S�nchez tiene un mensaje muy ensayado: �l protege y asegura derechos que la derecha quiere anular.Aunque el liderazgo de Pedro S�nchez fuese un camino de p�talos de rosas en lugar de ser uno de pedruscos y de espinas, su tiempo en el poder estar�a tocando a su fin. A S�nchez, investido presidente del Gobierno en 2018, solo Emmanuel Macron, que gan� las presidenciales francesas el a�o anterior, le supera como l�der longevo al frente de uno de las grandes pa�ses europeos.El intenso e inquieto intelectual que hace tiempo dej� de ser el J�piter de la pol�tica ya se habr� despedido del palacio del El�seo por estas fechas el a�o que viene. �Seguir� S�nchez para entonces en el de La Moncloa como �nico ejemplar que certifica la resistencia de la cual es capaz de demostrar un impopular veterano de la pol�tica?Los sondeos dicen que eso es imposible porque el futuro pertenece a una coalici�n de derechas. Pero, un sexto sentido dice que S�nchez no lo tiene todo perdido. Ning�n presidente del Gobierno desde la restauraci�n de la democracia en Espa�a ha estado tan apegado al poder como �l. Y ninguno ha mostrado tanta habilidad como S�nchez para mantenerse al frente de un gobierno a pesar de perder una elecci�n tras otra.Se sabe que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Y, tambi�n, que la depravaci�n del l�der se corresponde al tiempo que lleva ejerciendo el poder. Cuanto m�s se mantiene el liderazgo, m�s se desgasta �ticamente quien lo ostenta. Por eso ah� donde impera la democracia liberal y al contrario de lo que es la norma entre jeques, chavistas, comunistas chinos y l�deres de la Federaci�n Rusa y de las exrep�blicas sovi�ticas, el tope para la permanencia en el poder suele ser el de dos legislaturas.Con buen criterio la constituci�n de Estados Unidos limita los mandatos presidenciales sucesivos a dos de cuatro a�os y la francesa a dos de cinco. Las legislaturas de los reg�menes parlamentarios var�an entre cuatro a�os, Espa�a, Jap�n y Alemania, y cinco, Italia, Canad� y Reino Unido. y, por regla general, los l�deres que se prolongan m�s all� de ese tope de una sola repetici�n dejan un mal recuerdo de su paso por el poder.El esclarecedor pleno del mi�rcoles mostr� que S�nchez, aun estando solo y a la defensiva en una c�mara fragmentada, piensa que ser� la excepci�n que prueba esa regla. Cree a pies juntillas que �l est� en el lado correcto de la historia y que pasar� a ella como el dirigente que al obtener un tercer mandato impuls� un nuevo periodo constituyente acorde con la realidad de lo que era Espa�a en el siglo XXI.Los dirigentes que se a�slan de la realidad en una torre de marfil le dan vueltas y m�s vueltas a lo que consideran que es su destino y su lugar en la historia. S�nchez tiene claro lo que son los suyos y nada ni nadie frenar� su avance hacia ellos. "�C�mo no vamos a continuar?", fue la pregunta ret�rica que lanz� al pleno del Congreso de los Diputados.En el mejor de los mundos imaginables, S�nchez quiere que futuros cronistas de esta �poca le alaben por haber desafiado como miembro de la OTAN a los Estados Unidos de Donald Trump, por representar a los que menos tienen en el Sur Global y por haber introducido en Espa�a una Carta Magna volcada en valores ilustrados y republicanos.Cambios de opini�nUn repaso de lo que ha ido pactando S�nchez a lo largo de dos legislaturas con sus socios y aliados en el Congreso y de sus "cambios de opini�n" a la hora de llegar a acuerdos da una buena idea del destino que le obsesiona y porque dice es obligada su continuaci�n en el poder. La constituci�n sanchista impondr� un cord�n sanitario a partidos que no compartan sus principios progresistas, reforzar� el poder ejecutivo y reflejar� un estado plurinacional.El socialismo nunca ha estado c�modo con la democracia liberal y ya dict� Alfonso Guerra en 1985 que "Montesquieu ha muerto". Ciertamente Guerra, que fue "faro" ideol�gico de los gobiernos de Felipe Gonz�lez, hoy dice cosas muy distintas y denuncia que un sanchismo "peligrosamente autocr�tico" est� llevando a cabo la deconstrucci�n del marco constitucional.Nada de eso lo dice Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, que en 2004 sentenci� que "la naci�n es un concepto discutido y discutible". El expresidente del Gobierno socialista es el "faro" de S�nchez o al menos lo era hasta ayer mismo. Zapatero alumbraba el sanchismo hasta que fue abierta su caja fuerte. Pero S�nchez denuncia el lawfare que acosa a su compa�ero y aparentemente sigue confiando en �l.El que S�nchez quiera perpetuarse en el poder abriendo un nuevo periodo