La extrema derecha amenaza con estrangular a las corporaciones estatales de medios o ponerlas a su servicio si llega al poder
El disparadero de la extrema derecha está repleto de objetivos. Los inmigrantes. Los impuestos. La izquierda en general. Quienes propugnan la solidaridad o los valores sobre los que se asienta un orden internacional cada vez más desdibujado. Y en su lista de piezas a batir han pasado a un primer plano las corporaciones de medios de comunicación públicos.
El objetivo de estas acometidas ultraderechistas es el mismo: laminar la confianza en un pilar clave de la información junto a la prensa independiente, que también recibe sus ataques. En caso de alcanzar el poder, la promesa es estrangular a las corporaciones de medios públicos, muchas de ellas de gran prestigio global. O ponerlas a su servicio. El reciente y mediático caso de la BBC británica y Donald Trump con la acusación de manipulación de un discurso suyo es, quizá, el más paradigmático. Pero no el único.
También en el Reino Unido, el partido del ultra Nigel Farage, Reform UK, lleva tiempo poniendo en la diana a la BBC, históricamente reconocida por sus estándares de calidad. Y sus compañeros de filas, desde el Reagrupamiento Nacional en Francia hasta AfD en Alemania o Vox en España —que solo duda si entrar en RTVE con “motosierra o con lanzallamas” en caso de gobernar— hacen lo mismo con sus conglomerados mediáticos nacionales. Una tendencia aderezada con críticas cada vez más subidas de tono, que también se ha extendido a varias formaciones de la derecha clásica.






