Europa necesita reducir su dependencia energética y la apuesta para conseguirlo pasa por las moléculas verdes. Producidas en a partir de biomasa o de hidrógeno, están diseñados para sustituir total o parcialmente a los combustibles fósiles tradicionales, reduciendo significativamente las emisiones de CO2 de aquellos sectores en los que se emplean.A diferencia de la electricidad, estas moléculas verdes pueden almacenarse, transportarse y utilizarse en infraestructuras que ya existen. Por eso son una alternativa estratégica para descarbonizar sectores donde no es viable la electrificación, como la industria y el transporte marítimo, aéreo y pesado carretera.Las moléculas verdes prometen ser determinantes para reforzar la seguridad energética de Europa, mejorar la competitividad industrial y avanzar en la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, y así lo refleja el informe ‘¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?’, publicado por Moeve en colaboración con PwC y presentado en Bruselas ante responsables institucionales y líderes empresariales.La mitad de dependencia en 2040Este análisis, que está basado en fuente públicas e informes de consultoras, destaca que moléculas verdes como el hidrógeno renovable y derivados -amoniaco o metanol-, los biocombustibles de segunda generación o el biometano juegan un papel estratégico que contribuirá a reducir hasta un 50% la dependencia energética exterior de Europa en el año 2040. Las moléculas verdes pueden reducir significativamente la dependencia energética de Europa al permitir un mayor aprovechamiento de la producción local de energía renovable, al tiempo que apostar por ellas contribuye a seguir avanzando en los objetivos por la neutralidad climática, en el marco del Green Deal y del paquete normativo Fit for 55 y REPowerEU. En el escenario Net Zero, para 2050 estas soluciones podrían sustituir entre el 30% y el 50% de la demanda de combustibles fósiles y llegar a representar un tercio del mix energético de la Unión Europea. Son especialmente relevantes para sectores intensivos en carbono y difíciles de electrificar, como la industria pesada, la química o el transporte de larga distancia, que representan entre el 20% y el 25% de la demanda de energía primaria actualmente. Con el empleo de las moléculas verdes para descarbonizar estos sectores se podría reducir hasta un 22% las emisiones de CO2 de Europa en 2050.Límite al aumento de los preciosAunque el informe reconoce la existencia actual del ‘green premium’, referido al coste adicional que supone optar por tecnologías o productos con menor impacto ambiental frente a las opciones convencionales con mayores emisiones, concluye que el impacto económico se reduce a lo largo en la cadena de valor, limitando el aumento en el precio final para el consumidor a partir de 2030. Sirva como ejemplo que el transporte por barco de unas zapatillas de 100 euros desde Asia a Europa, únicamente añadiría un coste adicional de unos 50 céntimos en el caso de emplearse combustibles renovables. Se prevé que la diferencia de costes entre los combustibles fósiles y las moléculas verdes se reduzca a medida que aumente el coste de las emisiones de CO2, bajen los precios de las energías renovables y la producción de combustible a base de biomasa e hidrógeno gane eficiencia. Los biocombustibles de segunda generación, por ejemplo, que ya son utilizados en el transporte por carretera -HVO-, marino o aéreo -SAF (combustible sostenible de aviación, por sus siglas en inglés)-, se prevé que alcancen la paridad de costes con los combustibles fósiles en la década de 2030, y a ellos les seguirán los combustibles sintéticos basados en hidrógeno verde en la década de 2040.Acción coordinada para avanzarPara desglosar todo el potencial de las moléculas verdes, el informe hace hincapié en la necesidad de una acción coordinada entre las administraciones públicas e industria que acelere el desarrollo de estos ecosistemas, y para ello, se incluyen una serie de prioridades: • Impulsar marcos regulatorios que creen mercado y señales claras de demanda. • Establecer mecanismos de apoyo económico que permitan cerrar la brecha de costes en las fases iniciales. • Escalar infraestructuras e innovación en toda la cadena de valor: producción, transporte y almacenamiento. • Reforzar las alianzas público-privadas para movilizar inversión y alcanzar escala industrial. "La década actual es decisiva para sentar las bases que permitan el despliegue a gran escala en el futuro", destaca igualmente el estudio. Por eso las inversiones en infraestructuras, tecnología y cadenas de suministro serán determinantes para que Europa pueda desplegar moléculas verdes a gran velocidad a partir de 2030 y asegurarse así su competitividad y progreso económico a largo plazo.
Las moléculas verdes, la apuesta de Europa para reducir su dependencia energética
Las moléculas verdes prometen reducir la dependencia energética de Europa al permitir un mayor aprovechamiento de la producción local de energía renovable, hasta el punto de que contribuirán a redu...












