Opinión

Editorial

EDITORIALLos terremotos tienen una característica que los distingue de casi todos los demás desastres naturales: nadie puede predecir el momento exacto en que ocurrirán.

Comenzamos con una pregunta retórica: ¿Estaba Venezuela preparada para un terremoto? Como cuestionamiento concreto, ciudadano y gubernamental, podemos preguntar ¿Está Guatemala preparada para un terremoto? Y no nos referimos solo a esos simulacros de evacuación que rompen la rutina laboral en cualquier día y sirven para tratar de fomentar, anticipadamente, la calma durante un evento telúrico: la respuesta también abarca las normas antisísmicas para la construcción de viviendas de todo tipo, el ordenamiento territorial para que no se ocupen zonas de alta vulnerabilidad y, por supuesto, la investigación y monitoreo científico de las fallas tectónicas del país.

Los terremotos tienen una característica que los distingue de casi todos los demás desastres naturales: nadie puede predecir el momento exacto en que ocurrirán. Sabemos que pueden ocurrir, sobre todo en un territorio surcado de fallas. El trágico doblete sísmico ocurrido en Venezuela es un recordatorio contundente. Van unos 200 fallecidos y mil heridos, pero las operaciones de descombramiento de edificios derrumbados no han comenzado y tal cauda mortal aumentará. Las operaciones de rescate continúan, mientras la comunidad internacional moviliza ayuda humanitaria y equipos especializados.