A modo de provocación, Pedro Sánchez ironizó hace unos días en Barcelona que su ley de amnistía, durísimamente criticada por el PP, ha conseguido que los populares “reconozcan a Junts como actor político”. Las políticas de reconciliación con Cataluña que ha impulsado su Gobierno, enfatizó el presidente del Gobierno, han facilitado que “la derecha española se pueda volver a reencontrar con la derecha catalana y vasca”. La realidad es que ese reencuentro está sucediendo, aunque la paradoja es que va en contra de los intereses del líder socialista que lo propició. La reconciliación de la derecha española parece complicada todavía con la derecha vasca, pero sí avanza con velocidad de crucero con la catalana. El viaje del PP es total, desde la confrontación absoluta con los independentistas catalanes en los tiempos de la ley de amnistía hasta la colaboración táctica con Junts, con quien Alberto Núñez Feijóo dice estar dispuesto ahora incluso a acordar una moción de censura para desalojar a Sánchez del poder. La aproximación a Junts sigue siendo, en todo caso, peliaguda para Feijóo, que navega entre vaivenes en una calculada ambigüedad de acercarse al partido, pero no demasiado, y sin poder normalizar el trato con Carles Puigdemont. Fruto de esas contradicciones, el PP ha protagonizado una relación fluctuante con Junts, que esta semana ha virado de nuevo al acercamiento coincidiendo con el momento de máxima debilidad del Gobierno progresista. Los independentistas catalanes enmendaron una moción del PP para pedir la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones, y aunque luego la Mesa del Congreso inadmitió esa iniciativa, el movimiento de Junts ha sido celebrado por el PP. En paralelo, Feijóo ha reconocido con naturalidad contactos con la portavoz parlamentaria del partido independentista, Miriam Nogueras, mientras ha seguido presionando a los catalanes para que se sumen a una moción de censura contra Sánchez. “Hay cosas que se están moviendo”, advirtió el miércoles el líder del PP en el programa El Hormiguero en referencia a que Junts y el PNV han pasado a reclamar a Sánchez que adelante las elecciones. Feijóo negó contactos con Puigdemont, pero sí los reconoció abiertamente con su portavoz parlamentaria, Miriam Nogueras. “Pues mire, nosotros hablamos con la portavoz de Junts y hemos pactado bastantes cosas sobre política de vivienda, la política energética, la política impositiva, la política de autónomos…“, le dijo a Pablo Motos. El PP y Junts han coincidido en multitud de votaciones en el Congreso, pero ahora convergen en algo más importante, pedir elecciones anticipadas al PSOE.En esta nueva fase de cortejo a Junts, el PP evita atacar a Carles Puigdemont. Ni Feijóo ni ninguno de sus principales portavoces se refieren ya al expresidente catalán como “prófugo de la justicia”, como le llamaba antes el propio líder del PP, ni hacen ninguna referencia a su situación en Waterloo (Bélgica), donde sigue a la espera de que se le pueda aplicar la ley de amnistía para volver a España. Feijóo ha dado instrucciones a sus dirigentes de que no se ofenda al líder de Junts, porque no quiere que se frustre su objetivo de alejarlo aún más del presidente socialista y acercarlo en paralelo al PP. Por eso evitó también rechazar de forma explícita la invitación del secretario general de Junts, Jordi Turull, a que viaje a Waterloo a negociar esa eventual moción de censura con Puigdemont. “Hablemos de cosas serias”, lo despachó. Hace solo dos años, en diciembre de 2024, Feijóo pedía en cambio que Puigdemont fuera detenido. “Quien acepta fotografiarse con una persona a la que debería detener es el señor Sánchez”, decía el líder del PP cuando el PSOE negociaba la ley de amnistía con los independentistas catalanes. El criterio de la relación del PP con Junts es puramente instrumental. Tras las elecciones generales del 23 de julio de 2023, los populares abrieron la puerta a hablar con el partido de Puigdemont como parte de los intentos para recabar apoyos parlamentarios para investir a Feijóo, al que le faltaban cuatro escaños junto con Vox para la mayoría absoluta, al tiempo que admitían contactos ―aunque fueran indirectos— con su entorno. En esos días el ahora jefe de la delegación popular en Bruselas, Esteban González Pons, decía de Junts que es “un partido cuya tradición y legalidad no están en duda”. En esa misma fase, el PP llegó incluso a explorar el terreno jurídico planteado por el independentismo. El partido analizó el posible encaje de la amnistía, aunque lo descartó, y se abrió a estudiar los indultos a los líderes independentistas si mostraban arrepentimiento, como reveló una alta fuente del PP a 16 periodistas en una comida en Lugo durante las elecciones gallegas de un tiempo después, en febrero de 2024. Pero cuando la investidura de Feijóo fracasó, el PP se lanzó a una oposición frontal a ambas medidas. Los populares celebraron media docena de manifestaciones contra la ley de amnistía promovida por el PSOE, en las que los simpatizantes populares coreaban “¡Puigdemont, a prisión!“. Y llegaron a registrar una propuesta en el Congreso en la que planteaban la disolución de partidos que promuevan declaraciones de independencia o un referéndum ilegal que habría implicado cerrar la persiana de Junts.Ahora ha reaparecido la lógica de la conveniencia y del acercamiento. El escollo, no obstante, sigue siendo Puigdemont. Feijóo ha normalizado a Junts como interlocutor político, pero todavía no puede hacerlo con el expresident catalán si no quiere una reacción del ala dura de la derecha y del PP catalán. Al menos hasta que Puigdemont vuelva a España tras la aplicación de la ley de amnistía, pese a la gran paradoja de que la ley impulsada por el PSOE para sostener su mayoría pueda acabar facilitando que PP y Junts sumen fuerzas para desalojarlo del poder.
El viaje del PP con Puigdemont: de la confrontación absoluta a la colaboración táctica
Feijóo impulsó manifestaciones contra la ley de amnistía y ahora, en pleno cortejo a Junts, ha dado instrucciones para que no se ataque al expresident catalán









