Espa�a tiene una brecha del 15% en productividad respecto de la UE. La soluci�n pasa por modernizar el tejido empresarial para absorber el talento sobre cualificado y transformar la gesti�n para que la tecnolog�a multiplique las capacidades, no como mera automatizaci�n. Vivimos un momento de cierta alegr�a laboral, si no uno de los mejores momentos para el empleo. Los �ltimos datos del Instituto Nacional de Estad�stica (INE) revelan que el n�mero de ocupados se sit�a en 22,2 millones de personas. Son m�ximos hist�ricos alimentados por el impulso del empleo que todos los a�os deja la primavera. La tasa de paro en Espa�a se consolida por debajo del 10%. Aunque no se pueden lanzar campanas al vuelo, la paradoja es que este despertar del mercado laboral no est� alineado con la productividad. Los �ltimos datos de Eurostat y la OCDE confirman que Espa�a se encuentra un 15% por debajo de la Eurozona. Por ejemplo, si se toma la media de la UE-27 como base 100, nuestro pa�s se sit�a en torno a 90-94 puntos, mientras que Alemania, Francia o B�lgica superan los 115-120 puntos. Hay un dato que ilustra esta brecha de forma contundente: un trabajador en Espa�a produce en una hora casi un 25% menos que uno en Alemania o Francia.Los or�genes�Por qu� somos menos productivos que nuestros vecinos europeos? "La principal diferencia es la capacidad para transformar recursos en valor. Espa�a no carece de talento, ni de empresas din�micas, ni de inversi�n en tecnolog�a. El reto est� en la conversi�n, es decir, en c�mo se traducen esos activos en mejores decisiones, eficiencia, innovaci�n, crecimiento y resultados", afirma Ignacio Mazo, vicepresidente de BTS. Todo apunta a que invertir en tecnolog�a no es la panacea de la eficiencia en el puesto de trabajo. Las empresas tienen que transformar sus procesos, es decir, la manera de hacer las cosas. Eso pasa por capacitar a sus equipos, alinear la tecnolog�a con los objetivos de negocio e invertir con sentido com�n.Mazo reconoce que durante a�os se ha explicado la productividad "casi exclusivamente desde factores macroecon�micos, estructura sectorial, regulaci�n, tama�o empresarial o intensidad inversora". Cree que todos ellos son relevantes, pero su experiencia le dice que aquellas empresas que invierten en tecnolog�a, formaci�n, nuevos modelos operativos o procesos de transformaci�n no siempre consiguen una evoluci�n real en la forma de trabajar. Asegura que "la productividad mejora cuando cambian los comportamientos, las prioridades, los sistemas de gesti�n, la toma de decisiones y la capacidad de los equipos para ejecutar la estrategia".Las evidenciasUna de las evidencias que confirma que hay que poner cabeza a la hora de invertir en tecnolog�a la recoge el informe The State of Organizations 2026, de McKinsey & Company: la productividad no vendr� de automatizar tareas rutinarias -eso ya se ha hecho-, sino de la aumentaci�n. Las organizaciones que ganar�n la carrera de la productividad son aquellas que ya est� redise�ando los puestos de trabajo para que la IA act�e como un copiloto. Esto permite que los empleados destinen sus esfuerzos a tareas de mayor valor a�adido: la productividad aumenta no porque se trabaje m�s horas, sino porque el "techo" de lo que un s�lo empleado puede producir ha subido dr�sticamente.Rafael Vara, CEO de Lukkap, lleva estos datos a la realidad y desmonta uno de los t�picos: "El espa�ol no trabaja poco, dedica unas 1.700 horas anuales frente a las 1.343 de un alem�n. Pero cada una de esas horas genera menos valor. La productividad por hora en Espa�a apenas alcanza el 63-64% de la alemana o la francesa, y lo verdaderamente revelador es que esa brecha no se ha movido en un cuarto de siglo: era del 61% en el a�o 2000". Mazo insiste en que "la productividad actual depende cada vez m�s de activos organizativos: liderazgo, coordinaci�n, claridad estrat�gica, cultura de accountability, gesti�n del talento, aprendizaje continuo y velocidad de adaptaci�n. Ah� Espa�a tiene un margen de mejora relevante".El lastreAlgunas voces aseguran que el modelo productivo espa�ol basado en sectores de bajo valor a�adido, como hosteler�a o construcci�n, hacen un flaco favor a la productividad. Vara cree que el problema no es tener turismo o construcci�n: "Dinamarca tiene una agricultura puntera y Suiza una relojer�a de lujo. La clave