Bajad las armasEl pueblo aturdido por los esc�ndalos y la inflaci�n y la falta de vivienda y el desorden migratorio ya solo se conecta al sanchismo para increpar al televisorPedro S�nchez recibe el aplauso de la bancada socialista en el Congreso.EUROPA PRESSActualizado Mi�rcoles,
junio
23:54Audio generado con IARecuerdo las cr�nicas parlamentarias de Gistau en 2014, cuando el bipartidismo ya se hab�a quebrado en las plazas y en los plat�s de televisi�n -donde triunfaban Pablo Iglesias y Albert Rivera-, pero el hemiciclo conservaba en formol la mayor�a absoluta de Mariano Rajoy. Anotaba David el desfase sociol�gico que lastraba el debate pol�tico en unas Cortes incapaces ya de representar las opciones urgentes que los ciudadanos expresaban en las encuestas y en los aud�metros. Bien, hoy ese desfase entre calle y Parlamento es a�n m�s abismal, pero no porque haya nuevos partidos a la espera de irrumpir con rastas y beb�s de teta en los esca�os sino por los dos centenares de esca�os apostados al pie de las agujereadas murallas del sanchismo. Es la cifra que otean sistem�ticamente los sondeos, y el implacable calendario judicial solo puede incrementar la magnitud del �ltimo boquete. El pueblo aturdido por los esc�ndalos y la inflaci�n y la falta de vivienda y el desorden migratorio ya solo se conecta al sanchismo para increpar al televisor en los programas nocturnos que denuncian el pen�ltimo mangazo, y para murmurar a la hora del desayuno su ansiedad anticipatoria como de d�a de la liberaci�n. Hace meses que nuestro Tony Montana de Tetu�n perdi� la mayor�a, como han vuelto a reconocer sus socios, pero su muro a�n no se ha derrumbado. El inquilino de palacio ya oye las sirenas de la polic�a, pero ha decidido no ahorrar a los espa�oles ni un solo d�a del espect�culo de su propia angustia, de su tortuoso colapso a c�mara lenta. Hasta el final -vamos, Cerd�n- har� que apuremos los minutos de esta basura dial�ctica, agotadora, est�ril, inasequible al reciclaje. Porque la gran diferencia entre 2014 y este instante es que entonces los mi�rcoles parlamentarios eran balsas de aceite, ajenos a la agitaci�n exterior de la nueva pol�tica, mientras que ahora las sesiones son duelos a navaja. Quiz� porque como avis� el autor del Quijote (por citar el libro de cabecera del presidente que situ� en Soria la cuna de Machado, seg�n nos jura su amanuense), en la naturaleza cada cosa engendra su semejante, y si el marianismo se escurri� entre los vapores analg�sicos de una licorer�a, el sanchismo solo pod�a desembocar en una reyerta de macarras con orden de busca y captura. Todos los diputados de ese Congreso embalsamado saben que la funci�n termin� hace mucho. Pero solo los que invistieron a Pedro contemplan el futuro con la angustia del animal en peligro de democr�tica extinci�n.












