"Llenamos las presentaciones, los talleres, los vermús literarios… Hay listas de espera en los clubes de lectura. Tenemos una clientela muy amplia y vendemos bastantes libros. Somos lo que podría considerarse una librería con relativo éxito y, sin embargo, no es suficiente".PublicidadTodo depende de una hipotética subida del alquiler del local. Los números están tan ajustados que, si se produjese un aumento, las cuentas no cuadrarían."Es la gran paradoja a la que nos estamos enfrentando ahora muchas librerías", explica Pablo Cerezo, socio de Pérgamo junto a María Treviño. Con ellos también trabaja Nicole Duggan. Un negocio con un margen de beneficio del 30%, por lo que a los ingresos mensuales habría que descontar tres sueldos, todos los gastos fijos y, claro, el alquiler.Ocho de cada diez librerías madrileñas aseguran que la presión inmobiliaria pone o podría poner en riesgo la viabilidad de su negocio, según un informe del gremio, que advierte de que solo un 14,3% considera garantizada su continuidad en el local.Pablo Cerezo y sus compañeras tomaron el testigo de Lourdes Serrano, que cuando llegó su jubilación echó el cierre de la librería más antigua de Madrid, situada en la frontera norte del barrio de Salamanca. Cuatro años después, las actividades culturales no son necesarias para generar ingresos alternativos, sino que resultan "casi imprescindibles"."En todo caso, también estamos aquí por eso, porque si solo pensase en los beneficios abriría un comercio con márgenes más amplios. Un 30% es muy estrecho", asegura el socio de Pérgamo, fundada en los años cuarenta por Raúl Serrano, un catedrático republicano represaliado por el franquismo.PublicidadLas actividades son una herramienta para atraer al público y competir con Amazon y las grandes superficies, añade Cerezo. "Pero uno de los motivos del boom de los clubes de lectura es que vivimos en sociedades cada vez más rotas, donde estamos más solos y aislados, por lo que la gente necesita espacios para encontrarse, conversar y conocer a personas nuevas". Por eso los libros son tan "importantes", dice, "porque detonan conversaciones y encuentros"."Lo que pasa es que, aun así, no es suficiente porque nuestros márgenes nunca van a poder competir con los de un café de especialidad o de una tienda de souvenirs. Vivimos en un capitalismo depredador y en un sistema que está vaciando las ciudades de los espacios que les dan forma e identidad, sin que las administraciones apuesten por medidas públicas concretas que preserven o ayuden a mejorar esa identidad", lamenta Cerezo.Además, insiste, "el precio del suelo está por las nubes y vivimos en ciudades con una crisis inmobiliaria descomunal, lo que provoca que los barrios se vayan vaciando poco a poco de vecinos y llenando de turistas, que no suelen comprar libros".PublicidadEse es uno de los motivos que provocaron el cierre de Tipos Infames, según sus dueños. La subida de los alquileres también se llevó por delante El Movimiento del Caracol, en Alcobendas, lo que evidencia que no solo es un problema de los barrios gentrificados y turistificados. El informe de la Asociación de Librerías de Madrid señala que un 41% percibe un riesgo inmobiliario alto o muy alto en los próximos dos años."La situación afecta a toda la Comunidad de Madrid. Más allá de la capital, vemos que en otras poblaciones también han subido las rentas y las alternativas para cambiar de ubicación se reducen, porque los precios de los nuevos locales son muy altos", se queja Luis M. Tigeras, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid, quien señala que la incertidumbre y la falta de capacidad económica impiden que algunos negocios amplíen su establecimiento, mantengan su programación cultural o contraten a más empleados. "Es más, conozco a dueños que no cobran más de 1.200 o 1.300 euros netos al mes".Tigeras, encargado también de la librería Dykinson, calcula que un 30 o 40% de los ingresos de los negocios se destinan a pagar el alquiler. Cerezo estima que su porcentaje es del 35%, aunque "en otros casos aumenta considerablemente, por lo que, si nosotros vamos muy apurados, no quiero imaginarme su situación".No extraña que el gremio espere la Feria del Libro de Madrid como agua de mayo.Carga de trabajo y relevo generacionalLa Asociación de Librerías de Madrid ha pedido al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid ayudas directas al alquiler, un IBI cultural o la congelación de los alquileres. "Por ahora solo hemos obtenido buenas intenciones", afirma Luis M. Tigeras, quien señala que la baja rentabilidad, la falta de viabilidad y los precios de los alquileres provocan la ausencia de relevo generacional. "Un negocio próspero y bien gestionado puede irse al traste si te duplican el alquiler. De ahí que la incertidumbre y la vulnerabilidad de este negocio te hacen plantearte el futuro".La supervivencia también depende de una sobrecarga de trabajo, lo que provoca un desgaste y dificulta la sostenibilidad a largo plazo por el agotamiento y el cansancio. Pablo Cerezo asegura que ha trabajado sin parar los 17 días de la Feria del Libro. "La única manera de que Pérgamo sea sostenible a corto plazo es desviviéndonos por el proyecto. Tienes que currar tanto que, a los pocos años, acabas quemado".PublicidadCuando, por uno u otro motivo, una librería cierra, "los vecinos se quedan huérfanos de un espacio de encuentro y de comunidad". También se pierde "una memoria colectiva", la de un fondo editorial que se ha ido conformando a partir de las conversaciones y las recomendaciones de los clientes. "Esto es como un bosque", concluye el responsable de Pérgamo. "Y si el bosque se quema —o sea, si el proyecto se acaba—, aunque abra otra librería va a tardar mucho en construir un fondo, una comunidad y una personalidad".Todo depende de una hipotética subida del alquiler, se lamenta Pablo Cerezo: "Apostar a largo plazo por este proyecto sabiendo que la última decisión nunca será tuya del todo es frustrante".