Desde que se consumó el broche al pacto de Castilla y León y a la espera de que encajen también las piezas en Andalucía, Feijóo y Abascal han firmado una suerte de tregua política con la vista puesta ya en la Moncloa. Es una sensación compartida en los dos partidos, que han depuesto las armas para fijar toda la atención en la "mafia del PSOE", como lo califica Vox; o la "selva de casos de corrupción" del PSOE, como lo define el líder del PP. E implica una nueva etapa en la derecha tras meses de duros ataques cruzados con un único objetivo: ser capaces esta vez de desalojar a Pedro Sánchez del Gobierno tras el intento fallido de 2023. Ambos partidos han dado un giro en sus posiciones. Hace un año, Feijóo ratificó ante el congreso nacional del PP su intención de gobernar en solitario a nivel nacional con acuerdos externos con otros partidos. Eso fue antes de que arrancase un intenso ciclo de cuatro elecciones autonómicas en que quedó claro que las mayorías absolutas ya no existen y que la derecha debe entenderse para gobernar. Hubo muchas semanas de fuerte tensión para reconfigurar una relación casi rota, pero PP y Vox cerraron tres gobiernos de coalición. El caso de Juanma Moreno "es distinto", coinciden en una y otra fuerza, pero son optimistas con el acuerdo. El líder del PP siempre había trazado una distinción entre el plano autonómico y el nacional, pero el miércoles disipó por completo esa línea en El Hormiguero. Porque fue la primera vez que verbalizó que estaba dispuesto a firmar una coalición con Abascal. "Soy un demócrata" y "aceptaré el resultado de las urnas", señaló. El jueves por la mañana insistió en el mismo mensaje durante una rueda de prensa desde Bruselas. Afirmó que peleará "hasta el último minuto" por un Ejecutivo en solitario. "Pero si cuando se abran las urnas el mandato de los españoles varía mi propuesta, daré estabilidad al Gobierno". TE PUEDE INTERESAR Dirigentes nacionales y territoriales del PP consultados cierran filas con la "claridad" con la que el jefe de la oposición se expresó en el programa de Pablo Motos, e insisten en una premisa que hace tiempo recorre a la organización popular y de la que han tomado nota en Génova: que Vox ya no da miedo, que los pactos con la ultraderecha ya no penalizan. Prueba de ello, dicen, es el resultado que ha logrado el PP en las cuatro últimas convocatorias electorales, que contraponen a los continuos golpes de un PSOE que no levanta cabeza en las urnas. Los populares perciben además un "cambio de actitud" en Vox, que ha rebajado también las críticas dirigidas a Génova —aunque sin llegar a extinguirlas del todo— e incluso ha minimizado la presión para que Feijóo presente una moción de censura. En las baronías del PP la sensación es la misma. "Están demostrando una mayor madurez política", apunta un presidente autonómico que acaba de suscribir un pacto con Vox. "Parecen mucho más conscientes de lo que implica gobernar", asevera. A nivel nacional, sin embargo, hay quien piensa que la paz no será duradera y que saltará por los aires en cuanto suenen los primeros tambores electorales. Pero hoy por hoy PP y Vox parecen haberse alineado en un objetivo común, que es apuntalar "el fin del sanchismo" ante la insostenible situación que rodea al Gobierno y a Ferraz, con casos de corrupción que se agolpan y con una presión creciente por parte de la mayoría de investidura, cada vez más incómoda con sostener a Sánchez. TE PUEDE INTERESAR Ambas partes han hecho cesiones importantes para llegar a este clima de convivencia. Génova se ha acercado a la política migratoria de los de Abascal al asumir en sus pactos autonómicos el polémico precepto de la "prioridad nacional", de la que unos y otros han hecho lecturas distintas. Pero Vox tampoco ha querido torpedear públicamente las "líneas rojas" del PP, que Feijóo enumeró durante su entrevista en El Hormiguero. Las que más pueden chirriar en Bambú son las referidas al blindaje de las políticas de igualdad y el respeto a los derechos LGTBI. Feijóo se mojó además con varios asuntos que en otros tiempos habrían provocado una reacción inmediata en el partido situado a su derecha: ratificó su defensa a la ley de plazos, de la que no tocará una sola coma, para blindar el derecho al aborto; y certificó que sólo modificará la ley de eutanasia sin llegar a tumbarla, aunque los de Abascal abogan por su completa derogación. El líder de Vox no cuestionó públicamente las palabras del líder del PP ante Pablo Motos, y hay que recordar además que los acuerdos suscritos en tres autonomías tampoco incluyen referencias a su particular batalla contra la "ideología de género" o contra las leyes LGTBI. La única crítica que Bambú exhibe en privado contra Feijóo es su tendencia a la precipitación y a repetir, según su criterio, los "errores" de 2023. Génova trabajó con unas expectativas infladas que agravaron el golpe de quedarse a cuatro escaños de gobernar. Distintos dirigentes del partido de Abascal coinciden en la idea de que hablar de posibles coaliciones o dar por hecho la llegada a Moncloa puede jugar en contra del bloque de la derecha. Piden "no vender la piel del oso antes de cazarlo" porque "no hay nada ganado" y no hay que subestimar al adversario pese a la situación de extrema debilidad en la que se encuentra el PSOE. TE PUEDE INTERESAR Como publicó El Confidencial, tanto en Génova como en Bambú coinciden en que la relación personal entre Feijóo y Abascal también se ha mejorado tras el cierre de los acuerdos autonómicos, y que incluso mantienen de manera frecuente contactos informales, sin desvelar el contenido de esas conversaciones. "Existe un respeto mutuo entre los presidentes de ambos grupos", certifican en la dirección del PP. Desde que se consumó el broche al pacto de Castilla y León y a la espera de que encajen también las piezas en Andalucía, Feijóo y Abascal han firmado una suerte de tregua política con la vista puesta ya en la Moncloa. Es una sensación compartida en los dos partidos, que han depuesto las armas para fijar toda la atención en la "mafia del PSOE", como lo califica Vox; o la "selva de casos de corrupción" del PSOE, como lo define el líder del PP. E implica una nueva etapa en la derecha tras meses de duros ataques cruzados con un único objetivo: ser capaces esta vez de desalojar a Pedro Sánchez del Gobierno tras el intento fallido de 2023.