EditorialEl primer ministro brit�nico, Keir Starmer, al anunciar ayer su dimisi�n.APActualizado Lunes,
junio
23:01Audio generado con IALa dimisi�n de Keir Starmer es el �ltimo s�ntoma de la inestabilidad cr�nica en la que el Brexit sumi� al Reino Unido hace ahora una d�cada. La factura del divorcio con Europa es un entorno de gobernabilidad fr�gil y cada vez m�s dominada por la gesti�n de crisis internas, la m�s grave de ellas la migratoria. Lo confirm� ayer la renuncia de Starmer, sexto premier desde 2016, encumbrado gracias a una s�lida mayor�a que, sin embargo, no ha servido para garantizar su continuidad pol�tica.La ruptura de hace 10 a�os ha fragmentado el sistema de partidos, debilitando tanto al laborismo gobernante como al conservadurismo tradicional. El resultado es que ambos han perdido terreno a manos del populismo eur�fobo de Nigel Farage y margen de maniobra para articular un proyecto nacional coherente. Una realidad a la que tambi�n tendr� que enfrentarse el ex alcalde de Gran Manchester y m�s firme candidato a relevar a Starmer, Andy Burnham. Su programa continuista -control migratorio m�s estricto, ajuste fiscal y acercamiento a la UE sin reintegraci�n- refleja los condicionamientos con los que llega a Downing Street. Burnham tendr� que gestionar la misma fractura social, pol�tica y econ�mica derivada del Brexit y probar que encabeza una alternativa m�s all� de gestionar el estancamiento.El divorcio, que se presentaba como una soluci�n m�gica a la fractura pol�tica, econ�mica y social del pa�s convirtiendo a la UE en chivo expiatorio de todos sus males, no ha obrado el milagro econ�mico que promet�a. Tampoco ha reducido las tensiones en torno a inmigraci�n, descentralizaci�n o pol�tica fiscal. Ni siquiera ha alumbrado una nueva era de influencia brit�nica global, que se ha topado con los l�mites impuestos por una guerra contra Rusia que requiere una estrecha cooperaci�n con Europa y una relaci�n especial con Estados Unidos que atraviesa horas bajas en pleno caos trumpista.La conclusi�n es que la ruptura no ha generado el �reinicio� pol�tico que auguraba, sino una incertidumbre manejada a trav�s de ajustes improvisados que debilitan tanto al Reino Unido como a la maltrecha socialdemocracia europea en un momento cr�tico de desorden global.













