Durante décadas, millones de personas vieron brillar bajo los focos a Raffaella Carrà en las televisiones de medio mundo. Pero, lejos de los escenarios, cuando las cámaras se apagaban, emergía otra Raffaella: la que tendía la mano a quienes más lo necesitaban. Esa faceta solidaria de la artista italiana, fallecida hace un lustro a los 78 años, perdurará a través de una fundación que lleva su nombre y que nace con el propósito de continuar la labor benéfica de una mujer que siempre sostuvo que la vida había sido muy generosa con ella y que sentía el deber de devolver parte de lo mucho que había recibido. Su objetivo será acompañar a jóvenes con talento, a través de proyectos culturales, educativos y de inclusión, y mantener vivo un legado que la Carrà —como se la conoce en Italia— cultivó incansablemente con discreción y lejos de los focos.Como la artista quiso, al frente de la nueva Fundación Raffaella Carrà estará su hijo adoptivo, Gian Luca Pelloni Bulzoni, de 62 años, quien era su secretario y al que adoptó cuando recibió el diagnóstico de su enfermedad para que pudiera dar continuidad a sus obras benéficas cuando ella ya no estuviera. Laura Fattore, histórica responsable de prensa de la artista, recordó en la presentación en Roma del proyecto, el pasado jueves, que Raffaella Carrà decidió afrontar en silencio los últimos meses de su enfermedad porque quería ser recordada “con una sonrisa” y no por el sufrimiento. Cuando la artista supo que padecía un grave cáncer de pulmón, comenzó a organizar su legado para asegurar la continuidad de las iniciativas que consideraba más importantes. Fue entonces cuando confió a Pelloni Bulzoni la tarea de continuar las obras solidarias. “Decía que la vida había sido muy generosa con ella y quería devolver parte de ese bien que había recibido a quienes habían tenido menos suerte”, explicó el hijo adoptivo de la artista, que pasó veinte años al lado de la cantante y presentadora, primero como su guardaespaldas y más tarde como su asistente personal y mano derecha.La decisión de adoptarlo llegó en uno de los momentos más difíciles de la vida de la diva de la televisión. Según el relato del propio Pelloni Bulzoni, todo ocurrió en la primavera de 2020, después de que los médicos diagnosticaran a Carrà la enfermedad que acabaría con su vida un año más tarde. Tras conocer la gravedad del diagnóstico, la presentadora comenzó a redactar su testamento. Días después, le llamó a su despacho y le comunicó una decisión que le dejó completamente desconcertado: quería adoptarlo para que pudiera continuar las iniciativas solidarias y culturales a las que había dedicado buena parte de su vida. “Conoces perfectamente mi rutina, mi forma de pensar y todo lo que he hecho durante estos años”, le dijo. “Tengo que pensármelo”, respondió él, conmocionado. “Vale, te doy todo el tiempo que quieras, siempre y cuando me respondas enseguida”, le planteó la artista, haciendo gala de su inconfundible humor e ironía.Él aceptó una propuesta que hoy considera una de las mayores muestras de confianza que recibió de la artista; incorporó a su apellido el de Pelloni, el de nacimiento de Raffaella Carrà, y desde entonces custodia su legado: gestiona sus derechos de imagen y autor, supervisa las autorizaciones para homenajes y producciones inspiradas en la estrella televisiva y trabaja para dar continuidad a los proyectos benéficos que ella consideraba esenciales. “Hacía muchísimas actividades benéficas, de forma anónima: ayudaba a cualquiera que estuviera en apuros y también había adoptado a muchos niños, en Perú y en Guatemala. Era muy humilde y discreta, ayudaba a los demás sin hacer ruido, no le gustaba que se supiera lo que hacía”, la recuerda.En declaraciones a los medios, entre los que se encontraba EL PAÍS, un emocionado Pelloni Bulzoni relató algunos de los episodios que marcaron su experiencia junto a Raffaella Carrà y que explican el espíritu con el que nace la fundación. Recordó, por ejemplo, un viaje a Filipinas, donde conocieron a John, un pequeño que soñaba con convertirse en médico. Cuando alcanzó la mayoría de edad y dejó de poder beneficiarse de programas de ayuda, la artista decidió seguir financiando personalmente sus estudios. “En diciembre de 2025 se convirtió en médico y nosotros seguimos ayudándole”, relató. Según explicó, estos gestos respondían a una convicción profunda de la artista: “Raffaella decía siempre que los jóvenes son piedras en bruto que pueden transformarse en diamantes”.Esa idea inspira buena parte de los proyectos anunciados por la fundación. Entre ellos figuran iniciativas para apoyar a jóvenes bailarines, otras centradas en el canto coral como herramienta de inclusión o un programa dedicado a nuevos creadores y cineastas y otro destinado a ayudar a jóvenes a descubrir y desarrollar su potencial artístico y personal. “A todos los chicos que tienen un sueño guardado en un cajón, quiero decirles que la Fundación Raffaella Carrà está aquí. Juntos podemos abrir ese cajón”, afirmó Margherita Vasselli, responsable de los proyectos artísticos de la entidad, que impulsará, además, una gran exposición internacional títulada Raffaella, coraje, estilo de vida y libertad. La muestra se inaugurará en Roma este otoño y posteriormente viajará a otros países, entre ellos España, la “segunda casa” de la Carrà.La presentación de la fundación ha sido también la primera gran aparición pública de Pelloni Bulzoni después de el pasado mes de marzo trascendiera la noticia de que la artista lo adoptó poco antes de fallecer. “Quería que alguien que conociera perfectamente su rutina, sus valores y su manera de entender las cosas pudiera seguir adelante con todo aquello en lo que creía”, señaló. Quiso también mostrar una imagen de Carrà alejada del personaje público que millones de personas conocieron en televisión. Según explicó, la artista llevaba una vida sorprendentemente discreta para alguien de su fama. Rehuía los ambientes habituales del mundo del espectáculo, apenas acudía a fiestas y prefería rodearse de un reducido círculo de amigos de confianza. Sus planes favoritos eran mucho más sencillos: “Organizar cenas en casa, compartir tiempo con las personas a las que quería y pasar la velada jugando a las cartas”, aseguró el hijo adoptivo.La fundación está capitaneada por personas del círculo más íntimo de Raffaella Carrà. En el equipo directivo figuran colaboradores históricos que la acompañaron en distintas etapas de su vida profesional y personal. Y está también su sobrino, Matteo Pelloni, que se ha mostrado en plena sintonía con Pelloni Bulzoni y ha asegurado que la decisión de la adopción fue recibida con total normalidad en la familia. “Gian Luca es la única persona capaz de cumplir los deseos de mi tía. Yo tengo mi trabajo, me dedico a otras cosas, no sabría por dónde empezar. Él, en cambio, contaba con su total confianza y cuenta con la mía. Desde la primera semana que nos conocimos fue un amor fraternal”, dijo.Cinco años después de su muerte, la huella de Raffaella Carrà, una de las figuras más queridas de la cultura popular italiana, sigue viva no solo en la memoria de varias generaciones de espectadores, sino también en los proyectos inspirados en los valores que marcaron su trayectoria. Quienes la acompañaron más de cerca han querido preservar el legado de la estrella que revolucionó la televisión italiana y española; una mujer que hizo de la solidaridad una parte esencial de su vida y que quiso que esa labor continuara cuando ella ya no estuviera.