Misantrop�asLa apertura del juicio oral a Bego�a G�mez es una decisi�n previsible que no ten�a necesidad de acompa�arse de unas medidas cautelares en apariencia desmesuradasBego�a G�mez, en diciembre de 2024.AFPActualizado S�bado,

junio

22:45Audio generado con IATal como sucede en esas raras ocasiones -de Abel Gance a Brian de Palma- en las que un cineasta parte la pantalla en varios planos, los espa�oles no saben a d�nde mirar: Bego�a G�mez, Leire D�ez y Rodr�guez Zapatero se disputan su atenci�n. Los indiscutibles highlights de esta semana han sido la apertura de juicio oral contra Bego�a G�mez -una decisi�n previsible que no ten�a necesidad de acompa�arse de unas medidas cautelares en apariencia desmesuradas- y la comparecencia de Zapatero ante el juez de instrucci�n. Esta �ltima fue muy instructiva: confiado en la fuerza persuasiva de su ret�rica buenista, el ex presidente dijo a Calama que era inocente y se fue por donde hab�a venido.Por m�s que el juez le haya evitado el bochorno de la detenci�n preventiva, temiendo acaso que cualquier medida tajante pueda ser invocada en el futuro ante un Tribunal Constitucional dispuesto beneficiar a la familia socialista, dej� tambi�n claro que los indicios de criminalidad no desaparecen por arte de magia: aunque el propio Zapatero dijo en su momento que las palabras deben estar al servicio de la pol�tica, al Derecho las palabras no le bastan y eso incluye en primer lugar las que emplea un acusado que protesta su inocencia. De ah� que al instructor no le haya quedado m�s remedio -lean el C�digo Penal- que imputar a las hijas del pol�tico leon�s y a su fiel secretaria Gertrudis.Adm�tase no obstante que esa ret�rica buenista hizo popular a Zapatero; nada hay de sorprendente en ello trat�ndose de votantes espa�oles. Son los mismos a quienes S�nchez hizo creer que se retiraba a considerar su dimisi�n por la zozobra que le provocaba -justamente- la investigaci�n penal sobre su esposa: un hombre profundamente enamorado suspend�a su agenda para consultar con la almohada. Sin embargo, parece que se dedic� m�s bien a trazar un plan destinado a interferir en la acci�n de la justicia; fue mucho peor el remedio que la enfermedad.Y si bien eso no lo sab�amos entonces, ya era obvio que aquella simulaci�n de aires peronistas estaba lejos de ser lo que dec�a ser; incluso un votante espa�ol pod�a haberlo comprendido. Pero fueron legi�n quienes salieron a elogiar la honesta sentimentalidad del presidente o ponderaron la originalidad de sus recursos comunicativos. Ahora que sabemos lo que pas� en aquellos turbios d�as de abril, no estar�a de m�s que sac�ramos -algunos fueron m�s cr�dulos o c�nicos que otros- las oportunas consecuencias de aquel delirio populista. �So�ar es gratis!