Buena parte de Colombia se pregunta esta semana cuál será el talante de Abelardo de la Espriella si este domingo es elegido presidente, y una anécdota del periodista Ignacio Gómez carga algunas pistas. Recientemente, el reportero contó al público que, en julio de 2016, compartió en sus redes sociales una noticia crítica sobre el penalista por una absolución exprés. Recibió entonces un mensaje en X del bufete del abogado, llamándolo un “segundón de quinta”. Gómez respondió con el mismo tono ―“modelito de quinta”, “mafiosos como usted”― y el penalista procedió no a pedir una rectificación, sino a demandarlo civilmente. Ocho años después, ante un juez, Gómez supo que lo que más enfureció al candidato no fue solo la noticia, sino una frase del intercambio de insultos que decía “su ropa no es fea, solo se le nota el polvo blanco”―la caspa―. No solo eso: supo que De la Espriella logró aprobar en Barranquilla, donde tiene la sede principal de su oficina, un embargo al modesto apartamento de Gómez en el centro de Bogotá para asegurar el pago de los supuestos daños a su buen nombre. Aprendió más: el penalista buscó la propiedad de dos Ignacios Gómez más, uno en Medellín cuyo embargo no fue aprobado, y un hombre humilde en el sur de Bogotá que murió sin saber en qué terminó el caso. La justicia no le dio la razón a De la Espriella, que apeló el fallo, pero el reportero entendió hasta dónde puede llegar una demostración de fuerza del famoso abogado convertido en político. “Mostró su intolerancia, pero también su desprecio por la gente”, dice Gómez. “Es obvio que Abelardo de la Espriella tiene mil casas, tiene miles de millones de pesos, pero sabe que el resto de la gente no, y descubrió el método para jodernos: dejarnos en la calle”. La historia de Nacho Gómez revela varias de las caras que le han ayudado a Abelardo Gabriel de la Espriella, de 47 años, a ser hoy el favorito en las encuestas para ganar la presidencia este domingo como candidato de la ultraderecha. Está su obsesión por controlar el relato de su vida, que lo ha motivado a demandar a más de cien periodistas a lo largo de los años. Está también su obsesión con la imagen que, si bien ha sido objeto de burlas entre sus opositores, también lo impulsa a tener un control disciplinado y obsesivo de su estrategia como defensor de la patria. Está su tendencia a los insultos, que a algunos repele y para muchos otros representa la valentía de decir lo que se piensa sin corrección política. Y, sobre todo, está la promesa de que llega a esta contienda, como lo repite en sus entrevistas y discursos, cargado con “todo el peso de la ley” contra sus opositores: De la Espriella garantiza venganza para los millones de colombianos que detestan al presidente de izquierda, Gustavo Petro. Viene listo para más demandas, para hacer un gobierno con la lógica del pleito, para ser el litigante presidente. El candidato ha hablado de “destripar” a la izquierda, de extraditar a Petro a Estados Unidos, de enviar a la cárcel al candidato de izquierda con quien compite este domingo, Iván Cepeda. Como dijo en una entrevista: “Yo vine a enfrentarlos, a castigarlos, a derrotarlos”. La élite del Caribe colombiano retoma la mano duraEl defensor de la Patria, o defensor de los antipetristas, nunca ha tenido un cargo público, y no parece tener ambición por brillar en el tema económico si es elegido presidente. Ha delegado asuntos como la forma de reducir la inflación, enfrentar el déficit fiscal o reducir las tasas de interés a su fórmula vicepresidencial, el exministro conservador José Manuel Restrepo, a quien ha prometido el timón de las finanzas públicas. Con el economista bogotano a su lado, De la Espriella logró que buena parte de la élite de la capital andina aceptara a un candidato de la Costa Caribe, visto por ellos como un corroncho, una forma despectiva de señalar el mal gusto de los costeños. De la Espriella, que creció entre la élite local de la ciudad caribe de Montería, gusta vestirse con Louis Vouitton, usar carros costosos y beber vinos exclusivos. Como Donald Trump, ha sabido vender su lujo como señal de éxito, de victoria.“Pensaron que yo era un corroncho indigno de los medios prepagos de Bogotá”, dijo en un discurso en Barranquilla. “Y fui a cada uno y los peiné, como dicen los cachacos”, añadió, en referencia a ganar un debate. “Si Abelardo gana la presidencia, sin duda a Bogotá va a llegar una nueva élite, una del Caribe”, augura un amigo del candidato que prefiere no dar su nombre, pero espera que Colombia pueda avanzar en su frustrada promesa de descentralización con un abogado que gusta de despachar desde la costa. Otros dos conocidos abogados, que han trabajado con De la Espriella, le reconocen su habilidad cazatalentos: sumó siempre penalistas hábiles a De la Espriella Lawyers, y suponen que, de ganar, buscará a otros Restrepos, pero del Caribe, para temas que no maneja bien, como la economía. “Ha dicho que se va a rodear de gente más inteligente que él, y le creo. Él no tiene ese tipo de complejos”, dice otro amigo cercano.En lo que De la Espriella sí quiere brillar directamente es en la seguridad, con su bandera de la mano dura. Promete diez megacárceles como las que hizo Nayib Bukele en El Salvador, un plan de choque para capturar a 10 cabecillas de los grupos armados en sus primeros 90 días, y