EditorialEl fallo del Supremo contra Jos� Luis �balos es un�nime e implacable. Si S�nchez estuviera a la altura de su responsabilidad pol�tica directa en este caso, dimitir�a de forma inmediataJos� Luis �balos, en su declaraci�n ante el Tribunal Supremo.Actualizado Lunes,
junio
22:52Audio generado con IALa sentencia firme del Tribunal Supremo contra el ex ministro Jos� Luis �balos supone un castigo penal implacable a la primera trama de corrupci�n detectada en la era de Pedro S�nchez y que oper� en el coraz�n del poder desde su llegada al Gobierno. El fallo es extraordinariamente valioso por su solidez, porque es un�nime y por el mensaje de regeneraci�n institucional que encierra. Si el presidente estuviera a la altura de la responsabilidad pol�tica directa que tiene en este caso, dimitir�a de forma inmediata.Los siete magistrados de la Sala de lo Penal, de distintas sensibilidades, detallan con precisi�n la �organizaci�n criminal� que se instal� en el Gobierno y en el PSOE para lucrarse personalmente, y cuyos hitos fueron los contratos ama�ados de mascarillas en plena pandemia y los enchufes en empresas p�blicas de dos mujeres relacionadas con el entonces ministro. �balos es condenado a 24 a�os de prisi�n, su ex asesor Koldo Garc�a a 19 y el comisionista V�ctor de Aldama a cuatro a�os y medio, aunque el Supremo le exime de entrar en la c�rcel.La sentencia, cuyo ponente ha sido Andr�s Mart�nez-Arrieta, arranca con una reflexi�n socialmente pedag�gica que delimita la dimensi�n del caso. Los magistrados subrayan como singularmente grave que �balos fuera �una autoridad de especial relevancia estatal�, en su doble condici�n de ministro de Transportes y secretario de Organizaci�n del partido. A ojos del Supremo, que los corruptos est�n en la c�spide del poder no solo deteriora la confianza ciudadana en el sistema pol�tico, sino que �socava la arquitectura democr�tica� de cualquier pa�s. La realidad que nadie ignora en Espa�a es que quien deposit� toda su confianza en �balos situ�ndole en ambas posiciones no fue otro que Pedro S�nchez.La importancia de la sentencia no se agota en el efecto disuasorio que la elevada cuant�a de las penas pueda tener en los cargos p�blicos. Los magistrados han dado un paso m�s: al concederle a Aldama la atenuante muy cualificada de confesi�n, abren un camino, ya avanzado en Europa, para incentivar a otros acusados a que colaboren con la Justicia.El hecho de que un corruptor pueda eludir la entrada efectiva en prisi�n puede resultar chocante, es evidente. Sin embargo, como razona el Supremo, las organizaciones criminales de alto nivel no suelen caer si uno de sus miembros no confiesa, y el notable beneficio que ello reporta a la sociedad merece ser recompensado. S�lo a quien tiene algo que ocultar puede inquietarle que personas como Julio Mart�nez, Leire D�ez o Vicente Fern�ndez se vean tentadas a emular a Aldama.El desenlace del caso Mascarillas es la prueba de que el Estado de derecho resiste, pese a las presiones de la Fiscal�a General del Estado y a la campa�a del Gobierno contra jueces y fiscales. Es s�lo la primera sentencia. Vendr�n m�s.














