Borja Ibáñez (Madrid, 1975) es una de las referencias indiscutibles en el ámbito de la salud cardiovascular a nivel internacional. Actualmente, reparte su tiempo entre la actividad clínica como cardiólogo intervencionista en la Fundación Jiménez Díaz y la investigación en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Así lleva desde que volvió de Estados Unidos, concretamente del Mount Sinai Hospital, en Nueva York, donde completó su formación iniciada en Madrid y donde conoció al doctor Valentín Fuster, quien ha sido su mentor desde el año 2005.La mayor parte de su carrera profesional ha estado enfocada en la investigación sobre los tratamientos para curar la enfermedad cardiovascular. Sin embargo, en los últimos años, reorientó este enfoque hacia la prevención, ocupando este ámbito muchos de los estudios en los que participa. De hecho, su labor ha sido reconocida en numerosas ocasiones. Una de las últimas ha sido el Premio Rei Jaume I 2026 en la categoría de Investigación Clínica y Salud Pública. Este reconocimiento pone en valor una trayectoria centrada en trasladar el conocimiento generado en el laboratorio a la práctica clínica, con el objetivo de mejorar la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.Poner el foco en la prevención es “uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta la sanidad pública”, afirma el doctor, quien recalca que “poco importa cuánto avancemos los médicos e investigadores si no somos capaces de concienciar a la gente, ya que no conseguiremos frenar el aumento de las enfermedades cardiovasculares. El reto más importante que tenemos ahora es trabajar con los ciudadanos para que sepan que son sujetos activos, y no simplemente sujetos pasivos a los que se les ha de decir lo que tienen que hacer”.Sin restarle importancia al tratamiento, en los últimos años de su carrera se ha centrado más en la prevención de la enfermedad cardiovascular. ¿Importa más la prevención que la curación?El peso de la prevención en la salud cardiovascular es fundamental. En los últimos tiempos ha habido un cambio importante de paradigma en el que hemos pasado de estar centrados en el tratamiento de la enfermedad a estarlo en la prevención, entre otras cosas, porque somos más conscientes de que la prevención resulta más rentable. Piensa que el coste económico para la sanidad pública es mucho menor cuando hablamos de prevención que de tratamiento.Además de la prevención, la genética también tiene mucho que decir en la aparición de las enfermedades cardiovasculares. ¿Qué influye más, el ADN o los hábitos de vida?No hay ninguna duda de que la genética juega un papel importante en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los hábitos de vida tienen un peso tan fuerte que pueden incluso compensar una genética adversa. Es decir, una persona con variantes genéticas que aumenten el riesgo de tener enfermedades genéticas, si controla los factores de riesgo modificables (los hábitos de vida), puede incluso compensarlas y no desarrollar nunca la enfermedad cardíaca. De tal manera que, aunque lo ideal es tener una genética favorable y unos hábitos de vida saludables, en el caso de que la genética juegue en contra, los hábitos podrían compensar esta desventaja. Por tanto, teniendo claro que, ahora mismo, no se puede cambiar la genética, lo más importante para evitar las enfermedades cardiovasculares es mantener unos buenos hábitos de vida.Este tipo de enfermedades, las cardiovasculares, pueden afectar a personas de todas las edades. Ahora bien, la realidad es que las personas mayores son las más afectadas. ¿Por qué?Lo que ocurre es que, cuando estas enfermedades dan la cara, ya llevan años cursando de forma latente. Esto significa que quizá podrían haberse detectado mucho antes de que la enfermedad se hiciera patente.Lee tambiénDe todas esas enfermedades “traicioneras”, ¿cuáles son las más frecuentes?Sin ninguna duda, el infarto agudo de miocardio, el ictus y la insuficiencia cardíaca son las enfermedades cardiacas más habituales que aparecen en torno a los 55, 60 o 65 años de edad. Pero, insisto, todas ellas han cursado silentes durante años antes de dar la cara.¿Su elevada alta prevalencia se corresponde con una alta mortalidad?Lo cierto es que no. Desde hace unas décadas se ha observado una clara mejora en los tratamientos de las enfermedades cardiovasculares que ha reducido notablemente la mortalidad, mientras que su prevalencia sigue aumentando. Esto es ciertamente, paradójico. El panorama es el siguiente: actualmente, el número de personas con un problema de salud cardiovascular en el mundo, y en España también, sigue aumentando. Y, sin embargo, las mejoras en los tratamientos hacen que la mayoría de ellas sobreviva.El infarto agudo de miocardio, el ictus y la insuficiencia cardíaca son las enfermedades cardiacas más habituales que aparecen a partir de los 55 añosBorja Ibáñez¿Cómo se explica