“¡Puigdemont a prisión, Puigdemont a prisión!”. Este grito retumbaba hace dos años en las calles de Madrid. Puedo certificarlo. Asistí con curiosidad a algunas de las seis manifestaciones que se celebraron entre el 2023 y el 2024 en la capital de España, antes y después de la aprobación de la ley de Amnistía. Ese grito era atronador. Esa movilización ha sido el gran eje estratégico de la derecha española hasta que hace unas semanas el cerco judicial a Pedro Sánchez se ha estrechado de manera muy acelerada. Ahora el PP necesita a Junts per Catalunya a su lado para proyectar la idea de que la legislatura está irremediablemente agotada. Y Junts se está moviendo en esa dirección efectuando un rodeo británico. Las seis manifestaciones espaciadas en el tiempo en Madrid (plaza de Felipe II, Puerta del Sol, plaza de Cibeles, plaza de España, explanada del templo de Debod, puerta de Alcalá-plaza de la Indepedencia) fueron lideradas por el Partido Popular. Vox capitaneó las manifestaciones diarias que tuvieron lugar durante el mes de noviembre del 2024 ante la sede central del PSOE en la calle Ferraz, en las que participaron una amplia gama de entidades de extrema derecha, mientras en una parroquia vecina un grupo de feligreses se reunía a diario para rezar un rosario por la “salvación de España”.Fue el Noviembre Nacional. Fueron manifestaciones de notable envergadura, precedidas por una consigna de movilización general lanzada por el expresidente José María Aznar: “El que pueda hacer que haga, el que se pueda mover que se mueva”. Esta consigna está siendo muy recordada estas semanas ante la indiscutible aceleración de los investigaciones judiciales que afectan al PSOE, al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, y al entorno familiar de Sánchez. El Partido Socialista se halla hoy contra las cuerdas y en este contexto, Alberto Núñez Feijóo acaba de amnistiar a Carles Puigdemont.Lee tambiénEl jefe de la oposición ha proclamado de manera solemne esta semana que Junts ya forma parte de una nueva mayoría parlamentaria, una mayoría PP, Vox, Junts, Unión del Pueblo Navarro, Coalición Canaria, que acaba de aprobar en el Congreso una moción en la que se pide que Sánchez presente una cuestión de confianza, o dimita como consecuencia de la nube tóxica que envuelve al PSOE.Junts sigue sin querer dar apoyo explícito a una moción de censura liderada por Feijóo, pero se va moviendo, pasito a pasito, para alinearse con los populares. El líder de la oposición ha dicho: “Sánchez no puede desobedecer a la nueva mayoría parlamentaria”. Miguel Tellado, secretario general del PP, ha sido más directo: “Lo que sucedió en Catalunya en el 2017, sucedió en el 2017. Ahora el problema no es la secesión, ahora el problema es que una banda criminal gobierna España y hay que echarlos”. Hace tiempo que el PP deseaba dar ese paso y pronunciar esas palabras. La derecha española ha cruzado el río Ter y pronto Carles Puigdemont volverá a pasear por Girona.Estaba escrito que pasaría. El 16 de marzo del 2024, al presentar un libro sobre los últimos veinte años de política española (España, el pacto y la furia, Arpa ), dije que se empezaba a entrever una futura “convergencia táctica” entre PP y Junts. Algunas personas se sorprendieron y me preguntaron si estaba seguro de ello. Las cosas parecían ir en dirección contraria.La amnistía para el independentismo catalán significa 'todos dentro', contador a cero y posibilidad de cambiar de bandoEn las calles de Madrid, el PP clamaba contra la ley de Amnistía, las bases más movilizadas de la derecha española gritaban “¡Puigdemont a prisión!” como si no hubiese un mañana; Aznar pedía la movilización del aparato del Estado para impedir que esa ley se aprobase; la alta magistratura se sentía terriblemente ofendida, había un fuerte malestar en la Guardia Civil y en el Cuerpo Nacional de Policía. Incluso el Rey fruncía el ceño y algunos interpretes decían que estaba enfadado. ¿A quién se le podía pasar por la cabeza que PP y Junts volviesen a trenzar acuerdos? Estaba convencido