eliminar la extorsión en las ciudades. “Yo arreglaría este platanal en ocho meses”, prometió antes de lanzarse a la presidencia. “Me gusta Bukele, pero Bukele sería un boy scout al lado mío, él es muy blandito”, añadió entonces. También ha dicho que quiere liberalizar la venta de armas a los ciudadanos colombianos ― él mismo, aficionado de la caza, tiene varias armas―.Si llega a ser presidente, De la Espriella buscaría que su popularidad, como la de Bukele, residiera en ser quien combatió a los criminales. Corre el riesgo de no ser tan efectivo como el salvadoreño, y ver su popularidad decrecer como le ha pasado a otros ultra de la región, como Daniel Noboa en Ecuador o José Antonio Kast en Chile; combatir el crimen siempre es más fácil en las palabras que en la práctica. Aun así, la seguridad es su gran apuesta política: una amiga cercana supo que la campaña está considerando que se posesione como presidente en una guarnición militar, en lugar de hacerlo en la tradicional Plaza de Bolívar de Bogotá. Los críticos tienen dudas de su mano dura con los criminales, pues señalan que De la Espriella fue cercano a varios de ellos. Al abogado lo persigue la sombra de haber sido defensor de líderes paramilitares a través de una fundación; representante de políticos que se aliaron con esos criminales en la costa Caribe; de defender al líder de una pirámide financiera usada para lavar dinero del narcotráfico, llamada DMG. Pero el caso que más le pesa fue su defensa de Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro y actualmente procesado por la justicia de Estados Unidos.Esas sombras de su pasado, sin embargo, no son relevantes para los diez millones de colombianos que lo votaron en la primera vuelta presidencial el pasado 31 de mayo. Para algunos analistas, el candidato lleva la delantera porque es buen estudiante de los discursos de la ultraderecha que ganaron en la región. Copió el de la seguridad de Bukele, pero también el patriotismo de Jair Bolsonaro y la política del espectáculo de Donald Trump. Ha hecho campaña por el país haciendo un saludo militar al grito de “¡Firme por la patria!“, y sus discursos en más de 100 ciudades de Colombia han sido más parecidos a un concierto de pop que a una usual manifestación política: proyecta videos hechos con inteligencia artificial en pantallas gigantes, explota pólvora, lanza fuego y vuelan drones en el cielo mientras habla en la tarima. Aparece con la camiseta amarilla de fútbol que caracteriza a la selección Colombia en pleno Mundial, y logró que los seguidores la volvieran la bandera de su campaña. De Javier Milei también se robó una imagen, la del tigre, inspirado en el león del argentino, y también tomó la propuesta de recortar 40% de la burocracia del Estado. Una de las instituciones que le molesta es el tribunal de justicia transicional que creó el acuerdo de paz firmado en 2016 entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos, que preferiría eliminar. “La JEP no es un tribunal judicial, es un directorio político disfrazado de tribunal, para lavarle las manos manchadas de sangre a los jefes narcoterroristas de las FARC”, ha dicho.De la Espriella usa la expresión “directorio político” de la izquierda para referirse a Naciones Unidas, de donde ha anunciado sacar a Colombia. También espera ser cada vez más cercano al gobierno de Donald Trump, al que le ha pedido quitarle las visas a políticos aliados a Petro. Tiene tres casas en Miami y ciudadanía norteamericana, por lo que sus críticos dicen que es más aliado de la patria del norte que de la sudamericana, pues tuvo que jurar ante Estados Unidos que le sería fiel ante cualquier otra nación. También es ciudadano italiano, y un chiste de sus contradictores es decir que es tan patriota que ya tiene tres patrias. A De la Espriella el chiste lo tiene sin cuidado. Como no tiene historial en un cargo público, es aún un misterio si sus giros ideológicos se verán en la política pública. Se dice católico ferviente que defiende la bandera provida, lo que le ha permitido ganar miles de votos evangélicos, pero hace pocos años era ateo y decía estar a favor del derecho al aborto en tres causales. Antes defendió el negociar con criminales y ofrecer beneficios judiciales para que dejen las armas, como asesor de los jefes paramilitares, y ahora cierra completamente esa puerta, a pesar de que su experiencia como penalista le permite conocer todas las opciones que tendría en la mesa. El abogado del “imperio de la ley” es aficionado al boxeo, y en cada discurso hace un gesto tocando su bíceps derecho como si fuera a dar un nuevo golpe. “Yo soy muy exigente conmigo mismo, soy muy competitivo, quiero estar siempre de primero en todo, si estoy segundo o tercero, no me funciona”, dijo hace unos años a su entonces biógrafo, el estratega Ángel Becassino. Esa confesión es para unos señal de optimismo: si esta ambición tan grande implicará que busque a los mejores equipos en caso de ganar la Presidencia. Para otros, es más bien una señal de alerta sobre el riesgo de que pase por encima de quienes no piensan como él en esa competencia. “Siempre me gustó la pelea”, confiesa en su biografía. Quiere ganar una el domingo para luego darlas todas: la pelea contra el petrismo, contra los criminales, contra la burocracia, pero también contra los Nacho Gómez.