ese aumento de casos?La razón fundamental es no se está haciendo bien la prevención, y cada vez nos alejamos más de los buenos hábitos de vida.Volvemos a echarle la culpa al estilo de vida…Así es. Cada vez hay más sedentarismo y, en general, nos alimentamos peor.Por tanto, ¿andar más y comer mejor son la mejor estrategia preventiva para las personas mayores?Así es, pero también para los jóvenes. De hecho, gran parte de nuestro esfuerzo lo enfocamos en la prevención en estas edades, ya que suelen creerse inmunes. Ahora bien, el mensaje que me gusta transmitir entre las personas mayores es que nunca es tarde para empezar a cuidarse. Cualquier cambio de hábito de vida sostenido en el tiempo tiene un impacto en la salud de las personas.¿Puede concretar un poco más?Claro. Es muy importante evitar el sedentarismo y hacer ejercicio de forma regular. Esto no significa que sea imprescindible ir al gimnasio; basta con caminar rápido tres o cuatro días a la semana, sumando un total de 150 minutos. Por otro lado, también es muy importante llevar una dieta saludable, idealmente una dieta mediterránea. Y, por último, el cuidado del sueño. Algo que, en general, suele ser un problema para la gente mayor.Denos las claves para una buena higiene del sueño…Lo más importante es que no solo hay que dormir un determinado número de horas mínimo, sino que también este sueño tiene que ser lo más reparador posible y que no esté fragmentado. Para ello, lo mejor es evitar las cenas copiosas y malos hábitos como el uso de pantallas antes de dormir. Cuando esto se lleva a cabo, sabemos que se traduce de forma directa en mayor salud cardiovascular.Lee tambiénAdemás del sueño, otro de los problemas de muchas personas mayores es la soledad no deseada. ¿Cree que esa situación influye en su salud cardiovascular?Desde luego. Es más, el año pasado, la Sociedad Europea de Cardiología hizo público un documento en el que se asociaban las enfermedades mentales y las situaciones relacionadas con el estado de ánimo con la salud cardiovascular. Entre los diferentes condicionantes individuales que se aseguraba que participan en la aparición de la enfermedad cardiovascular están la soledad, la ansiedad y el estrés.La modificación de la prevención cardiovascular mediante un abordaje de medicina de precisión basado en la detección precoz de la aterosclerosis es el objetivo de uno de los proyectos que lidera actualmente, REACT. ¿Es la medicina de precisión el camino hacia la prevención de las enfermedades cardiovasculares?Sin ninguna duda. Durante décadas hemos sabido que existen factores de riesgo que favorecen la aparición de enfermedades cardiovasculares y que la vulnerabilidad de cada persona es diferente. Por tanto, era muy importante identificar la presencia de la enfermedad de forma silente. Es lo que llamamos medicina de precisión. Es decir, en dos perfiles aparentemente iguales, vamos a poder identificar de forma mucho más precisa quién está desarrollando la enfermedad y quién no.En dos perfiles aparentemente iguales, vamos a poder identificar de forma mucho más precisa quién está desarrollando la enfermedad y quién noBorja IbáñezAdemás, también coordina el proyecto europeo Resilience. ¿Podría explicar brevemente en qué consiste?Es uno de los proyectos más grandes que se ha hecho en Europa que estudia la interacción entre el cáncer y la enfermedad cardiovascular. Sabemos que las personas que tienen cáncer tienen más probabilidades de desarrollar en el futuro enfermedades cardiovasculares debido, en gran parte, a que los tratamientos contra la enfermedad tienen toxicidad para el sistema cardiovascular. Esto significa que las personas que sobreviven a un cáncer tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular años después. En este proyecto, lo que estamos a punto de conseguir son dos cosas importantes: en primer lugar, identificar qué personas que han sobrevivido al cáncer han desarrollado una enfermedad cardiovascular de forma silente; y en segundo, estamos probando una intervención no invasiva, que se llama condicionamiento isquémico remoto, que evita el efecto tóxico de los tratamientos del cáncer.Precisión, personalización, prevención… ¿Son para usted los pilares del cuidado cardiovascular?Absolutamente. De hecho, si queremos cambiar la tendencia expansiva de las enfermedades cardiovasculares, solo podremos hacerlo a través de la prevención, haciendo que la sociedad tome conciencia de la importancia de los cuidados individuales en la salud cardiovascular.
Borja Ibáñez, cardiólogo: “Evitar las cenas copiosas y el uso de pantallas antes de dormir se traduce en una mayor salud cardiovascular”
Cardiólogo intervencionista en la Fundación Jiménez Díaz e investigador en el CNIC, además de formarse en el Mount Sinai Hospital de Nueva York, el doctor Ibáñez defiende la prevención como la estrategia más eficaz para el cuidado cardiovascular











