Los populares creen que los acuerdos con la extrema derecha ya no dan miedo y los asumen como política ordinaria. La nueva estrategia debilita el compromiso de Feijóo en el congreso de julio de no gobernar con Abascal
El PP ha dejado de tratar los acuerdos con Vox como una excepción incómoda para empezar a presentarlos como una pieza normal del tablero político. El giro hacia la normalización de los acuerdos con la extrema derecha se ha hecho visible tras el resultado de las elecciones en Extremadura, donde las urnas han vuelto a situar al partido de Santiago Abascal como un socio imprescindible del PP. Tras las extremeñas, donde la derecha y la extrema derecha alcanzaron en conjunto el 60% de los votos, la dirección nacional del PP ha optado por asumir públicamente lo que hasta ahora se defendía a media voz: que con Vox se puede ―e incluso se debe− pactar.
Extremadura ha funcionado como catalizador de un debate interno que bullía hace tiempo en el PP, con el ala dura presionando para acelerarlo. La portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, una de las dirigentes de ese sector duro que venía apostando en privado por asumir sin complejos los acuerdos con Vox, fue la encargada esta semana de hacer pública la redefinición de la relación del PP con la extrema derecha. “Extremadura quiere un Gobierno de derechas”, proclamó sin medias tintas, en referencia a uno fruto del “entendimiento”, dijo, de PP y Vox. La portavoz en el Congreso subrayó que “el miedo a la derecha ya no cuela” porque en Extremadura “ha habido un Gobierno del PP en Extremadura, en algún momento ha sido un Gobierno de coalición con Vox, y el resultado es que los extremeños piden más”.