de ello. Habría pactos. Estaba escrito que PP y Junts volverían a entenderse en base a la afinidad de sus propuestas económicas y fiscales, en base a un creciente antisocialismo entre sus votantes, en base a las 'condiciones objetivas' de la historia, factor que nunca hemos de menospreciar, aunque no lo debamos sacralizar. La política se está endureciendo en toda Europa, bajo influjo americano. El giro a la derecha va de Lisboa a Varsovia. Hoy en el Ruedo Ibérico se está toreando al último gobierno de izquierdas que queda en Europa en un país de grandes dimensiones. La ley de Amnistía abría esa puerta. Ahora lo vemos con total claridad. Tellado lo acaba de explicar al galaico modo: “Lo que sucedió en 2017, sucedió en 2017”. Feijóo dice que Junts ya forma parte de su mayoría parlamentaria. Y Junts juega con la finta Starmer, consistente en pedir a Sánchez que dimita como ha hecho esta semana el primer ministro británico, para ir a la investidura de otro presidente socialista. Una dimisión que saben que no se va a producir, puesto que sería el suicidio del PSOE. Sacrificando ahora a Sánchez, los socialistas asumirían todas las toneladas de material tóxico que les están cayendo encima, en una ofensiva judicial, política y mediática que nos recuerda la fase final de Felipe González en los años noventa. En aquella ocasión, las irregularidades imputables al Gobierno eran mucho más graves. La agresividad es ahora superior. En aquel entonces, González no pidió la dimisión de sí mismo.En Junts saben que Sánchez no va a dimitir, pero la finta Starmer les ayuda a cambiar de carril, sin que sus votantes más renuentes a la derecha española se escandalicen. Lee tambiénLa amnistía significa “todos dentro”. Lo escribí por primera vez el 9 de noviembre del 2023, inmediatamente después de cerrarse el pacto entre el PSOE y Junts para la investidura de Sánchez. “El acuerdo abre la puerta a un escenario político que ha escaseado en la historia contemporánea de España: todos dentro. Todos los partidos, fuerzas y corrientes dentro del juego institucional, sin un pie en la clandestinidad, en la ilegalidad, en el exilio, en el extrañamiento o en el boicot. A partir de hoy todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento español son plenamente operativas para participar en la gobernación del país, mediante coaliciones, pactos, alianzas o acuerdos puntuales. Nadie queda fuera. Puede parecer una obviedad, pero no lo es. A lo largo de la historia de España, si nos remontamos al siglo XIX –podríamos ir más atrás–, son escasos los momentos históricos en los que se ha podido afirmar: ¡todos dentro!”Ese “todos dentro” es hoy perfectamente visible. Feijóo y Tellado acaban de amnistiar a Puigdemont, antes de que se pronuncie el Tribunal de Justicia de la Unión Europea el próximo 16 de julio. Se han adelantado al TJUE, invocando una “urgencia nacional” que puede ser entendida por sus electores: “hoy la prioridad es echar a Sánchez”.Muchos votantes de Junts, quizá no la mayoría, seguramente, comparten esa urgencia. Muchos simpatizantes de la potencial Aliança Catalana (escisión a la derecha de la base social convergente), seguramente la mayoría, sí comparten esa urgencia. En la antigua base de CiU ya existía un fuerte fermento antisocialista, antiizquierda, que Jordi Pujol, el político más inteligente que ha tenido Catalunya en muchos años, más democristiano que reaccionario, se encargaba de modular, frenar o estimular según las circunstancias, Pujol, católico montiniano (católico en la estela de Pablo VI), siempre fue más amigo de los comunistas, a los que conoció en la cárcel de Zaragoza en los años sesenta, que de los socialistas.La base social del nacionalismo catalán se ha movido a la derecha, siguiendo la pauta de casi todos los países europeosPujol modulaba. Hoy, a sus 96 años, mantiene una gran lucidez, pero ya no está en condiciones de dirigir pedagógicamente a un electorado fragmentado, muy cambiado por el relevo generacional, por las nuevas corrientes de aire del mundo y muy resentido por