Actualizado 23/06/2026 - 11:21h.
La sentencia de Ábalos me pilló viendo la televisión de pago. De pago por mis impuestos, quicir. Y lo vi. Lo vi en directo como el gol de Iniesta. Cómo cambiaron las caras. Se las prometían felices en lo de Javier Ruiz con la polémica ... del juez Peinado y los cánticos de los forofos del equipo de fútbol de Sabadell. Tenían planificada una escaleta victimista y de pronto vieron pasar la vida (y el sueldo público) por delante de los ojos. La sentencia llegó como los ovnis de Independence Day. Son más de doscientas páginas, pero a Ruiz y sus tertulianos les pareció fatal nada más saber las penas. Dijeron que 24 años para Ábalos, 19 para Koldo y 4 para Aldama, con suspensión de condena, eran un insulto. Lanzaban exabruptos. Que Aldama era el auténtico cabecilla de la trama. Que se ha ido de rositas. Que lo van a poner a regar macetas. Que mira tú la velocidad de la Justicia en unos casos y no en otros. Que esto demuestra que la Sala Segunda actúa según los intereses del PP y en contra de la democracia. Etc. Pero hacían falta expertos, así que llamaron a Victoria Rosell. Buf. Yo me preguntaba por qué echan pornografía dura en la televisión pública en horario de mañana. Podría verlo algún niño que esté malito. O alguna vieja impresionable.













