El Tribunal Supremo ha fijado doctrina sobre la eutanasia. Más concretamente, sobre quién puede recurrir una muerte digna ya avalada por los médicos. La sentencia del Alto Tribunal de este martes desarrolla el fallo anunciado el pasado 19 de mayo, y muestra la división de la Sala de lo Contencioso Administrativo.

Una mayoría de 23 magistrados avalan, con condiciones, que un familiar pueda impugnar una eutanasia. Por el contrario, nueve magistrados querían restringir mucho más el acceso de los familiares a la Justicia para combatir la eutanasia de un pariente.

El debate se ha resuelto, pero el propio Supremo aprecia la grieta en la ley actual que ha permitido al colectivo ultracatólico Abogados Cristianos encabezar la cruzada contra la eutanasia con el caso Noelia y alargar el sufrimiento de los solicitantes con sus acciones judiciales.

El Alto Tribunal reclama cambios en la norma para evitar repetir casos como el de la joven catalana o el de Francesc A., el hombre de Barcelona de 50 años que también tiene la eutanasia paralizada por el recurso de su padre (y que es el caso que ha originado el fallo del Supremo). Estas son las claves de la sentencia.

Un cambio legal