el evidente fracaso del procés. La base social convergente se ha movido a la derecha, siguiendo la pauta de casi todos los países europeos. Todos los electorados del centroderecha tradicional europeo se han radicalizado, siguiendo el reclamo norteamericano. La expresión centroderecha ha dejado de tener sentido en Europa. ¿Por qué Catalunya iba a ser una excepción?El procés enmascaró ese proceso de derechización. Durante los siete años de giro soberanista del nacionalismo catalán (2010-2017), Convergència, partido muy plástico, con mucha capacidad de adaptación al terreno -he ahí otra de las enseñanzas de Pujol-, empezó a hablar un lenguaje de centroizquierda cuasi progresista, progresista naif incluso, puesto que no le quedaba más remedio que pactar primero con ERC y después con la CUP. No era ese su lenguaje natural. No era esa su mirada. Dentro de unos meses, Junts todavía tendrá mayores deseos de radicalizarse contra los socialistas. Cuando Puigdemont regrese a Catalunya y observe en directo el pálpito de muchos de sus antiguos votantes, ese antagonismo será más intenso.No debería extrañarnos que en otoño Junts se plantee votar a favor de una moción de censura del PP, alegando que le ofrecieron una salida a Sánchez y que él la desdeñó. Según cuál sea la evolución de las investigaciones judiciales, esa circunstancia puede llegar a darse. Si el presidente del Gobierno acabase siendo investigado y el Congreso de los Diputados tuviese que votar un suplicatorio, Junts podría votarlo, aunque Sánchez se haya jugado el tipo con la ley de Amnistía.Estamos hablando de política. Cabe suponer que el PSOE no ha cometido la ingenuidad de pensar que la ley de Amnistía era un bono que le garantizaba de manera perpetua una alianza parlamentaria de centroizquierda. El bloque de la España plurinacional, tantas veces invocado por la izquierda, existe y no existe, está vivo y está muerto, como aquel célebre gato de la física cuántica. Hoy está mucho más muerto que vivo. PNV y Junts no son dos costillas de la izquierda española. El PNV tiene una buena química con los socialistas vascos desde hace muchos años, una sintonía que la cultura política convergente jamás ha tenido con el PSC, su gran adversario electoral. Es también altamente improbable que Junts quiera votar unos presupuestos generales del Estado a finales de año y ya veremos si votan el techo de gasto, paso imprescindible para que las cuentas del 2026 se sometan a trámite parlamentario. Junts hoy casi forma parte de otra mayoría parlamentaria. Y ese es un dato fundamental. La moción aprobada este pasado jueves por el Congreso no obliga a Sánchez a nada, pero modifica la dinámica de una crisis política muy acelerada. Elecciones en otoño del 2026 o en febrero/marzo del 2027, antes de las elecciones municipales y autonómicas de mayo del año que viene. Las elecciones serían en otoño si las cosas se complicasen gravemente para Sánchez en las próximas semanas. Hay una evidente conjunción de fuerzas que trabaja en esa dirección. Desbordarle y obligarle a convocar en el 2026 sería la estocada final. Convocar en el 2027, aunque sea para marzo, después de haber sometido un presupuesto a discusión, tendría otro significado. Se está batallando ahora por el momento electoral y por su significado. Estaba escrito. La amnistía conlleva la posibilidad de cambiar de bando. La amnistía ha desdramatizado Catalunya y al desdramatizarla han resurgido con fuerza los intereses primarios de sus diferentes grupos sociales. Todo vuelve a ser verdadero. Eso es lo que está ocurriendo.Todos dentro. Ese todos dentro podría estropearse en la próxima legislatura. En el Ruedo Ibérico siempre hay alguien que es empujado hacia afuera. Pueden reaparecer tensiones fuertes en el País Vasco, mientras en Catalunya todos calculan concienzudamente quién pactará con quién. Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
Feijóo amnistía a Puigdemont
El PP dice que el 2017 queda lejos y que Junts ya forma parte de la mayoría parlamentaria que quiere echar a Sánchez









