Los 40 y tantos golpes�Como pueblo, somos solo una sombra de lo que fuimos...�, dicen los ultranacionalistas brit�nicos. De Thatcher a la �poca eduardiana. Del periodo isabelino al Muro de Adriano. Se puede estirar tanto como la mentira y echar de menos la bonanza vivida bajo el rey Arturo, que ni siquiera existi�.Manifestaci�n en Trafalgar Square contra las pol�ticas de Reform Uk, favorito en las encuestas.APActualizado Viernes,
junio
00:12Audio generado con IAA mi padre le dio miedo volver a Inglaterra. La hab�a conocido en un programa de intercambio universitario que buscaba nativos para dar clases de espa�ol. Minti� en su solicitud sobre su nivel de ingl�s, que era cero, y se present� en un colegio con su maleta. Durante un a�o disfrut� de los Swinging Sixties. Al regresar a C�rdoba con el pelo largo se enfrent� a un severo tribunal familiar, cuyo veredicto consisti� en llamar a un barbero y pelarle casi como si fuera un hereje protestante. Regres� tiempo despu�s con mi madre en su viaje de novios en 1972.En 2014, mi hermano me propuso que juntos le compr�ramos como regalo de Navidad dos billetes de avi�n para que fuera a Londres con su segunda pareja casi medio siglo despu�s de su �ltima visita. Mi padre rechaz� la idea de forma tajante. ��Qu� pasar� si llego y no entiendo a la gente?�, fue su justificaci�n, que nos son� rid�cula. En realidad, a �l le daba miedo ver un Londres que no era el suyo y que tem�a no reconocer, sentirse perdido cumplidos los 70 a�os en el metro o preguntando c�mo se llega a Oxford Street .El hombre que tanto hab�a viajado en la primera parte de su vida, aquel que te insist�a con pasi�n para que estudiaras idiomas a trav�s de los cursos Assimil de casettes -defend�a que as� aprend�an ingl�s los esp�as del KGB- ten�a miedo a viajar cuando todo el mundo viajaba y solapar un recuerdo entusiasta de la juventud por una experiencia real de la vejez.Ese conservadurismo emocional es el sentimiento que est� dirigiendo la pol�tica. A los ingleses, como le sucedi� a mi padre, lo que les da miedo hoy es no reconocer su Inglaterra. Por eso los pol�ticos que son tan dados a vender un pasado id�lico y se arman de nostalgia funcionan. No importan que la contradicci�n est� a la orden del d�a. El mejor ejemplo es la reputaci�n de Margaret Thatcher, reivindicada por quienes venden proteccionismo cuando ella abog� por el comercio sin l�mites y reventar la industria para convertirse en la madre de la globalizaci�n.�Si Ner�n tocaba la lira mientras Roma ard�a, la �lite brit�nica medita sobre el Brexit mientras la inmigraci�n incendia el pa�s�, escribi� Pardo el pasado fin de semana en este diario. Resulta que los populistas xen�fobos que impulsaron la salida de la UE no dejan de subir en las encuestas aunque su anterior aventura se haya confirmado desastrosa para el pa�s. Nigel Farage, un se�or rico y rid�culo, es el favorito pata gobernar con su partido Reform UK. Incluso a �l le ha salido una competencia m�s ultra, liderada por su ex n�mero dos de Farage, Rupert Lowe, con Restore Britain (Restaura Gran Breta�a). Leo en su p�gina web un fragmento del discurso fundacionaldel partido en el que apela a las entra�as: �Como pueblo, somos solo una sombra de lo que fuimos...�. La nostalgia no se desgasta nunca y se puede evocar con metralleta. De Thatcher a la �poca eduardiana. De la era isabelina al Muro de Adriano. Se puede estirar tanto como la mentira y echar de menos la bonanza vivida bajo el rey Arturo, que ni siquiera existi�.L�stima que mi padre ya nunca pueda volver a Londres. Sue�o a menudo con acompa�arle.













