. UNICEF calcula que 1,8 millones de personas necesitan asistencia sanitaria en Venezuela. La cobertura de vacunación sigue por debajo del 72% y casi el 30% de los bebés menores de un año no ha recibido ninguna dosis. La presidenta encargada también reconoció en su mensaje televisado daños generalizados en la infraestructura pública, sobre todo en Caracas y La Guaira. En ambas zonas hubo cortes eléctricos, aunque el Gobierno aseguró que la red seguía funcionando en el resto del país. En la madrugada del jueves, varias áreas de Caracas, especialmente en el oeste de la capital, permanecían sin luz y algunas calles estaban inundadas por roturas de tuberías. La emergencia afectó también a servicios básicos que ya funcionaban con dificultades antes del sismo. Las autoridades cortaron el suministro doméstico de gas en las zonas golpeadas y el servicio de agua quedó interrumpido en partes de Caracas y de varios estados del norte. El metro y los trenes fueron suspendidos para facilitar las tareas de rescate y recuperación. El aeropuerto internacional Simón Bolívar, principal puerta de entrada a Caracas, quedó cerrado tras sufrir daños severos. Las escuelas permanecerán clausuradas el resto de la semana. TE PUEDE INTERESAR El Servicio Geológico de EEUU señaló que muchas personas en la región afectada viven en estructuras frágiles, construidas con ladrillo o adobe. Venezuela ya tuvo un precedente claro en 1967, cuando un terremoto en Caracas mató a cientos de personas y las autoridades atribuyeron parte de las víctimas a fallos de construcción. Casi seis décadas después, el problema sigue presente, con barrios densos, edificios envejecidos y una administración que hace tiempo que perdió el margen para inspeccionar, desalojar y reconstruir a gran escala. Ayuda, pero no solución El presidente de Estados Unidos, Donald Trump ofreció ayuda tras los terremotos y aseguró que EEUU está “preparado, dispuesto y capaz” para responder. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el despliegue de equipos de búsqueda y rescate de Fairfax County, en Virginia, y de Los Ángeles, dos unidades especializadas en respuesta urbana a catástrofes. Rubio añadió que otros equipos se sumarían después y que Washington proporcionaría también imágenes aéreas para evaluar los daños. La promesa estadounidense tendrá peso en los primeros días. Los equipos de búsqueda y rescate pueden salvar vidas, las imágenes aéreas ayudan a identificar zonas dañadas y los vuelos militares permiten sortear parte de los problemas logísticos si el aeropuerto de Caracas sigue inutilizado. Pero Washington no puede sustituir el presupuesto venezolano. La reconstrucción exigirá meses de gasto público disparado y distribución constante de ayuda. España, China, Brasil, México, El Salvador, República Dominicana y Qatar, entre otros países, también han ofrecido apoyo. Rodríguez, por su parte,ha anunciado que solicitará al FMI un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción, una gota en el océano de deuda que arrastra el país. Pero ese problema, por grande que sea, tendrá que esperar. Primero, el chavismo tendrá que demostrar si todavía puede levantar un país que se le cae encima.
La doble ruina de Venezuela: antes del terremoto, Caracas se disponía a revelar otro desastre
Los terremotos golpean al país cuando Caracas prepara, según el Financial Times, la mayor reestructuración soberana de la historia: 240.000 millones de dólares de deuda para una economía reducida a unos 100.000 millones










