Keir Starmer, el primer ministro británico, acaba de anunciar su dimisión. En diez años, desde el referéndum del Brexit, en junio de 2016, el Reino Unido ha tenido seis primeros ministros y pronto, probablemente después del verano, tendrá el séptimo. La conservadora Liz Truss ocupó el cargo durante solo 49 días, el mandato más breve de la historia moderna británica. En las últimas elecciones generales, en julio de 2024, los laboristas obtuvieron 411 escaños, una mayoría aplastante, pero ahora están de capa caída, han tenido una estrepitosa derrota en las últimas elecciones regionales y locales, locales y regionales (perdieron más de 1400 concejales) y las encuestas anuncian la posibilidad de un próximo gobierno de Reform UK, el partido de Nigel Farage (para entendernos, la derecha trumpista).

Así las cosas, Andy Burnham, el popular alcalde laborista de Manchester, acaba de ser elegido diputado con el 54,8 % de los votos en la elección parcial de Makerfield, en el noroeste de Inglaterra. Ha derrotado a su principal oponente, el candidato de Reform UK con 20 puntos de ventaja, cuando las encuestas auguraban un resultado muy ajustado, y ha abierto así el paso para sustituir a Keir Starmer. Su victoria aplastante, escribe el periódico The Guardian, “hace casi inevitable la próxima llegada de Burnham a Downing Street”.