“Y dale”, dice por lo bajini una trabajadora del PP a la tercera pregunta de los periodistas sobre la relación del partido con Junts. No es sencillo reconstruir qué tipo de diálogo mantienen las dos fuerzas en torno a una posible moción de censura en el Congeso contra Pedro Sánchez: “Pregúntenle a ellos”, se escuda Juan Fernández, nuevo secretario general del partido tras el Congreso autonómico celebrado el pasado sábado. Pero sin avances aparentes en Madrid, el partido se inspira en la antigua Convergència para ganar representación territorial en Cataluña e impulsar a Feijóo a La Moncloa en las próximas elecciones generales: “Queremos ser la Casa Gran de la Cataluña real”, esgrime Fernández. La expresión evoca a La Casa Gran del Catalanisme, el proyecto con el que Artur Mas quiso abrir el partido a sectores más amplios del clásico autonomismo pujolista para dejar atrás al tripartito en 2010. Y algo parecido pretende hacer el PP en Cataluña para garantizar la llegada de Alberto Núñez Feijóo en La Moncloa. En ERC lo llamarían ampliar la base. Nadie olvida en el PP que Cataluña fue la pieza que no encajó en el puzle electoral de las elecciones de 2023. El PSOE sacó 19 diputados frente a los 6 de los populares en la comunidad, Sánchez articuló una mayoría en el Congreso; y Feijóo quiere evitar a toda costa otro caso similar. “Cataluña tiene que ser la llave del cambio”, insitió el pasado sábado en un claro toque a rebato para movilizar a sus votantes de cara a 2027. El techo electoral de los populares son los 12 diputados que José María Aznar alcanzó en su mayoría absoluta del año 2000, y Feijóo pidió públicamente repetir aquel resultado. En un contexto de ascenso de Vox y Aliança Catalana en las encuestas, el PP pretende blindar su espacio electoral y aumentar su implementación territorial. Tocar más calle. En Génova existe la percepción de que el partido tiene margen de mejora en Cataluña y que la nueva dirección debe usar todos sus recursos para garantizar resultados. “Feijóo es muy racional: te dice que puede ser tu amigo, pero que si no le das votos no le sirves; que seguirá siendo tu amigo, pero que lo quiere son votos”, comparte un dirigente del partido. El relevo en la portavocía del Parlament, donde Lorena Roldán, la diputada más próxima a Alejandro Fernández, tomará el testigo de Juan Fernández, es interpretable como una concesión de Feijóo al presidente catalán para garantizar buenos resultados después de años de fricciones. “Salimos del Congreso más fuertes que nunca. Con unidad y reforzados”, celebra el nuevo secretario general. El discurso de la nueva dirección catalana es llamativamente ambicioso. El PP defiende estar “preparado” para “liderar Cataluña con Alejandro Fernández”, en un planteamiento que pretende recoger resultados en las próximas municipales y también en las generales de 2027. “Recorreremos Cataluña de arriba abajo. Estaremos en cada comarca y municipio. Queremos ser la alternativa para todos los catalanes que quieren dejar atrás la decadencia del procés y de Salvador Illa", insiste Fernández. La tesis de los populares es que Salvador Illa sufrirá un desgaste por su proximidad a Pedro Sánchez y sus escándalos; que Junts aún está en proceso de recomposición ideológica; y que ERC representa un procés que los catalanes, entienden, quieren dejar atrás. Y en ese proceso de crecimiento, el PP apela a ofrecer soluciones a los “problemas reales” de la ciudadanía. “Cuando los partidos aspiran a aglutinar apoyos, se habla de la casa gran. Queremos ser la Casa Gran de la Cataluña real. Es como lo que ha hecho Albiol en Badalona: poner soluciones a lo que preocupa la gente. La casa grande de los hartos del socialismo y la decadencia", remarca Fernández en su primera aparición como secretario general del PP catalán.