El ataque a la BBC muestra que el conglomerado de ideología conservadora quiere reducir a los medios estatales a la irrelevancia
Trump no ha sido el primero ni será el último político que ha atacado a la BBC. Antes, Winston Churchill, Margaret Thatcher, Tony Blair, David Cameron o Boris Johnson se quejaron también de sus informaciones imparciales —y contrastadas— que desvelaban las flaquezas o errores del Poder. Y cuando la BBC se equivocó, admitió sus errores e hizo propósito de enmienda. En el caso de Trump,
es-de-parcialidad-en-la-emision-de-un-programa-sobre-trump.html" data-link-track-dtm="">ya han dimitido el director general y la jefa de informativos de la Corporación, lo que no es poco. Así funciona un medio de comunicación honesto, pero que admite no ser infalible al cien por cien.
Detrás de los grandes titulares de estos días hay una realidad evidente y preocupante: una campaña concertada en todo Occidente para acabar con el prestigio de los medios audiovisuales públicos, acusados de tener un sesgo “izquierdista” o “liberal” en un mundo cada vez más conservador, polarizado y poco amante de los matices. Un mundo que cada vez valora menos la información seria, reflexiva, analítica e independiente de unos y otros. Un mundo en el que un ciudadano informado y crítico es incómodo y en el que el periodista no puede ser “neutro”. “O informas bien de mí, o eres mi enemigo”: es la escuela de Donald Trump. Así, al atacar a la BBC por un error de edición en un programa concreto y realizado, además, por un equipo externo a la Casa, Trump está, sobre todo, echando una mano a su colega Nigel Farage, líder del ultraderechista Reform Party. Farage (gran defensor del Brexit y ahora en buena racha) lleva años atacando a la radiotelevisión pública británica porque esta denuncia constantemente sus mentiras y sus incongruencias. Por si había alguna duda, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, la voz de su Amo, ha definido a la BBC como “una máquina de propaganda izquierdista con un 100% de fake news”.









