La alianza de las derechas debería ayudar a recapacitar a los grupos a la izquierda del PSOE y a superar los enfrentamientos para mejorar sus posibilidades electorales

Por fin, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha dejado claro que llegará a los acuerdos que sean necesarios con el partido de extrema derecha Vox para poder formar gobierno y que esa oferta incluye gobiernos de coalición con Santiago Abascal. Se acabaron las dudas sobre la decisión fundament...

al. La que sigue en pie es hasta qué punto los acuerdos con Vox incluirán el núcleo duro del pensamiento extremista del partido de Abascal. Hasta qué punto la corriente que encabeza Isabel Díaz Ayuso ocupará parte del espacio político. No son buenas noticias que la señora Díaz Ayuso se suba a un escenario con el grupo racista Meconio (“soy machista, vete a la cocina y haz la comida”, cantan), ni mucho menos que Núñez Feijóo avale sin pestañear la actuación del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, que desalojó a más de 400 personas, inmigrantes, de un edificio ocupado, sin ofrecerles alternativa donde guarecerse, justo coincidiendo con unos de los temporales más fuertes del invierno.

Por el momento, está claro que Vox sigue alimentándose de un programa extremista, diseñado por instituciones trumpistas, cuyo principal objetivo es una batalla cultural en la que queden claro unos pocos principios fundamentales: fuerte oposición a la agenda progresista, defensa de valores tradicionales como el nacionalismo y oposición rotunda a la inmigración y al feminismo, entre otros. El programa de Vox, que empieza a ser oído en las voces de algunos políticos del PP, se basa en la polarización y sobre todo en la reivindicación de la identidad, como si no ser español de nacimiento implicara la pérdida de derechos sociales y políticos, por muchos requisitos legales que se cumplan y por mucho que la Constitución diga lo contrario.