Jos� Mar�a Ruiz SoroaActualizado Domingo,
junio
23:13�Una planta ex�tica entre nosotros�: as� caracteriza el historiador Luis Castells a la cultura pol�tica liberal en un reciente trabajo. Puede sonar raro en el pa�s que invent� el t�rmino liberal y lo utiliz� en abundancia durante el siglo XIX para definir realidades partidistas muy significadas, pero es una observaci�n muy atinada. Siempre que, m�s all� de cuatro ideas generales sobre la arquitectura del Estado, nos refiramos con lo de liberal a una entera cultura pol�tica, a una visi�n de la sociedad que pone por delante de todo al individuo, su protecci�n ante el gobierno y su capacidad de acordar; pero que abomina de los entes colectivos, de los pseudoconceptos sociales y de las supuestas verdades preexistentes al proceso pol�tico. Lo liberal nos es lejano y por eso no sorprende lo sucedido en la opini�n p�blica espa�ola en torno a la visita del Papa Le�n XIV.Un Papa simp�tico, humano, bienintencionado (y al que se le entiende todo) ha provocado, entre otras cosas, una especie de marea pol�tica cristianista, que se englobar�a en la m�s amplia marea religiosista constatada hoy. No parece sino que la democracia liberal y el cristianismo fueran siameses separados s�lo por el �mbito de su operatividad, laico o trascendente. Los diputados y senadores batieron r�cords de aplauso al escuchar de primera mano los principios rectores de la doctrina social de la Iglesia; tan id�nticos ser�an a los de nuestra democracia liberal. Los intelectuales baten palmas ante los planteamientos de la enc�clica papal y su reivindicaci�n de la �aut�ntica naturaleza humana� como valladar ante las propuestas prometeicas de la IA. En estas mismas p�ginas se han publicado �ltimamente opiniones muy serias que reivindican las preferentes ra�ces cristianas del liberalismo hist�rico, por ejemplo; o que consideran las palabras papales de que �ser libre significa reconocer el bien y adherirse a �l responsablemente� como un ejemplo perfecto del liberalismo virtuoso.Bueno, pues d�jenme decir que no. Que no es as�. Entre la doctrina pol�tica del cristianismo y la del liberalismo hay muchas coincidencias pr�cticas hoy (hace siglo y medio el primero conden� como pecado y grave error al segundo), pero hay diferencias de concepto y visi�n de la sociedad humana muy profundas. La autonom�a de la persona no vale lo mismo ni est� igualmente tratada por ambos.Vayamos con lo de las ra�ces hist�ricas. Un cl�sico de la filosof�a pol�tica como George H. Sabine escribi� que �la aparici�n de la Iglesia cristiana como instituci�n distinta autorizada para gobernar los asuntos espirituales de la humanidad con independencia del Estado puede considerarse sin exageraci�n como el cambio m�s revolucionario de la historia de Europa occidental por lo que respecta a la pol�tica�. Pero �cuidado con las lecturas simples!: ello no fue porque los cristianos aportaran concepciones �ticas o pol�ticas nuevas. En realidad, los Padres de la Iglesia estaban sustancialmente de acuerdo con el ambiente �tico dominante en su �poca, de sesgo estoico, y no ten�an nada nuevo que decir respecto a Cicer�n o S�neca (salvo sobre la resurrecci�n, que no viene a cuento). �Por qu� entonces fue la aparici�n del cristianismo revolucionaria?: pues porque gener� una divisi�n de la lealtad del ser humano al establecer un �mbito privilegiado de la conciencia en el que cab�a el choque con la ley secular. Cre� un conflicto �ntimo que la Antig�edad griega no hab�a imaginado. Y dej� al ser humano atrapado en los intersticios entre ambos. De ah� naci� la libertad personal que da origen al liberalismo, sobre todo cuando los poderes se multiplicaron con los Reinos sucesores del Imperio, y con las Iglesias nacidas del cisma.Lo dec�a muy claro Odo Marquard: �La libertad humana no nace de la ausencia de determinaci�n externa sino de la proliferaci�n de determinaciones�. Ah� es donde el ser humano puede aprovechar el caos para decir: �Somos nosotros los que contamos!. La libertad es un subproducto inesperado de la multiplicidad de poderes excesivos, no de las concepciones de uno