Ser un campeón nacional ya no es lo que era. El Gobierno alemán acaba de anular un contrato por el que Rheinmetall habría sido la adjudicataria principal de un programa de 13.000 millones de euros para construir fragatas destinadas a las fuerzas navales del país. La caída del 15% en la cotización del contratista de defensa alemán borró más de 8.000 millones de euros de su capitalización bursátil, muy por encima del beneficio que Rheinmetall habría podido esperar del contrato. También sugiere que los inversores están reevaluando la rápida expansión del grupo y su condición de proveedor armamentístico de referencia para Berlín.El plan para construir seis fragatas F126 para la Armada alemana parecía condenado desde el principio. Adjudicado por primera vez hace seis años al astillero neerlandés Damen, el contrato estuvo plagado de sobrecostes y retrasos, lo que llevó a Berlín a pedir a Rheinmetall que tomara el relevo. Y resulta que el grupo alemán, cuya principal especialidad es la fabricación de tanques y munición, planeaba diversificarse hacia la defensa marítima. Eso propició la compra, el año pasado y por 1.400 millones de euros, de la división de buques de guerra del constructor naval Lürssen.Pero que Berlín planee gastar 780.000 millones de euros en los próximos cinco años para convertirse en la mayor potencia militar de Europa no significa que vaya a derrochar el dinero a la ligera. En cualquier caso, el Bundestag, el Parlamento del país, tiene una larga tradición de austeridad a la hora de gastar el dinero de los contribuyentes. Además, debe dar luz verde a cualquier pedido de compra que supere el reducido umbral de 25 millones de euros.Rheinmetall, asimismo, no puede esperar comportarse como un cuasimonopolio ni siquiera en Alemania. El principal beneficiario de la derrota de esta semana será otro constructor naval alemán, TKMS , el astillero que Thyssenkrupp escindió en octubre del año pasado. Berlín ha decidido encargar fragatas más pequeñas a la compañía, lo que disparó sus acciones un 9% el miércoles [ayer bajó un 5,5%].A Armin Papperger, presidente y consejero delegado de Rheinmetall, nunca le ha faltado confianza. En marzo restó importancia a los conocimientos tecnológicos de los fabricantes ucranios de drones y los comparó con niños “jugando con Legos”. Debería prestar más atención a lo que le están diciendo sus inversores. Las acciones de Rheinmetall acumulan ahora una caída del 40% en el último año, el peor comportamiento de un sector que se ha mantenido plano, según el índice Stoxx Europe Targeted Defence. Eso ha situado la valoración del grupo alemán, incluida la deuda, en línea con la media de sus comparables, en torno a 13 veces su ebitda previsto para los próximos 12 meses, según nuestros cálculos basados en estimaciones recopiladas por LSEG.La lección para Rheinmetall puede ser que no puede dar por sentado que será el proveedor por defecto del Ejército alemán ni seguir fabricando de todo para todos los mercados. Por tanto, la humillante caída de la cotización del miércoles puede ayudar a centrar la atención de su consejero delegado en lo que la empresa puede ofrecer realmente.El gasto en defensa ahoga a RusiaVladímir Putin está asediado. Crimea, la región que el presidente ruso se apropió y ocupó en 2014, se ha convertido en una metáfora de las penurias financieras de su Gobierno. El territorio se asfixia después de que aviones ucranios dañaran su único puente con Rusia, mientras los drones golpean sus carreteras de acceso e infraestructuras. Kiev amenaza con convertir la península en una isla. De vuelta en Moscú, el rápido aumento del gasto en defensa asfixia el presupuesto del Gobierno central. Putin tiene todavía los medios para proseguir su guerra contra Ucrania, pero solo puede hacerlo empobreciendo a su propio país.El Gobierno ruso planeaba reducir el presupuesto de defensa como proporción del PIB, de casi el 8% en 2025 a algo más del 6% este año, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri). En cambio, incrementó el gasto militar un 30% en el primer trimestre del año respecto al mismo periodo de 2025, hasta el 12% de la producción. El gasto en defensa asciende ahora a casi la mitad del presupuesto, señala Janis Kluge, investigador del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.Los responsables de la política económica –una rara isla de gestores racionales en la órbita de Putin– han intentado advertirle de las consecuencias del gasto militar desbocado. Las fábricas que producen material militar se están recalentando, y Moscú debe pagar salarios cada vez más altos a los soldados que intenta reclutar para combatir en Ucrania. Pero el resto de la economía se está frenando hasta detenerse: las previsiones oficiales de crecimiento para este año se han rebajado del 1,5% al 0,4%. Y, pese a las advertencias de sus ministros, Putin parece negar la realidad al insistir en que la desaceleración es normal tras el crecimiento de los últimos años.Los mayores ingresos petroleros del segundo trimestre del año proporcionarán cierto respiro, pero los precios del crudo ruso Urales están de nuevo en su nivel de finales de febrero y podrían mantenerse ahí si persiste un acuerdo entre Irán y EE UU sobre el estrecho de Ormuz. Y una divisa relativamente fuerte, sostenida por los altos tipos de interés del banco central, limita la cantidad de rublos que el Gobierno obtiene de los impuestos petroleros denominados en dólares.El presidente ruso anunció una rebaja de los tipos de interés y la contención de la inflación a principios de este mes, antes de que el banco central se hubiera reunido. La gobernadora del Banco de Rusia, Elvira Nabiullina, lo contradijo la semana pasada al bajar los tipos solo unos minimalistas 0,25 puntos porcentuales, hasta el 14,25%. Advirtió de que la lucha contra la inflación –ahora del 5,3% anual– está lejos de haber terminado, y mencionó el creciente déficit presupuestario como una de las principales causas.Los generales ucranios parecen capaces de enviar drones sobre San Petersburgo, Moscú y la infraestructura petrolera rusa cuando lo consideran oportuno. Putin está en un aprieto. Puede que en algún momento sienta la tentación de eliminar unas reglas presupuestarias relativamente sólidas y una política monetaria estricta, y de deshacerse de los funcionarios que se han mantenido firmes en los últimos años. Esa sería la mejor receta para hundir a la economía rusa en una caída en picado fatal.