El pescado es una pieza clave de la dieta mediterránea, pero su disponibilidad no sería posible sin la acuicultura. Gracias a este sector se garantiza una fuente estable de alimentos ricos en nutrientes esenciales y se contribuye a la salud pública

Cuando llegan los meses más cálidos del año y buscamos comidas ligeras, frescas y nutritivas, el pescado coloniza nuestra mesa. Los datos de consumo lo confirman: según el Ministerio de Agricultura, en verano la compra de alimentos acuáticos, es decir, los procedentes de la acuicultura y la pesca, aumentan de forma notable respecto a los meses anteriores. Algunas especies, como la lubina, registran un crecimiento de hasta el 40%.

Tanto si se disfruta en una comida junto al mar o en casa, a la sal o a la plancha, el pescado sigue siendo uno de los grandes pilares de la dieta mediterránea. Otras especies como el rodaballo, la dorada, la trucha arcoíris, el atún rojo, la seriola, la anguila, el lenguado o el esturión, entre muchas otras variedades de mar y río, apetecen más que nunca con la llegada de las altas temperaturas. Todos estos ejemplares no solo aportan platos ligeros ideales para los días de calor, sino también una amplia variedad de nutrientes esenciales que contribuyen a una alimentación equilibrada y a la prevención de enfermedades.