El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, anunció el pasado fin de semana en Barcelona que su partido da por superada la política para Cataluña seguida en la última década, pero no aclaró cual va a aplicar a partir de ahora. Todo apunta a que Feijóo se mueve apremiado por la necesidad de hacer posibles acuerdos políticos con la derecha nacionalista catalana encabezada por Carles Puigdemont desde su exilio en Bélgica. Pero, aparte de la política de alianzas, ¿qué hay ahí, si es que hay algo más?A medida que se acercan las elecciones generales, la ampliación de la cortísima lista de posibles aliados parlamentarios es para el PP una necesidad cada día más imperiosa. Si no lo logra, Feijóo queda prisionero de la ultraderecha parafascista de Santiago Abascal. El anuncio fue explicado y justificado por el número dos del partido, Miguel Tellado, como una mera adecuación temporal. Según dijo, todo se reduce a que ya han pasado 10 años desde el punto álgido de la crisis catalana.Eso significa que Feijóo marca un giro, pero no una rectificación. La política para los asuntos catalanes aplicada hasta ahora es la de un anticatalanismo desacomplejado que el PP dirigido por Mariano Rajoy agudizó hasta el extremo hace ya no 10 años sino 20, cuando lanzó en toda España una tremendista campaña de agitación contra el proyecto de Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006. Desde entonces ha mantenido esa orientación, que basa en persistentes acusaciones de insolidaridad. Aquello estuvo en el origen de una profunda crisis constitucional, que todavía no se ha cerrado, y de las graves turbulencias políticas de 2017.Se trata de una política en la que el PP se ha sentido muy cómodo y que ha explotado electoralmente más allá del Ebro. Pero que ha tenido la contrapartida de encerrarle en Cataluña en el espacio social y político relativamente reducido del anticatalanismo. Le impide colaborar con la derecha nacionalista local de Junts y le encadena a la ultraderecha de Vox como único aliado posible. No es que le haga ascos a esta opción, como se ve en los gobiernos regionales de Castilla y León, Extremadura, Aragón, Andalucía, Valencia y Baleares, pero puede que le resulte insuficiente para sostener un gobierno de España.También a Junts le conviene disponer en Cataluña de un posible aliado, tras la larga aventura independentista que le convirtió en socio de la CUP y ERC. La cúpula de Junts lleva tres años esforzándose en demostrar la extraordinaria incomodidad con la que ha apoyado en las Cortes al Gobierno del PSOE y Sumar. Pero ahora, con la amnistía a punto de alcanzar a Puigdemont y las elecciones municipales y generales a la vista, ha decidido que ya basta, que es ya hora de desmarcarse del PSOE y dejar claro que su ámbito es el de las derechasSe abren unos cuantos interrogantes. No se sabe qué puede significar en la práctica “pasar página” en la relación del PP con Cataluña, y en particular con la derecha nacionalista. Por poner solo unos ejemplos de siempre de actualidad. ¿Dejará el PP de oponerse y poner zancadillas al uso de la lengua catalana en las instituciones europeas? ¿Cambiará la política contra las variantes del catalán que aplican los gobiernos regionales del PP en Aragón, Valencia y Baleares? ¿Dejarán se sabotear la reforma de la financiación autonómica? Y Junts, ¿seguirá haciéndole ascos a una moción de censura contra Sánchez si Feijóo la presenta?
Feijóo corteja a Junts para mover el tablero
Todo apunta a que el líder del PP se mueve apremiado por la necesidad de hacer posibles acuerdos políticos con la derecha nacionalista catalana










