La semana pasada, la consejera de Hacienda y Fondos Europeos en el Ayuntamiento de Zaragoza, Blanca Soláns, tuvo que pasar un complicado trance en la comisión del ramo: defender su gestión ante un duro informe de la Intervención que advertía de un panorama muy complicado si el Gobierno municipal no reducía gastos. Las portavoces del PSOE, Vox y Zaragoza en Común (ZEC) se mostraron muy críticas y entraron en detalles acerca de los riesgos destapados por el órgano de control: caída del ahorro neto y de la capacidad de financiación o un techo de gasto ya superado en el mismo Presupuesto de 2026, entre otros. Antes había sido el turno de la concejala no adscrita y tránsfuga de Vox, Marisa Gaspar, igual de elocuente pero en sentido contrario: “Enhorabuena, señora consejera. Por mi parte, nada que añadir”. Su respuesta despertó sonrisas irónicas en la oposición.
Desde que tomó posesión de su acta en relevo de Julio Calvo, exportavoz de Vox que se jubiló a principios de marzo, ya se sospechaba cuál podía ser el papel de la edil Marisa Gaspar en el Ayuntamiento. Sus declaraciones previas, abominando de las siglas que le representaron en las listas electorales –“No quiere trabajar, vive del mitin, de la soflama y del titular mensual”, se refirió a Santiago Abascal– llevaban a pensar en un apoyo a Natalia Chueca. Se da la circunstancia de que, sobre un total de 31 concejales, el PP tiene 15, a falta de uno para la mayoría. La marcha de Calvo, pues, podía desnivelar la balanza y otorgar a los populares una imprevista mayoría absoluta. Y pese a que en su toma de posesión quiso dejar claro que no iba a ser “la concejal 16 del PP” –tampoco “la cuatro de Vox”–, los hechos apuntan en otra dirección.







