El mercado del arte se recupera, aunque con la mayor de las cautelas. La feria Art Basel abrió este jueves sus puertas en la ciudad suiza de Basilea con la sensación de que el sector se empieza a mover, aunque lejos de la exuberancia de los años de euforia económica, allá por los tiempos prepandémicos. El contexto tampoco invita a grandes celebraciones: tensiones comerciales, una inflación al alza y una incertidumbre geopolítica que pesa sobre toda decisión de compra. En las dos jornadas previas reservadas a profesionales y coleccionistas VIP, la mayor feria de arte del mundo registró ventas millonarias, pero también una innegable inclinación hacia un menor riesgo, con menos especulación y más obras firmadas por grandes maestros. Los compradores han vuelto a la feria, con 290 galerías presentes, pero sin apuestas temerarias.En el recinto de la Messeplatz, donde el sector se reúne en cónclave hasta el domingo en pasillos de un blanco clínico donde abundan las conversaciones a media voz, las mayores transacciones confirman esa tendencia. La macrogalería Hauser & Wirth, con 17 sedes en todo el mundo —la que se prepara para abrir en Palo Alto, en California, será la 18ª—, anunció 35 obras vendidas solo en las primeras horas de la feria. Las encabezó Le peintre et son modèle dans un paysage, un óleo tardío de Picasso de 1963 vendido por cerca de 30 millones de euros. En la misma línea, la galería Gray vendió un lienzo de David Hockney, omnipresente en la feria, por unos 7,5 millones de euros. La belga Almine Rech colocó otro Picasso por unos 5,5 millones, Hauser & Wirth vendió una obra de Cy Twombly por unos 4,3 millones, y Gagosian adjudicó un lienzo de De Kooning por una cifra alta de siete dígitos. El dinero no ha desaparecido, pero circula por lugares especialmente seguros. La feria ha confirmado sobre el terreno la tendencia observada en los últimos meses. El informe de referencia que cada año publica la propia Art Basel ya había detectado en marzo un repunte modesto, pero significativo. Después de años de contracción, el mercado mundial del arte creció un 4% en 2025, hasta alcanzar unos 52.000 millones de euros anuales. Supuso la primera subida desde 2022, aunque la cifra siga por debajo de los niveles de hace una década. La mejora se explica, en buena medida, por la fuerza de ventas observada en el segmento más alto del mercado y por la reactivación de las subastas tras un año de malos resultados. La temporada de mayo en Nueva York en las tres grandes casas, Christie’s, Sotheby’s y Phillips, totalizó 2.500 millones de dólares (2.180 millones de euros), una cifra propia de los tiempos de bonanza. En los últimos meses, esas ventas han devuelto confianza al sector, aunque también han confirmado la misma concentración en los grandes nombres de la pintura moderna: Klimt, Van Gogh, Rothko, Kahlo y otros lotes de más de 10 millones son los que explican parte del alza. No es una recuperación de todo el mercado, sino más bien solo de su cúspide. Por debajo, el tejido de galerías medianas y pequeñas sigue funcionando con más esfuerzo y menos margen de error. Si en 2025 dominó una calma crispada, este año se ha percibido en la feria una confianza algo mayor, aunque siempre teñida de moderación. Los compradores regresan, pero a su ritmo. Los expositores venden, pero deben esforzarse más en cerrar cada operación. Y las apuestas por los artistas al alza, producto de la fiebre especulativa de otro tiempo, se han esfumado. En los años previos al confinamiento, en la feria triunfaron nombres que dejaban entrever un interés por otras historias del arte, como Philip Guston o Joan Mitchell, cuya obra se benefició en 2018 de varias transacciones de niveles inéditos para la pintora, de entre los seis y los 14 millones, además de fenómenos más contemporáneos como los de los afroamericanos Mark Bradford y Kerry James Marshall. Esa línea brilla por su ausencia en las ventas de la actualidad.Aun así, la directora de Art Basel, Maike Cruse, saludaba los primeros resultados en un despacho de la feria, aunque con la prudencia obligada en un mercado frágil. A su juicio, Basilea conserva una capacidad difícil de igualar: la de ofrecer una exclusividad real de las obras presentadas. “En nuestros pasillos se ven obras que no van a ninguna otra feria. A menudo nos dicen que somos un museo temporal: aquí las galerías traen sus mejores obras y también las más caras, porque en esta feria es donde encuentra el mercado adaptado para ellas”, sostenía. La nueva iniciativa Basel Exclusive refuerza esa estrategia. La feria instó a las galerías a reservar obras importantes para presentarlas por primera vez durante la preapertura VIP, en lugar de hacerlas circular antes en adelantos digitales enviados a coleccionistas, una práctica habitual para anticipar las ventas in situ. “Se trataba de subrayar que venir a Basilea es llegar a un lugar de descubrimiento y sorpresas, donde se encuentran obras únicas”, explica Cruse. La apuesta busca devolver algo de adrenalina a una feria donde muchas ventas se hacen por correo electrónico y envío de un PDF.La vuelta del arte españolLa presencia española, durante años bajo mínimos, alcanza en 2026 una representación de 10 galerías, una de ellas (Max Estrella) en la nueva cita Zero 10, una nueva sección dedicada al arte digital y a las prácticas tecnológicas. Desde la madrileña Travesía Cuatro, Silvia Ortiz e Inés López-Quesada registraron excelentes ventas desde el primer día, “con menos visitantes pero más cualificados”, y una demanda creciente por artistas como Teresa Solar y Álvaro Urbano, que adquieren una visibilidad internacional inédita. “Era difícil encontrarlos en ferias como esta, pero de repente tienen mucha demanda. Los coleccionistas llegan buscándolos”, decían a dúo.Tras el debut de la galería Prats Nogueras Blanchard el año pasado, el estreno de la madrileña Ehrhardt Flórez en esta edición subraya el interés de la feria suiza por lo que sucede en España. Su galerista, Pablo Flórez, vincula la buena acogida de su expositor, una presentación de una obra de gran formato de la escultura vasca June Crespo, con un reconocimiento más amplio a los artistas españoles nacidos en los ochenta, generación de la que también forman parte Solar y Urbano.Fuera del recinto ferial, Basel Social Club funciona como un contrapunto al espíritu comercial de la feria. La nueva edición de esta exposición anual en la ciudad suiza, titulada Office, ocupa una antigua sede de oficinas de varias plantas. Y transforma ese inmenso espacio de trabajo en el centro de la ciudad en un lugar de reflexión, a través de un sinfín de obras de arte, sobre la productividad y el descanso en el presente. La iniciativa alterna exposiciones, performances y fiestas nocturnas, con la participación de la galería barcelonesa Bombon, distinguida además con el premio a la innovación de la federación de galerías europeas. En un momento en que la feria principal parece refugiarse en lo seguro, esta muestra lateral pareció conservar algo de la libertad y la irreverencia que todavía cabe esperar del arte.