En plena Segunda Guerra Mundial, siendo Winston Churchill primer ministro del Reino Unido, este paró un taxi y pidió al conductor que lo llevara a la BBC. El taxista le ofreció sus disculpas y le dijo que no podía, puesto que Churchill iba a hablar por radio en media hora y no quería perdérselo mientras conducía por las calles de Londres. El premier británico quedó tan satisfecho de la respuesta que le dio una libra al chófer, pero ante el billete el hombre se lo pensó dos veces: “Me ha convencido, caballero. Suba, y al diablo con Churchill”. Henry Nicholls / AfpEn más de una ocasión, los británicos han sido tan fáciles de convencer como el taxista que cogió a Churchill aquel día en las inmediaciones del 10 de Downing Street. El Brexit es el resultado de la campaña llevada a cabo por ilustres trileros de la política, como Nigel Farage, que reconoció haber mentido en los costes y perjuicios de la UE para el Reino Unido, después de que su partido, el UKIP, fuera el principal impulsor de la salida. Lo sorprendente es que dos de cada tres británicos son hoy conscientes de que salir de Europa fue un error político y un desastre económico, pero aun así las encuestas dan a Farage como principal favorito a ganar las elecciones si se celebraran ahora. El hombre es el principal animal en tropezar dos veces con la misma piedra, los británicos trastabillan las veces que hagan falta.Se cumplen diez años del Brexit, que ha hecho caer el 8% del PIB y a seis primeros ministrosEl primer ministro, Keir Starmer, ha anunciado su marcha, ante su incapacidad de sacar al país de la crisis económica y social. Ocupará su lugar el alcalde de Manchester, Andy Burnham, figura emergente en el laborismo. La duda es si tendrá el valor de plantear la vuelta a la UE. Posiblemente, algunos de los que desean regresar al redil de Bruselas volverían a tirarse un tiro al pie, que amenaza con convertirse en deporte nacional.En el Reino Unido, la educación es cara, la sanidad es mala, los servicios sociales escasos, los impuestos altos y la vivienda imposible. Una parte del dinero dejó de pasar por Londres y miles de ejecutivos abandonaron la City. No hay nada perdido, pero todo va a la baja. Menos las temperaturas. Cosas del cambio climático. Ya hay quien ha empezado a plantar viñas. Siempre podrán olvidar las penas con sus vinos.