Ciclo: Jueves Flamencos / Recital: Estreno de 'A cuerda pel�', de Diego del Morao / Guitarra de concierto: Diego del Morao / Lugar y fecha: Teatro Cajasol, de Sevilla. 25 de junio de 2026CALIFICACI�N: ****El t�tulo del concierto de Diego del Morao, 'A cuerda pel�', nos retrotrae de inmediato al maestro Diego del Gastor (Arriate, 1908 - Mor�n de la Frontera, 1973), el genio que forj� lo que llamamos 'El toque de Mor�n', donde las seis cuerdas de la guitarra retiene tenazmente la sencillez de los tiempos pasados -adm�tase ejecuci�n sin armon�as-, antes de que el instrumento se convirtiera en una herramienta de virtuosismo atl�tico, cuando todav�a era un medio genuino y primitivo de expresar lo hondo.Si en aquellos a�os Ni�o Ricardo era la musicalidad y Melchor de Marchena la maestr�a en el acompa�amiento, Diego del Gastor era la m�sica en estado remoto, el toque 'A cuerda pel�', donde la t�nica dominante es la pulsaci�n del pulgar, la hegemon�a del bord�n y el rasgueado, esto es, la hondura expresiva, la cercan�a de lo profundo, que es, en realidad, la consigna, la expresi�n m�s jonda. En definitiva, la profundidad donde, desde el primer bordonazo, la m�sica nos entregaba su mayor secreto: el duende.Ese era, pues, el prop�sito del concierto de Diego del Morao, propenso a la agilidad y vivacidad de la ronde�a, que tienen mucho que ver con la atm�sfera de esa escuela que es un monumento a la sencillez profunda, a la candidez ejecutora, pero tambi�n a la sinceridad y pureza de sentimientos que requieren fantas�a y una chispa calmante, con pulso n�tido, con contrastes y sin ligereza.Hab�a concentraci�n m�xima en el guitarrista. Tanta que ni se percat� c�mo una chica aparec�a por el escenario con un bolso colgado sobre el hombro. Incre�ble. En tanto el cr�tico permanec�a atento a los sonidos en expansi�n del hijo de Mora�to Chico, como el vertido en la taranta, con la sensaci�n de ir m�s all� del instrumento que lo produce. Quiero decir que es un sonido que parece quedarse en la cara del oyente, particularidad heredada del padre sin duda, al que a�adimos su resonancia, evidenciada con emisiones bien enhebradas, compactas y con la redondez que ha de tener un guitarrista.�tem m�s. Diego del Morao conoce el instrumento cord�fono y tiene buen gusto para elegir las composiciones y los espejos en los que mirarse, como cuando se reflej� en Paco de Luc�a, entre otros, pero tambi�n tiene otros caminos para abordar, tal que la sole� a ritmo, ejecutada con esmerada penetraci�n, y sin olvidar la naturalidad, tan innata, que otorg� a la seguiriya dedicada a su compa�ero y paisano Miguel Salado, fallecido el pasado jueves 11 de junio, toque que fue como un paradigma del trazo que conmueve, sin rudeza, pero con pasajes que quedaron perfectamente acentuados.La reflexi�n inmediata es que quien tiene hambre, necesita comer. Obvio, y un compositor pide componer, como Diego del Morao, que en la buler�a avanzada exige que se le escuche con los o�dos del alma, porque as� es como se enmascaran las posibles fallas y engalanan las virtudes musicales de otros g�neros, sin que ello signifique restar brillo a las posibilidades sonoras, hecho que constat� en el recorrido sobre el diapas�n.Quiero decir que el jerezano puede pronunciarse desde el tango-rumba a la balada, e incluso acogerse a aportes jazz�sticos. Da lo mismo, porque todo lo emite con unos registros que tendr�n todas las connotaciones simb�licas que se quiera, pero que gusta al aficionado a la guitarra de este tiempo.Fue la suya, en tal sentido, una lectura limpia, lac�nica pero depurada y llena de eficacia transmisora, que la advertimos, adem�s, luminosa, transparente y expositiva, con marcada solvencia en las cuerdas con la mano derecha y transitando con la izquierda desde la brillantez por el diapas�n, donde percib�amos como un murmullo de incisivo crepitar, abundando as� en la emoci�n transcendental que apuntaba su propuesta.'A cuerda pel�' fue, por tanto, un recital solvente por su flamenquer�a, y audible por su nitidez y firmeza, construido en general desde una arquitectura moderna pero perfectamente empastada, sin olvidar la buler�a de cierre, org�smicamente jerezana al emular a su padre, Moraito Chico, consumada desde una expresividad sublime, con una gran riqueza de acentos en la mano derecha, pero tambi�n con soltura en la izquierda, lo que quiz� explique por qu� Diego del Morao llega a conmover.La propuesta fue, en consecuencia, sugerente, no por las alt�simas cotas de exigencias de recursos y creatividad del siglo XXI, sino por el impacto emocional que, en definitiva, es el valor objetivo de la guitarra flamenca.