es competir en esos sectores por volumen y precio en lugar de por valor". Explica que Espa�a ha optado durante d�cadas por un modelo extensivo: "Crecer a�adiendo trabajadores baratos en vez de un modelo intensivo que eleve el valor por hora (...) Si ponemos a las personas en el centro y nos convertimos en compa��as customer centric, nos damos cuenta que la excusa del sector es un mito".Mazo coincide en que el modelo productivo influye: "Hay sectores que, por su propia naturaleza, presentan niveles de productividad aparente inferiores a los de actividades intensivas en tecnolog�a, conocimiento o capital. La hosteler�a, parte del turismo o la construcci�n tienen m�s dependencia del trabajo presencial, de la estacionalidad y de procesos menos escalables. Eso condiciona la productividad agregada de un pa�s". Subraya en que la especializaci�n sectorial importa, pero no es una excusa: "Incluso en sectores tradicionales hay margen para innovar, simplificar, automatizar, formar mejor y gestionar de forma m�s excelente".Fuga de cerebrosEspa�a posee una de las poblaciones j�venes con mayor tasa de graduados de la UE y, sin embargo, parece que el mercado laboral no es capaz de absorber ese talento para puestos de alta productividad. Mazo asegura que es el resultado de una desconexi�n entre el nivel educativo de la poblaci�n y la capacidad del tejido productivo para generar puestos de valor a�adido: "Espa�a necesita m�s empresas capaces de absorber talento cualificado, pero tambi�n mejores sistemas de gesti�n del talento dentro de las empresas existentes. Eso implica pasar de gestionar puestos a gestionar capacidades".Vara recuerda que Espa�a lidera la sobre cualificaci�n europea: el 35,8% de nuestros titulados superiores ocupa puestos por debajo de su nivel, frente al 22% de media en la UE. Se�ala que el cuello de botella no est� en las aulas, sino en un tejido productivo incapaz de generar suficientes puestos de alta cualificaci�n que absorban ese talento: "La fuga de cerebros no es una patolog�a, sino una respuesta racional: el talento, como el capital, fluye hacia donde obtiene mayor rendimiento. Formamos ingenieros con dinero p�blico para que prosperen en M�nich o �msterdam; es la peor exportaci�n imaginable, porque consiste en subvencionar la productividad ajena".Autónomos (3,4 millones) y pymes (2,9 millones) colocan a España a la cabeza de Europa. Sin embargo, las políticas laborales y fiscales no ayudan a que las microempresas crezcan y se conviertan en medianas ... de manera que pierden las economías de escala necesarias para ser productivas.Rafael Vara, CEO de Lukkap, recuerda que "la economía española padece lo que la literatura denomina 'el escalón perdido': el 95% de nuestras empresas son microempresas, frente al 82% de Alemania, y sólo el 0,12% son grandes, una cuarta parte del peso que tienen allí". Apunta que el ordenamiento español está sembrado de umbrales, "los célebres saltos fiscales, contables y laborales al rebasar ciertos tamaños", que operan como un impuesto implícito al crecimiento, de modo que al empresario le resulta racional seguir siendo pequeño. Asegura que "el resultado es un enanismo deliberado que nos priva de las economías de escala, de la capacidad de invertir en intangibles y de competir globalmente: la microempresa española llega a producir hasta un 50% menos que su equivalente europea. Mientras premiemos normativamente la pequeñez, seguiremos cultivando improductividad".Para Ignacio Mazo, vicepresidente de BTS, el debate no debería limitarse a las barreras regulatorias: "La pregunta de fondo es por qué algunas empresas consiguen escalar y otras no. Nuestra experiencia nos dice que crecer no es sólo contratar más personas o facturar más, crecer implica cambiar el modelo de gestión". Destaca que muchas empresas españolas nacen con una gran capacidad técnica, comercial o emprendedora, pero no siempre desarrollan al mismo ritmo sus capacidades organizativas: "Una compañía de 20 empleados puede funcionar con liderazgo muy directo, comunicación informal y decisiones centralizadas en el fundador". Concluye Mazo que el tamaño por sí solo no garantiza productividad: "Lo decisivo es que la empresa que crece aprenda también a gestionarse de otra manera".
Descubra los frenos de la productividad
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