de esos poderes. Sucedi� en la Europa ensangrentada por las guerras de religi�n. Por aqu� nos saltamos ese cap�tulo por mor de la unanimidad cat�lica. Por eso la libertad de conciencia, germen de todas las dem�s, nos ha sido tan extra�a.Otra veta, m�s sustancial: el Papa nos dice que la libertad consiste en �reconocer el bien y adherirse a �l� (discurso en las Cortes); que la democracia consiste en la �b�squeda de la verdad, que se encuentra en el bien com�n� (MH, 134); que existen unas verdades universales que nos preceden y que la conciencia debe aceptar (MH,133); que la verdad no se impone, pero existe (ibid). Son afirmaciones incompatibles con el liberalismo pol�tico (salvo en sus versiones degeneradas).Yendo al grano: �por qu� tiene valor la libertad? Porque garantiza la dignidad del ser humano para optar entre cursos de acci�n o de vida. �Y nada m�s? �Es que da igual optar por el bien o por el mal, por lo correcto y lo incorrecto, por la verdad o por lo equivocado? �Est� el valor de la autonom�a humana s�lo en s� misma, o est� conectado con el valor de la decisi�n que se adopte? La Iglesia sostiene de forma un�nime lo �ltimo: que la libertad es libertad cuando se elige bien, cuando se hace un uso responsable de ella. Que la decisi�n por s� misma no vale mucho si no es puesta en relaci�n con sus contenidos; que la libertad es un valor instrumental y no incondicionado o aut�nomo. Desprecia lo que llama �the choice for the sake of choice�.El liberal escucha esta doctrina y, cauteloso como es, pregunta: �y qui�n y c�mo fija los bienes o fines valiosos? �De d�nde proceden? �Vienen ya revelados y preordenados al debate pol�tico? �No ser� una h�bil treta dial�ctica decir a las personas que su �verdadera libertad�, la �aut�ntica�, consiste precisamente en aceptar que otro conoce mejor sus circunstancias y sus propios intereses que ellas mismas? Isaiah Berlin, un liberal desconfiado, cre�a que el de la �libertad aut�ntica� constitu�a el m�s refinado despotismo. Y otro liberal, menos sutil, conclu�a: ��No es libertad la libertad de hacer el mal? Pues si no, �qu� es?�.Todos apreciar�n la distancia conceptual entre una y otra forma de concebir la libertad, por mucho que cristianismo y liberalismo invoquen la igual dignidad del ser humano. Y sobre todo la diferencia pol�tica entre ambas. En el caso de Le�n XIV, por ejemplo, lo que �l entiende como �naturaleza humana� funciona como l�mite infranqueable para la libertad de la humanidad. �Lo humano� es el leitmotiv de su pastoral. Pero el ser humano, por parafrasear a Ortega, �no tiene naturaleza, tiene historia�. O de otra forma, construye su naturaleza en su devenir. Con lo cual terminamos topando con unos l�mites y fines imprecisos, mudables, altamente discutibles y siempre en revisi�n. Y ante ello, la Iglesia cat�lica se planta y se amarra a la versi�n decretada por Dios que ella conoce, mientras que el liberal se sienta, discute, y practica aquella m�xima de Richard Rorty: �Pongamos la libertad y la verdad vendr� por a�adidura�.Para terminar, el asunto del �bien com�n�. Una noci�n que para Arist�teles, Tom�s de Aquino o la Escuela de Salamanca era la br�jula moral del buen gobierno y el criterio para juzgar su actuaci�n. Para Le�n XIV sigue si�ndolo, apuntando incluso unas maneras deliberativas habermasianas para concretarlo (MH, 62). Bueno, pues a riesgo de causar el des�nimo de las almas benditas, resulta que los liberales no creemos en la existencia del bien com�n o del inter�s general como realidades discernibles, por mucho que le reconocemos una alt�sima capacidad de convocatoria. Creemos en un gobierno cuyo objetivo sea garantizar a todos los individuos la m�s amplia libertad posible para buscar activamente su propia felicidad (que en muchos casos, seguro, incluir� la de hacer felices a los dem�s). El �nico bien com�n es as� procedimental y consiste en garantizar la coexistencia pac�fica de la pluralidad de visiones particulares del bien. Lo dem�s es negociar arreglos para ir tirando.Jos� Mar�a Ruiz Soroa es abogado y autor de Elogio del liberalismo (Catarata, 2018)