constituyente no tiene por qu� ser la fantas�a de conspiranoicos de extrema derecha que se desahogan en las redes sociales. Una capa de la poblaci�n, que puede ser amplia o no serlo tanto seg�n los gustos, piensa que el presidente del Gobierno es capaz de alterar en beneficio suyo el marco constitucional y esto es algo sumamente grave en una democracia liberal.Es perfectamente posible que el presidente del Gobierno est� con la idea de que un profundo repaso a las normas de la convivencia c�vica es no solo necesario sino factible. Su ambici�n rupturista no deber�a sorprender porque es lo que cabe esperar de un narcisista que padece la pasi�n de mandar y de un adanista de los pies a la cabeza, como lo es S�nchez, que piensa que todo empieza y acaba con �l.Para satisfacer su desmedida ambici�n S�nchez cuenta, como todo el mundo sabe, con los partidos nacionalistas y para tener bien atado el futuro apoyo de todos ellos basta con que la alternativa al sanchismo sea un gobierno de derechas coaligado con Vox. Todo el mundo tambi�n sabe que a S�nchez no le costar� nada reconocer el derecho de autodeterminaci�n en el marco de una Espa�a pluriling�e y plurinacional y que prometer� un refer�ndum consultivo a los nacionalistas que desean pulsar las emociones independentistas.S�nchez cuenta tambi�n con la izquierda de esa izquierda que es la sanchista del voto cautivo y que es la suya. Las auton�micas en Andaluc�a, y tambi�n las de Arag�n, demostraron que el neocomunismo, o el socialismo del siglo XXI, retiene una capacidad de movilizaci�n nada despreciable. El sanchismo siempre podr� contar con esa muleta que puede ser Podemos, Sumar o cualquier reinvenci�n de ambas plataformas.La piedra angular del edificio constitucional que quiere construir S�nchez es el sistema clientelar que ha crecido con el sanchismo y es una piedra del m�s puro granito. El presidente del Gobierno tiene un mensaje muy ensayado y que consiste en que �l representa, protege y asegura derechos que la derecha quiere anular.Es el discurso de la defensa de lo p�blico frente a la codicia de las elites y del capitalismo de amiguetes. Es el victimismo de quien es atacado por los mismos que financian a Trump y apoyan el genocidio en Gaza. Es una arenga sencilla de elaborar que se divulga con facilidad y, puesto que el revanchismo pertenece al orden natural de las cosas, que se consume con apetito.CajaPara satisfacer al amplio p�blico clientelar, S�nchez dispone de "caja" gracias a una presi�n fiscal que no ha dejado de aumentar, a dineros europeos que siguen fluyendo y a un crecimiento econ�mico que aminora la marcha pero que mantiene un buen ritmo. El Estado de Bienestar ser� insostenible en otros lugares pero en la Espa�a de S�nchez goza de una insultante salud.Un tercer mandato es por lo tanto factible y es tanto m�s realizable si cuenta con el voto de los "nietos" que, con la nacionalizaci�n bajo el brazo, acudir�n a las urnas en los consulados y las embajadas de Espa�a en Latinoam�rica. A ellos les trae sin cuidado que S�nchez abra un rupturista y divisivo proceso constituyente.No as� en Espa�a, donde el grado de desconfianza con el sanchismo y con la legi�n de asesores en La Moncloa ha reducido a los niveles de "Torrente Presidente" el ambiente que se respira en cualquier bar de la vecindad a la hora del aperitivo. Quienes hostigan verbalmente a S�nchez en las contadas ocasiones que aparece en p�blico lo hacen porque desprecian la altaner�a. La hostilidad que genera el envanecimiento ha sido siempre un rasgo muy espa�ol.Pero los arraigados al espacio entre Hendaya y Gibraltar son, a la vez, educados y si se le insulta al presidente del Gobierno en la calle es porque el hartazgo con el sanchismo alcanza niveles descabellados. A S�nchez se le llama H d P a voz en grito porque se teme lo que el presidente del Gobierno es capaz de hacer para perpetuarse en La Moncloa.Si los colaboradores m�s cercanos de S�nchez se juntan en bandas criminales para defraudar a Hacienda qu� no har� �l con las urnas para escamotear lo que votan los electores. �No escond�a urnas detr�s de cortinas cuando el aparato socialista se dispon�a a decidir su continuidad como secretario general del partido?"C�mo no vamos a continuar", dice S�nchez. Los terceros mandatos suelen acabar en llanto y crujir de dientes. En el caso del de Frankenstein 2.0 eso es muy probable.
C�mo no va a continuar S�nchez
Aunque el liderazgo de Pedro S�nchez fuese un camino de p�talos de rosas en lugar de ser uno de pedruscos y de espinas, su tiempo en el poder estar�a tocando a su fin. A...










